Una victoria importante contra la segregación social.

Por: Akemi Sofía Rave.

En un estado social de derecho, todos los ciudadanos gozan de los mismos derechos y libertades, pero esto está cambiando gracias a los nuevos movimientos políticos evangélicos. Y es que estos personajes han permeado las instituciones públicas como los concejos municipales, asambleas departamentales y el Congreso Nacional, con un discurso que dice defender la familia “natural” y constitucional. Más allá de eso lo que buscan con este discurso es excluir a quienes piensan diferente, a las diversidades sexuales e incluso a los que profesan una fe diferente o no profesan ninguna, llevándonos a un nuevo Estado Confesional.

El artículo 42 de la Constitución Política, que es en el que más énfasis hacen los supuestos defensores de la familia, dice “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.” Ahora, si la familia es el núcleo de la sociedad colombiana, excluir a personas de conformar una familia es una forma de excluirlas de la sociedad, ya que al no estar en la base social, ¿cómo podrían integrarse a una sociedad que les excluye?

Pero si vemos más allá no sólo dice que la familia es la conformada por un hombre y una mujer, sino que se constituye por “vínculos naturales o jurídicos”, además de “la voluntad responsable de conformarla.” Con esto se ve claramente que la familia no es únicamente la conformada por una pareja heterosexual, la familia adopta una multiplicidad de formas mediante los diferentes vínculos que existen entre dos o más personas.
Sin embargo, los sectores que llevan a hablar de que familia es solo la conformada por hombre y mujer también quitan una gran protección que el Estado brinda al núcleo social, ya que “El Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia.” Es una marginación silenciosa. La protección que el Estado brinda queda sin sustento al querer apartar a parejas homosexuales, y otras formas de vínculos afectivos (madre soltera-hijos, abuelos, tíos, etcétera) de ser familia.

Según esta visión, las parejas homosexuales con hijos tampoco serían familia. Los hijos de estas personas estarán con un déficit de protección estatal. Y es precisamente lo que pretendían con el proyecto de ley que convocaba a un referendo en contra de la adopción no solo de parejas homosexuales sino además de hombres solteros y mujeres solteras que quieren darle una estabilidad a un niño.
Dicho referendo, propuesto por la Senadora Viviane Morales, en su artículo 44 incluía un parágrafo con una redacción abiertamente excluyente: “La adopción es una medida de protección del niño que busca garantizarle el derecho a tener una familia constituida por una pareja heterosexual en los términos explícitos del artículo 42 de esta Constitución, es decir, por un hombre y una mujer unidos entre sí en matrimonio o unión marital de hecho, con el cumplimiento de los demás requisitos establecidos en la ley.”

De haber sido aprobada esa iniciativa legislativa se habría limitado constitucionalmente la familia mediante un simple parágrafo, una interpretación de un artículo de la Constitución, que claramente habría ido en contra del Estado Social de Derecho al admitir un único tipo de familia, aquella conformada por un hombre y una mujer, dejando por fuera a nietos-abuelos, tíos-sobrinos, hijos-padres solteros, hijos-padrastros, y la multiplicidad de familias que se conforman en Colombia, creando así una partición social donde las familias heterosexuales conformarían una ciudadanía de primera y los demás quedarían degradados a una ciudadanía de quinta categoría.

En buena hora para el Estado Social de Derecho y para el país, dicho referendo fue archivado por el Congreso y se pudo ganar una batalla importante. Sin embargo, la amenaza contra las libertades sigue latente y nos obliga a permanecer atentos ante nuevos intentos de estos sectores confesionales por regresarnos a un pasado que creíamos superado.