La idea de José Obdulio, “hay que neutralizar a la oposición”

Por: Juan Bonilla

Las pasadas elecciones han dado y darán mucho de qué hablar en el futuro de nuestro país. Por una parte, vimos el resurgir, cada vez más fuerte y decidido de las fuerzas alternativas colombianas manifestando abiertamente su voluntad de cambio político por medio de tres espectaculares campañas, de líderes experimentados, las cuales tuvieron las llaves de la Casa de Nariño en las manos, pero las perdieron por arrogancia y egos personales. Aun así, los ocho millones de votos por Gustavo Petro serán un referente de aquí a la eternidad ya que, pese al más que probado fraude, la izquierda logró mostrarse como una alternativa viable y seria de poder en Colombia.

Por otra parte, la alianza en la segunda ronda de las elecciones de todos los sectores políticos tradicionales alrededor de Álvaro Uribe es un hecho al menos vergonzoso. Todos recordamos los debates realizados por senadores como Roy Barreras y Armando Benedetti en favor del acuerdo de paz de la Habana, la resistencia de más de 16 años del liberalismo para no dejarse absorber por los movimientos uribistas, las posturas “progresistas” sostenidas por senadores conservadores como David Barguil y Efraín Cepeda que incluso iban en contravía de las posturas del Centro Democrático… y en fin, no vale mucho la pena nombrar todo; si una lección nos dio la segunda ronda de las elecciones es que ellos son los dueños del país, y cuando alguien de fuera de su círculo se levanta para cuestionarlo todos cierran filas para proteger sus privilegios de clase (leer el Golpe de Melo de 1854).

Tener cualquier esperanza en que fueran estas elites tradicionales las que defendieran el proyecto de una Colombia democrática era algo ingenuo.

Balance

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

A casi mes y medio de la primera vuelta presidencial y tres semanas después de la segunda vuelta, ad portas de la posesión del “nuevo” Congreso (con excepción de algunas listas alternativas) y de la toma de juramento del nuevo “presidente” de la republica Iván Duque, es el momento de hacer un balance, aunque sea a medias, de lo que fue, de lo que pudo ser y de lo que será el país político en los próximos 4 años.

Esta campaña política ha sido, quizá, la más importante de este inicio de Siglo XXI en los 18 años que ya lleva y, por lo tanto, al ser la más importante, es por demás la más compleja y difícil de comprender, de analizar y de balancear en el espectro político actual colombiano. Por eso, si les pareciere algo extenso este balance, me excuso por mi incapacidad para la síntesis…

1. LIBRO DE PÉRDIDAS

En primera instancia, esta carrera por la presidencia dejó un nuevo panorama político, pues los partidos hegemónicos –Liberal y Conservador– terminaron absorbidos por esa máquina política esponjosa llamada Centro Democrático, en el que cabe todo aquel que carezca de principios éticos e ideológicos, que se suscriba a una ideología del retroceso, del despojo, del desplazamiento forzado, el tape tape, la locura de la ambición por el botín estatal, el racismo desmedido, el desprestigio a la diferencia, el asesinato de los líderes sociales, el silencio cómplice ante la barbarie, todo aquel que apoya a los congresistas que pasaron por la universidad en carro, porque no entraron, o compraron el diploma (a veces me pregunto si el título en Derecho y Filosofía, dado a Paloma Valencia por la Universidad de los Andes, no debería ponernos a pensar en la “calidad” de la educación que ofrece esa alma mater) y la indolencia ante la desigualdad social. Me niego a creer que el Centro Democrático en verdad sea lo que nos represente como sociedad, así más de 10 millones de personas hayan dado su voto a esta colectividad.

Gustavo Petro, la disolución de la izquierda.

Por: Mauricio Vargas González.

Ha nacido en Colombia una alternativa de Poder y esta no es producto de “La Razón” escolástica de las distintas líneas e itsmos de las tradiciones revolucionarias del siglo XX. Gustavo Petro y el programa de la Colombia Humana constituye el nuevo referente del cambio social, un proyecto de nación con serias probabilidades de conquistar el Palacio de Nariño en el 2022. Las elecciones locales del 2019 serán los pilares, los cimientos del nuevo régimen democrático en gestación. Hay que asumir la Consulta Anticorrupción como la campaña preparatoria para el próximo año.

‘El bienvenidos al futuro’ del mercader ex presidente Cesar Gaviria, además de entregar el país al capital foráneo tenía como uno de sus supuestos propósitos ‘modernizar’ la politiquería y el clientelismo remplazándolo por la meritocracia, la tecnocracia y la planificación de expertos desde Santa Fé de Bogotá. No funcionó, hoy la corrupción y la intermediación ‘votos-gobernabilidad-prebendas’ goza de plena salud.

Así mismo nació una nueva Constitución, al calor de los intereses imperialistas de Estados Unidos, de las bombas de Pablo Escobar y el acumulado de luchas de los movimientos sociales y políticos alternativos de todo el siglo XX. La Alianza Democrática m19 de exguerrilleros fueron mayoría en la Constituyente. Se logró plasmar un recetario de derechos fundamentales y todo tipo de garantías de participación política y ciudadana. Fue la génesis del momento populista, donde emergía una fuerza nueva, progresista y demócrata capaz de disputarle en la práctica el dominio a las fuerzas del status-quo. De aquel impulso se derivaron las administraciones de Navarro Wolf en Nariño, de Petro en Bogotá, de Iván Ospina en Cali, entre otros.

Entre la barbarie y la democratización es imperativo tomar partido por la segunda opción

Por: Esteban Morales E
Historiador

Estamos en un momento histórico, no hay ninguna duda. Por primera ocasión en nuestra atormentada historia político-social post Frente Nacional, un candidato con ideas de izquierda (democrática) tiene grandes posibilidades de obtener la victoria en las justas electorales del domingo próximo. Por lo anterior, el voto en blanco es totalmente injustificable para los sectores democráticos, de izquierda, nacionalistas y hasta de centro (es mejor un gobierno plural que permita la oposición y reivindique lo democrático, a uno autocrático y reaccionario evidentemente…). En resumidas cuentas, Petro no es igual a Duque, por lo que la opción de no elegir es vacua. Si la segunda vuelta fuera entre Vargas Lleras y Duque (autómata dirigido por el mesías del Centro Democrático, que no es ni centro, ni democrático), el voto en blanco cobraría sentido, porque en dicha coyuntura hipotética, entre dos candidatos similares, la neutralidad sería opción, ya que por A o por B las cosas desembocarían en el mismo desastre político de los últimos gobiernos, y existiría una posibilidad viable de no comprometerse con dos candidatos igualmente perversos para toda iniciativa democrática-reivindicativa, y que representan claramente el continuismo oligárquico y el clientelismo en su mayor nitidez. Lo que algunos no han comprendido es que Petro está en las antípodas de Duque, y que un triunfo del segundo puede ser un desastre de tamaño colosal para los que no pensamos igual al ventrílocuo, defensor de la constitución decimonónica creada por la dupla de Miguel A. Caro y Rafael Núñez (1885).

Corteros del Valle denuncian constreñimiento soterrado que impediría su derecho al voto

Por: Teresa Consuelo Cardona

Cerca de 800 corteros de caña, que ejercen en los ingenios del sur del Valle y norte del Cauca, denunciaron que mediante manipulación en la asignación de trabajos a los contratistas, los ingenios impiden el libre ejercicio del voto.

La situación se presenta especialmente en los municipios de Pradera, Florida, Candelaria y Puerto Tejada, en los que la principal fuente de ingreso de los obreros es el corte de la caña, que se realiza previa asignación de los lotes por parte de los patronos. Así, el cortero depende completamente del tajo que le sea asignado cada día, el cual puede tener entre una y cinco hectáreas. Según manifiestan los corteros, cuando la caña es buena, es decir, pesada, un trabajador puede cortar unas 4 o 5 toneladas en un día, con lo que obtiene un pago de $9.600 por cada una, algo así como $40.000 en un día. Pero si la caña es poca, o liviana, el pago puede descender drásticamente y en ocasiones obtener tan solo la retribución por una tonelada o menos.

Así mismo, los corteros afirman que el corte no es igual en todos los casos, ya que cuando la caña está quemada rinde el trabajo haciéndolo en poco tiempo. Pero cuando es limpia, es decir, los tallos que no han sido quemados deben entregarse sin nada de follaje, es un corte lento que aunque se paga a mejor precio, no compensa.

Según denuncian los corteros, los patronos han asignado tajaos para corte, muy livianos y muy pequeños en los días previos a las elecciones y dejan el mejor tajo reservado para el domingo electoral, por lo que los trabajadores se ven obligados a ir al corte en lugar de ejercer su derecho político de elegir. No existe una prohibición expresa, pero la manipulación hace que los 800 obreros tengan que elegir entre votar o ganar el sustento de sus familias.

El MOIR Y LA RAZÓN VERDADERA PARA NO VOTAR POR PETRO

Por: JAIME VARGAS RAMÍREZ
Junio11 de 2018

El Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (Moir), liderado por el Senador Jorge Robledo y el comentarista de radio Aurelio Suárez, ha decidido en la actual coyuntura electoral votar en blanco, a diferencia del resto de organizaciones llamadas de izquierda o de centro izquierda que, por primera vez en la historia de Colombia, compiten con gran posibilidad de triunfo, voto a voto, por la presidencia de la República contra todas las expresiones de la derecha, lideradas por el Senador Álvaro Uribe y el candidato Iván Duque.

En primer lugar, aclarar que este grupo nacido a principios de los años 70, se autodenomina un partido marxista leninista, pensamiento Mao Tse-tung y dentro de su programa tiene consignado como objetivo inmediato la “revolución de nueva democracia”, algo parecido a las alianzas de Mao con otros sectores de la China de ese entonces, pero liderado por el partido comunista. El Moir, como casi todos los demás sectores de la izquierda marxista nacidos por esa época, se considera la vanguardia de la revolución colombiana.

Dicho lo anterior, miremos entonces porqué ahora que se presenta la oportunidad de colocar en el solio de Bolívar un representante de la izquierda, por primera vez en la historia, el Moir se niega a votar por Petro. En primer lugar, porque Petro jamás se ha declarado marxista leninista, lo que lo hace un izquierdista poco fiable a los ojos de los “verdaderos revolucionarios” del Moir. Por otro lado la constitución del 91 jamas ha sido de el agrado de esa agrupación, tanto, que fue la única que no participó de tal convocatoria.

Gustavo Petro el candidato de la Constitución de 1991.

Por: Mauricio Vargas González

Gustavo Petro es el candidato de la Constitución de 1991, una carta de derechos, libertades y garantías, escrita a varias manos por las distintas expresiones políticas de este país, emanada directamente de la voluntad ciudadana.

Es el único candidato que recoge la tradición democrática y republicana de toda la historia de Colombia. Reivindica a Rafael Uribe Uribe como un luchador contra el autoritarismo de la Constitución de 1886, a Alfonso López Pumarejo como un constructor del Estado de Bienestar y a Jorge Eliecer Gaitán como batallador de la justicia social.

No parte de modelos foráneos de derecha o de izquierda, se basa en nuestras propias raíces como nación, en nuestras vicisitudes, contradicciones y esperanzas desde que el sabio José Celestino Mutis emprendió la Expedición Botánica junto a los universitarios, donde el estudio de la naturaleza desembocó en una nueva forma de ver el mundo, de nuestra relación con el medio ambiente, de las ciencias naturales cuyo objeto de estudio representa aquel misterio infinito e insondable en el cual el hombre queda absorto y por tanto excitado a descubrir cada uno de sus resquicios, hasta las relaciones entre los mismos hombres, que deben basarse en la plena igualdad de derechos y deberes, sobre los cuales no hay derecho divino, ni jerarquías basadas en la autoridad más que en las leyes.

Sus propuestas no se salen del marco de lo que define los principios de la Constitución de 1991, el cumplimiento del Estado Social de Derecho: prosperidad general, participación ciudadana en las decisiones políticas, la convivencia pacífica, el orden justo basado en las normas, la garantía de los derechos fundamentales como la salud, el trabajo y la educación.

Ángela María Robledo, la futura vicepresidente, estuvo en Medellín.

Por: Mauricio Vargas González.

Ángela María Robledo, exparlamentaria, expresidenta de la comisión de Paz durante 8 años en la Cámara y actual fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro estuvo en la Universidad de Antioquia en un evento académico intercambiando ideas con la comunidad universitaria.

Ante la despolitización de la vida producto del consumismo y el mercado, es la Universidad un espacio eminentemente político determinado a abrir el debate público en la sociedad y ejercer una voz crítica frente a los gobiernos y a la autoridad.

La Robledo que el país necesita denunció como en el gobierno dictatorial de Uribe la comisión de Paz nunca se reunió. Así mismo propuso al auditorio dedicar un minuto de silencio ante el asesinato de los 4 líderes sociales en Ituango, ante el silencio pasmoso de los medios de comunicación, “que la Paz no nos cueste la vida” manifestó. Así mismo en una categórica defensa de la Paz y de los Acuerdos afirmó que 4000 vidas fueron salvadas gracias al respaldo de los colombianos al cese de la violencia. Acompañó a las víctimas del departamento de Antioquia para que sus reivindicaciones fueran llevadas a la Habana durante los diálogos en aras de proteger sus derechos.

Recalcó que recuerda a Petro inicialmente por sus valerosos debates sobre la parapolítica. Lo evoca durante su ejercicio como Alcalde de Bogotá ante el acoso institucional, especialmente el ejercido por Alejandro Ordoñez como Procurador ese momento.

Jorge Eliecer Gaitán reactivado y reactualizado, 1948-2018.

Por: Esteban Morales
Historiador

El pasado 9 de abril de 2018 se conmemoraron 70 años del lamentable y aun irresuelto magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán (1898-1948), uno de los más importantes líderes políticos de nuestra historia y uno de los oradores más electrizantes que ha tenido Colombia, cuando los políticos sabían pronunciar discursos, además de robar y dormir en las plenarias como algunos ineptos lo hacen hoy. Gaitán hace parte, junto a Rafael Uribe (1859-1914), de un binomio o una trayectoria, que constituye una tendencia histórica que debe ser reactivada y estudiada por una razón fundamental: estructuralmente nuestro país sigue teniendo graves problemas socioeconómicos que no se han resuelto y cuyas consecuencias lo continúan atormentando hoy como ayer, siendo imprescindible cortar ese lastre desastroso y perjudicial, que es como una pesadilla circular y reiterativa. Y es que en “la democracia más estable de América Latina” la transformación social entre otras cosas, es inviable, imposible e inconcebible. La “gente bien” tiene las prerrogativas de la democracia y las “mayorías” deben mirar al piso porque su protesta es subversiva, ilegitima y levantisca. Y si se expresa la voluntad de cambiar ese estado irracional de cosas, se nos acusa de “odio de clases”, cuando está demostrado por tres décadas de una bochornosa y apresurada Apertura Económica, y de gobiernos que buscan “la inversión extranjera” y el establecimiento de reformas fiscales no progresivas, que lo que se necesitan son cambios estructurales, no paños tibios y medias tintas, que alborotan el polvo si mover nada. Y no hablamos de una revolución comunista, algo anacrónico a todas luces, hablamos de unos cambios democráticos, de aplicar la constitución del 91, de construir un país menos desigual y consolidar el postconflicto.

Pero la reactivación de Gaitán, no se trata solamente de agasajos y conmemoraciones vacuas. Es ante todo desde su parábola vital, desde sus propias contradicciones y desde sus escritos que debemos partir si queremos navegar en su legado y conectarlo con el presente, 70 años después de su vil asesinato y el de muchos compatriotas en medio de la violencia política liberal-conservadora que desde los años 30 se venía presentando, pero que tuvo en la fatídica fecha del 9 de abril un acelerador innegable y unas consecuencias desastrosas para el país.

Las elecciones del 27 de mayo: ¿Un 9 de abril, un 19 de abril o un 5 de marzo?

Por: Edmundo Zárate.

En menos de dos meses se llevará a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, en medio de un escenario que, sin exageraciones, pocas veces se ha visto en nuestra historia republicana.

Lo que diferencia el momento es la conjunción de hechos que rara vez se conjugan: De una parte, las elecciones de este 27 de mayo ocurren en las postrimerías de una de las etapas de violencia más feroces hasta hoy vividas, situación apenas comparable a la de 1885, o luego de la Guerra de los Mil Días (1899-1902) o el primer gobierno del Frente Nacional en 1958.

Otro hecho singular en las actuales elecciones es la fuerte y evidente división entre los sectores de la derecha como no se había visto, quizá, desde 1929, año este en el que el partido Conservador presentó dos candidatos y el Liberal uno. Los liberales llevaban casi 50 años sin poner presidente en Colombia y lo lograron en 1930 con la división conservadora, por un estrecho margen sumando las votaciones totales de cada partido.

Un tercer acontecimientos atípico hoy es el ascenso de una figura antiestablecimiento de fuerte arraigo y raigambre popular, la de Gustavo Petro, como no ocurría desde los años de Jorge Eliecer Gaitán.

Este propicio escenario para la materialización electoral de algunas de las expectativas largamente acariciadas por las clases y sectores oprimidos y empobrecidos, puede desembocar en unas cuantas opciones.

EL ANODINO CENTRO POLÍTICO

Por: JAIME VARGAS RAMÍREZ
2 de abril de 2018

Fajardo y De la Calle se reunieron para hablar de la posibilidad de una alianza a destiempo, luego de que cada uno resolviera, de manera diferente, habilitar su candidatura. De la Calle se sometió a las reglas del partido liberal y participó en una consulta que, por la baja votación obtenida, representó más bien un traspiés para a sus aspiraciones. Fajardo se encontró con una invitación de Claudia López y Antonio Navarro para reunirse con Robledo, con el propósito de iniciar un proceso de unidad supuestamente con todas las fuerzas progresistas y democráticas del país, pero echando mano de las encuestas, doblegó a sus contrincantes quienes adhirieron a su candidatura.

El candidato del partido liberal no ha podido despegar, mientras que el candidato de la Coalición Colombia -que tuvo un buen arranque, pues parecía que sería capaz de reunir los diversos sectores que apoyaron la paz- cerró desde un principio la posibilidad de una gran convergencia nacional y aunque las encuestas lo favorecieron por algunas semanas, hoy va cuesta abajo. La consulta del 11 de marzo catapultó tanto a la derecha como a la izquierda y posicionó con fuerza a sus dos representantes. A la luz de los acontecimientos, el anodino centro político, tan apetecido, tan manoseado, parece desfallecer por su falta de carácter e indefinición. De la Calle, con el respaldo de un partido desprestigiado y dividido, no tiene ya ninguna posibilidad de triunfo y huele que los parlamentarios liberales en su mayoría abandonarán el barco para subirse al de Duque, o al de Vargas Lleras. Por eso su tintiada con Fajardo.

Fajardo por su lado no se baja de su pedestal. No quiso consulta con Robledo ni con Claudia López, pues iba arriba en las encuestas. Ahora que no le favorecen, tampoco la hará con nadie, dice que quedan ochenta kilómetros de subida y en ese tramo puede alcanzar a Petro el tóxico, como lo llaman sus amigos. El centro es él, no son las disímiles fuerzas que están por las paz y el progreso con las que podría aliarse para enfrentar a la derecha, que tiende a consolidarse con más facilidad y pragmatismo.

P a t a s a g r i a s

Por: Arturo Neira Gómez **

I

Al cierre de una conversación familiar sobre “Un jinete”, cuento en el cual nos sentimos involucrados e identificados, Juan José recordó haber escrito en clase de preceptiva literaria del colegio Virrey Solís de Bogotá en 1955, un relato corto sobre uno de los caballos de su infancia; texto leído por el profesor de esa asignatura, el mismo año, en un acto solemne de la institución.

- Desafortunadamente – nos dice -, no tuve la precaución de reclamar el manuscrito y perdí los borradores que le dieron origen.

- El contexto de la narración – continúa –, corresponde a tres o cuatro años antes de ser escrito, por ahí 1951 ó 1952, cuando tenía 8 ó 9 años; estudiaba primaria en el Colegio Departamental Carlos Giraldo de Anolaima y vivíamos en el campo.

- El caballo se llamaba “Castañito”, pero - aclara -, sólo para efecto de impacto narrativo, le di el nombre sonoro y hasta chistoso de “Patasagrias”, otro de los caballos de la finca.

Patas-agrias, como quien dice bravas, ácidas, peligrosas. El apelativo obedecía al color de sus cascos, desabrido, parecido al de las naranjas grey o toronjas. Así en realidad era este animal, muy distinto a “Castañito”. Pero, mejor corrijo algo, borro el calificativo “peligroso” que acabo de utilizar; antes por el contrario, era manso en exceso y, si se hubiere tratado de un ser humano, diría, estoico, por tener que soportar en tiempos de cosecha, cargas de fruta o café de 8 ó 10 arrobas. Mientras “Castañito” era de silla, elegante, consentido y, para nosotros, purasangre árabe de carreras, el otro, “Patasagrias”, era de enjalma, sin ningún pedigrí, criollísimo, un mocho ordinario. En tanto aquel terminó su existencia jubilado, a sus anchas, aliviado de todo trabajo, el otro, el mocho, fue sacrificado al sufrir la fractura de una de sus patas cuando se enredó y cayó al cruzar la carrilera en la estación del tren de Cachipay.

Petro es sinónimo de cambio social y esperanza política…

Por: Esteban Morales
Historiador

Gustavo Petro, con todas sus particularidades (negativas y positivas), representa algo central en la coyuntura política actual: el cambio, y aunque puede ser traumático o impredecible, es cambio, al fin y al cabo, palabra poco conocida en la historia política colombiana, pero que tiene una importancia central en sí misma. Es precisamente eso lo significativo de Petro, que en el fondo representa la única propuesta que busca un cambio real o estructural, por llamarlo de otra forma. Ese cuento de que la oposición debe estar haciendo control a los de siempre, mientras abusan y desfalcan, roban y desinforman, no es cuerdo ni verídico; la oposición también puede alternar en el poder, cambiar y hacer las cosas mejor. Gustavo Petro representa esa oposición, oposición a las mismas prácticas de siempre, a esos que hacen doctorados rimbombantes (cuando los hacen en realidad) y luego vuelven al país a ocupar un puesto digno de sus antepasados, a esos que nunca han tenido contacto con lo popular y cuando lo hacen manifiestan un desprecio y una simulación imposible de disimular, a esos que administran el país por herencia y por apellido, a esos que llaman indio, negro, provinciano o plebeyo al compatriota, a esos que quieren gobernar al país como lo hacían sus antepasados hace medio siglo.

A eso se opone Petro y eso encarna su discurso, su trayectoria política, su forma de ver los procesos y sus reivindicaciones, razones valiosas en sí mismas. ¿Odio de clases? No señor Duque, es justicia de clases, equidad y oportunidades en un país que debe renovar las bases de la democracia real y visible. Ese cuento de hadas de que todos progresamos juntos sin cambios de verdad, es un atropello a la realidad. Toca chutar la pelota, posponer las transformaciones y variaciones, dejarlas para luego, el pobre debe esperar siempre, acusado de su misma miseria. Lo malo de esa espera, es que la clase política lo hace desde un crucero o desde una hacienda, mientras el hombre de a pie lo hace con añoranzas, necesidades y padecimientos. Son las gentes comunes las que deben dejar el miedo y propiciar el cambio, porque no son rebaños, son sujetos activos, son ciudadanos con capacidad de dirigir.

Las amenazas, reales e imaginadas, de la elección en México

México y Colombia eligen próximamente presidente de la república. En ambos países la derecha está desatando una campaña de miedo dirigida a destruir la imagen de los aspirantes demócratas, Andrés Manuel López Obrador y Gustavo Petro, respectivamente. Nota de los Editores.

Por: Mark Weisbrot

En menos de cinco meses, México celebrará unas elecciones presidenciales que han sido mayoritariamente descritas por los comentaristas de los medios de comunicación estadounidenses e internacionales como una empresa peligrosa. Para algunos, es parte de una “tormenta perfecta” que podría sembrar el caos en la economía (junto con la reforma tributaria de Trump y las amenazas al TLCAN); para la prensa económica, la inversión extranjera está amenazada, especialmente en la industria petrolera, que ha conocido una apertura sin precedentes a esta inversión desde 2013; y para otros observadores, supone una amenaza a la “seguridad”, esto es, a la política exterior, de los Estados Unidos.

El problema, según los expertos y la administración de Trump, es que el candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador (conocido por sus iniciales, AMLO) mantiene una ventaja considerable en las encuestas electorales, y podría llegar a ser el próximo presidente de México. Pero ¿es esto realmente la amenaza que se nos hace creer?

Aunque López Obrador ha movido hacia el centro en su campaña, el partido Morena de AMLO tiene una base de izquierdas que se parece a algunos movimientos y gobiernos a los que se ha opuesto Washington desde que empezó a expandirse por América Latina a principios del siglo XXI. López Obrador fue un Jefe de Gobierno popular del Distrito Federal entre 2000 y 2005; se presentó a presidente en 2006 y 2012, como candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), un partido de centro-izquierda. Cuando López Obrador formó Morena en 2014, se llevó una gran parte del apoyo del PRD. El propósito declarado de Morena era formar una alternativa a los partidos políticos existentes a fin de reformar no solo la gobernanza de México, sino también su política económica. El objetivo era mover la economía de México hacia un modelo más desarrollista — de mercados internos más robustos a través de la política industrial y la inversión y planeación pública — y proporcionar más de un estado de bienestar y llevar a México en una dirección más social-democrática.

La Bogotá Humana de Gustavo Petro en cifras:

Por: Mauricio Vargas González.

Mucho se ha especulado, desde los medios de comunicación y las cadenas de redes sociales sobre la administración de Gustavo Petro en Bogotá, me limitaré simplemente a recolectar unas cifras para que juzguen por ustedes mismos:

Bogotá es la ciudad más importante de Colombia con una población de más de 8 millones de habitantes, que aporta el 25% del PIB industrial, más del 50% del PIB financiero (1).

Durante su gobierno no solo creció el PIB en su primer año de gestión (4,1 en 2012) (1) sino que tuvo la menor tasa de desempleo del país. Petro encontró en la Capital una tasa de desempleo de 9.8 en su primer año de mandato, y logró reducirla a un 8.8 y para 2014 la población ocupada fue de un 65%(2) más alta que las principales 13 áreas metropolitanas del país. (3)

La administración de Petro logró tan solo en 3 meses (Nov 2013 a Ene 2014) generar 108.000 nuevos puestos de trabajo. Si esto es mala administración, entonces estamos viviendo en otra realidad o delirando.(4)

En 2013, apenas con un año de administrar la ciudad, Petro logró situar a Bogotá de primera en el Índice Departamental de Competitividad 2013 (que mide: salud, educación, mercados, diversificación y dinámica empresarial) (5)

En cuanto a la construcción, Bogotá desde 2011 ya venía pasando por un ciclo de decrecimiento, peor aún, se logró que la construcción de edificaciones creciera 8,3%. (6)

Entre 2011 y 2013 la pobreza bajó 2,9 puntos, pasó del 13,1 al 10,2, un descenso de estos dígitos no se experimentó en ninguna otra alcaldía del país en el mismo periodo.(7)

El presupuesto para el año 2015 fue de 17,3 billones de pesos, asignado de la siguiente manera: Educación con 3,5 billones de pesos, salud con 2,2 billones de pesos, Integración Social con 1,2 billones de pesos, Hábitat con 0,7 billones de pesos, Cultura, recreación y deporte con 0,5 billones de pesos y la gestión habitual de las entidades que conforman el sector de Movilidad se financiarán con 1,4 billones de pesos. (8)

PETRO, UN RETO PARA LA IZQUIERDA Y PARA LA DERECHA

Por: Jaime Vargas Ramírez

Marzo 5 de 2018

Quién iba a pensar, unos meses atrás, que Gustavo Petro estuviera liderando las encuestas a la presidencia. Sobre todo, después de salir magullado pero indemne, de la alcaldía de Bogotá. El intento de revocatoria por parte del nieto de Laureano Gómez, el envión fallido del fanático Ordóñez para expulsarlo de la alcaldía e inhabilitarlo 15 años, las multas fantásticas impuestas por un Contralor de bolsillo del candidato a la presidencia del tristemente célebre Cambio Radical, la rabiosa oposición del Moir y la turbia embestida de la gran prensa, cuyos propietarios son los verdaderos dueños del poder, en vez de achicopalarlo, lo crecieron y lo catapultaron ante la opinión.

Pero no se trata solo de la feroz oposición que ha tenido Petro a lo largo de su carrera política y, en especial, en su administración de la Capital lo que le ha granjeado amores y odios, sino su capacidad de interpretar las ilusiones de una ciudadanía que por años ha sido victima de malos gobiernos. Oposición que en general se fabrica con base en falacias creadas por algunos columnistas y periodistas fletados por el gran capital y, que al final, se les devuelve en contra, en forma de más y más simpatizantes de quien es objeto de matoneo permanente por radio, televisión y redes sociales. Exguerrillero, castrochavista, comunista, populista, etc.

Últimamente diversos periodistas se inventaron un “genial” argumento que machacan insistentemente y con el que tratan, inútilmente, de explicarse su ascenso en las encuestas: que Petro se sabe victimizar muy bien… ¡hágame el favor! Suena muy parecido a cuando en la época del estatuto de seguridad, Turbay Ayala decía que los detenidos políticos se auto torturaban. Ahora, ante la evidencia del atentado en Cúcuta, le echan la culpa al candidato porque polariza mucho.

El populismo y el olvido de Héctor Abad

Por: JAIME VARGAS RAMÍREZ
Febrero 26 de 2018

Populismo es una palabra que en la actualidad se emplea de forma peyorativa, para descalificar o insultar a un oponente político. En Colombia se puso de moda en esta campaña a la presidencia y, en general, se está utilizando contra Gustavo Petro desde diversas orillas. Cada cual tiene su versión de la popular palabra; unos quieren indicar demagogia, otros lo asemejan a irresponsabilidad en las propuestas y, en cierta forma, el término está remplazando viejos insultos y descalificaciones utilizados en la historia política en Colombia, como comunista, izquierdista, marxista. Incluso sirve para generalizar o englobar, tanto el “castro-chavismo”, como el “socialismo del siglo 21”. En general, los medios de comunicación, políticos y empresarios, asocian la palabra con algo negativo.

Pero la ambigüedad del término es tal, que líderes latinoamericanos como como Getulio Vargas en Brasil, Juan Domingo Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México o Juan Jacobo Árbenz en Guatemala, han sido catalogados de populistas. Y más recientemente, los gobernantes de izquierda democrática como Evo Morales, Chávez, Correa, los Kirchner, Lula, también se ganaron el mote en cuestión.

En Roma, en el período de la República, algunos líderes que se opusieron a la tradicional aristocracia y que pugnaban por mejor distribución de la tierra y por una mayor participación democrática, fueron tildados de populistas y combatidos por los optimates, representantes de la nobleza. En la Rusia de las décadas de 1860 y 1870 se conoció el movimiento de los Naródniki, populistas, quienes pregonaban un socialismo agrario sin la dirección de los obreros.

CULTURA VIVA PARA LA PAZ Manifiesto de YEZID GARCÍA: Por el derecho a la recreación, la creación, las tradiciones y el patrimonio.

Por: Yezid García Abello

PONGO A CONSIDERACIÓN DEL SECTOR CULTURA, RECREACIÓN Y DEPORTE ESTE DOCUMENTO QUE RECOGE MIS COMPROMISOS Y PROPUESTAS QUE LLEVARÉ AL SENADO DE LA REPÚBLICA.

El sector cultura, recreación y deporte es de alguna manera la cenicienta de las políticas públicas en la nación: Del 100% del Presupuesto General de la Nación tan solo el 0,2% es invertido en este sector. No se entiende, ni se quiere entender, que la garantía de los derechos culturales es la manera más acertada para transformar la sociedad, promoviendo la defensa de los intereses de tipo colectivo que hoy conforman una parte del capital social para la construcción de la paz y la defensa de lo público. Y lo será si lo público se entiende como la democratización del acceso y disfrute de espacios que permitan el desarrollo de procesos de formación, creación y circulación artística para cultivar el espíritu de las comunidades. Entendiendo la importancia de este sector en las transformaciones sociales, la creación y la lucha contra la corrupción presentamos nuestra propuesta en esta materia.

1.Dignidad presupuestal: Es necesario impulsar el apoyo de la bancada del partido Alianza Verde y otros partidos para que el presupuesto que apoye la cultura, el arte, las prácticas culturales y el patrimonio material e inmaterial, se amplié y pase a por lo menos el 1%.

2.Cultura para la vida, cultura viva comunitaria: La cultura es la herramienta más poderosa para la transformación social. Impulsaré desde el Senado que el Decreto 092 y su reglamentación promueva el apoyo del Estado a los procesos, más que a los productos. Buscaremos que la reglamentación del Decreto 092 no excluya a las organizaciones sin ánimo de lucro de carácter social, barrial y comunitario, ni a las agrupaciones que no estén legalmente constituidas, el Estado debe apoyar con un capital semilla a las nuevas organizaciones culturales, artísticas y deportivas. Hay que decirle no a la economía naranja que nos pone a competir en desventaja en el mercado globalizado de la cultura.

Puerto Rico y Venezuela, la doble moral gringa

Por: Edmundo Zárate

Puerto Rico es un Estado Libre Asociado de Estados Unidos (confuso nombre que vela su realidad neocolonial), conquistado en la rapiña desatada contra España en guerra de 1898. A lo largo de ciento veinte años ha sido usado como especie de portaaviones flotante por el ejército gringo y como sitio de ensayo de armas atómicas y químicas.

El pasado mes de septiembre los huracanes Irma y María se ensañaron contra esta y otras islas del Caribe y la costa sur de Estados Unidos.

Hoy, a cinco meses del desastre, los datos en Puerto Rico son desconsoladores: Una tercera parte de la Isla aún no cuentan con energía eléctrica por lo cual deben usar plantas propias, movidas por gasolina, cara y escasa. La mitad de la tubería del acueducto está destruida y se invita a tomar agua embotellada para evitar enfermarse. Miles de habitantes se han desplazado para la Florida y otros lugares de Estados Unidos mientras reina la total desesperanza entre los habitantes, que se muestra en crecientes tasas de suicidios. Las líneas telefónicas de ayuda a los que sufren estrés postraumático no dan abasto, según informa The New York Times(1) y la situación anímica se agrava a medida que se acerca la nueva temporada de huracanes(2).

Sin embargo, esto no es noticia ni en Estados Unidos ni en los obsecuentes medios de comunicación de Colombia, que en cambio se dedican todos los días a distorsionar las noticias provenientes de Venezuela.

Si se aplicaran las proporciones de la tragedia de Puerto Rico a Venezuela se pondría en evidencia el nivel apocalíptico de lo que está ocurriendo en la Isla. El ejercicio, además de desnudar la doble moral de los gringos y sus epígonos, pone de presente la magnitud del padecimiento de los boricuas, acallado por todo mundo.

¿Quién le teme a Gustavo Petro?

Por: Enrique Santos Molano

¿Por qué están amenazadas las vidas del candidato presidencial Gustavo Petro Urrego y de varios de los dirigentes del movimiento Colombia Humana que acompaña la candidatura de Petro? ¿Por qué han sido asesinados más de ciento veinte líderes sociales, dos de ellos, en los últimos días, activistas de Colombia Humana? ¿Quiénes le temen tanto a Petro que no vacilan en apelar al crimen para atajarlo en su camino a la presidencia de Colombia? ¿Por qué le temen?

Excepto para la última, yo no tengo las respuestas a esas preguntas aciagas, que emanan de conversaciones oídas al azar, o que corren por las redes de internet o brotan en corrillos políticos desconcertados ante la extraordinaria cantidad de gente que desborda las plazas para escuchar con entusiasmo delirante (y sin echarle ‘abajos’ a nadie) las exposiciones de Gustavo Petro sobre sus programas de gobierno. “No lo dejarán llegar”, comentan muchos.

¿Quiénes no lo dejarán llegar? Quizá sean los mismos que han ejercido el poder en Colombia, “a sangre y fuego” por varias generaciones. Los mismos que traicionaron a Nariño en Pasto y después le hicieron la guerra sucia. Los mismos que luego de una guerra sucia plagada de mentiras intentaron asesinar al Libertador Simón Bolívar.

Los mismos que asesinaron a Sucre en Berruecos. Los mismos que tras una guerra sucia, de odio encarnizado, les suministraron a Galarza y Carvajal las hachuelas para asesinar a Uribe Uribe en 1914. Los mismos que le hicieron a López Pumarejo una guerra, sucia como la que más, e introdujeron en Colombia el terrorismo dinamitero para impedirle al presidente López Pumarejo que profundizara en su segunda administración los programas de la Revolución en Marcha, iniciados en la primera, con lo que al fin lo obligaron a renunciar en 1945, un año antes de concluir su período presidencial. Los mismos que “atajaron” con tres balazos a Jorge Eliécer Gaitán en 1948. “Los mismos con las mismas”.

Páginas