Reforma tributaria y neoliberalismo.

Por: Pascual Amézquita Zárate.

El déficit en las cuentas públicas, que se argumenta como razón para una nueva reforma tributaria, asciende a unos 12 y medio billones de pesos, aunque hay quienes dicen que es hasta un 30% superior pues llegaría a los 18 billones de pesos. Son los recursos que faltan hoy para hacer el gasto del Estado nacional presupuestado para el año 2015. Es decir, esa cifra no tiene en cuenta parte del gasto que se hará por los departamentos y municipios el año entrante.

Las razones del desbarajuste fiscal son muchas. Por ejemplo, los erróneos cálculos sobre los ingresos que se tendrán, al suponer un precio del petróleo y el carbón superiores a los que realmente alcanzarán según las tendencias actuales, y que afectan el cálculo de ingresos de Ecopetrol y de los impuestos que pagan las empresas privadas del ramo. Otro error de cálculo es el monto de los impuestos que pagarán industrias e individuos, que caerán a causa de los crecientes problemas económicos del país.

Diversos analistas de la gran prensa han coincidido en señalar, en almibarado lenguaje, que llegó la hora de sincerarse y aceptar que en Colombia se pagan bajos impuestos y que por tanto todos deben poner. Y que lo primero es aumentar el IVA, es decir, aumentar la carga tributaria que en mayor medida recae sobre los sectores populares. Ahí para el sinceramiento de los técnicos.

Los empresarios por su parte, como puede leerse en la más reciente entrada de la revista Dinero.com, dicen que los que pagan impuestos tienen una tarifa efectiva superior al 60% de sus utilidades. Nada hablan del cúmulo de exenciones y hacen cabriolas para tratar de explicar que aunque un organismo como la OCDE (el club de los países ricos) dice que en Colombia se pagan muy bajos impuestos, realmente la OCDE está equivocada.

El grueso del problema fiscal del país radica en otros hechos que vale la pena tener en cuenta, varios de los cuales se remontan a décadas atrás.

Uno de ellos es que desde hace unos veinticinco años en Colombia no se cobra el impuesto a los dividendos con el falso argumento de que ello desestimularía la inversión. En Estados Unidos, que tanto sirve de referencia a ministros y empresarios de Colombia, este impuesto es del 39%, y algo parecido ocurre en Alemania y Gran Bretaña, y en América Latina en Chile –el otro ejemplo que siempre sale a relucir cuando de medidas antipopulares se trata–, sin que en estos países se desestimule la inversión.

Un cálculo simple indica que si se cobrara tal impuesto con la misma tarifa que se aplica al resto de ingresos se estaría fácilmente ante un ingreso nuevo superior a diez billones de pesos si se tiene en cuenta que las ganancias de las empresas que entregan dividendos en el país fue de unos 100 billones el año pasado y se supone que repartieran la mitad de sus ganancias entre accionistas.

El no cobro de este impuesto además es muy inequitativo. Cualquier empleado paga impuesto de renta y el Estado garantiza eso a través de la retención en la fuente. Pero los grandes cacaos del país en general fungen como presidentes o asesores honorarios de las juntas o directorios de las empresas y reciben a cambio acciones con derecho a dividendos. De esa manera cualquier persona que hoy reciba algo más de tres y medio millones de pesos al mes como empleado (o cualquier suma si es por honorarios a los que se le descuenta no menos del 10%) paga impuestos y sufre retenciones automáticamente, pero los grandes gerentes al no recibir ni salarios ni honorarios, sencillamente no pagan. En muchos casos además sus gastos personales –como el carro, los choferes, los guardaespaldas, la servidumbre–, aparecen como gastos de funcionamiento de la empresa.

Perlas como esta son las que explican la baja tributación en el país y las afugias fiscales, pero esta es apenas una muestra de un gran almacén algunos de cuyos otros artículos de variado surtido serán analizados en próximas entregas. Por el momento baste con recalcar que la solución a mano es aumentar los tributos a los asalariados vía el impuesto de renta y el IVA. Para lograr tapar el hueco por ese camino se necesita hacer grandes incrementos, lo que acarreará aumentar la desigualdad.