Política

Sobre la revolución Colombiana y el contexto Latinoamericano.

Por: Mauricio Vargas González.

Pongo en consideración estas reflexiones para el debate, para corregir ideas propias y para aportar a la visión de otros luchadores sociales y agentes políticos de cambio.

En la revolución colombiana a diferencia del “Castrochavismo” de Venezuela, no se trata de una subversión del orden social en el sentido de un levantamiento de los pobres y las clases más humildes -que en el marxismo se les ha llamado las ‘Las masas urbanas empobrecidas’- en contra de las clases altas y medias-altas, para subvertir los privilegios y el orden social y empresarial sobre los cuales se erigen.

Décadas de ‘Conflicto Armado’ y violencia política dieron al traste con la configuración de una corriente social y popular pro-cambio y pro-transformación social. Así mismo este torbellino de belicismo y terrorismo generó una contra-corriente y una contra-revolución de las clases más reaccionarias de la sociedad, Terratenientes y Narcotraficantes unidos, que absorbieron ‘la clase política’ y que se tomaron las regiones, apropiándose del ‘Estado local’ y del presupuesto público.

En Colombia se trata de una revolución democrático-pequeño-burguesa, donde se amplíe la democracia y la participación ciudadana, se fortalezca lo cultural, se gane terreno en la protección del medio ambiente, se proteja la maltrecha educación pública y se fortalezcan espacios de decisión: Esto tiene que ver con la descentralización, mayor autonomía administrativa en los municipios para el manejo de recursos y un fortalecimiento de los organismos de control con más recursos, mayores competencias y mayor visibilidad mediática.

NO MÁS DE LO MISMO

Jaime Vargas Ramírez
Junio 9 de 2017

No más de lo mismo, es lo que esperamos los colombianos cada que elegimos presidente y otros cargos de elección popular. Y siempre, cada 4 años, hay frustración y desilusión por que los candidatos no cumplen con lo que prometen. No hay verdadera solución a los más variados y complejos problemas que nos aquejan. La corrupción, la violencia, la desigualdad, la injusticia y la pobreza, campean a lo largo y ancho del territorio nacional.

La mitad de los habilitados para votar no lo hacen porque no creen en los políticos, ni en los partidos, ni en las promesas. La otra mitad de la mitad que vota, comprados por la mermelada de una maquinaria electoral tradicional -bien aceitada desde los tiempos del Frente Nacional-, votan por los mismos de siempre. Y queda un voto de opinión o independiente, que trata de acertar votando por algunos candidatos decentes, que los hay, tanto de izquierda como de derecha, vale decir.

En ese contexto, la izquierda, tradicionalmente oposición, tampoco acierta en dar soluciones, pues parece acomodada desempeñando esa función desde 1930 que nace el Partido Comunista. Después de muchos años, de ires y venires, de la aparición y desaparición de infinidad de corrientes, de aciertos y de errores, -porque de los horrores que respondan los armados- toda la izquierda con sus matices, no logra encontrar las llaves para entrar a la Casa de Nariño.

Las tesis de abril: de Lenin a las Farc

Por: Jaime Vargas

A comienzos de abril de 1917 y luego de siete días de viaje en un tren que lo llevaría de Suiza a Rusia, Lenin esbozaba ante sus partidarios y simpatizantes las tareas del momento en las llamadas Tesis de abril. Tesis que lo llevarían al poder, en hombros de obreros, soldados y campesinos pobres sublevados y organizados en los soviets.

Los soviets hicieron su primera aparición en las huelgas del estallido rebelde de 1905. Su progresiva acción revolucionaria dentro de la clase obrera, soldados y campesinos, los convertiría en motor y centro revolucionarios que, dirigidos por los bolcheviques, crearían un nuevo tipo de Estado.

Con la abdicación del zar Nicolás II se constituyó un primer gobierno provisional, pero los trabajadores seguían en las calles, seguían organizando comités, huelgas, nombrando representantes para el soviet, los campesinos empezaban a tomar la tierra y los soldados se negaban a pelear, los soviets se convierten en un verdadero contrapoder.

Frente amplio del Uruguay

Por: Jaime Vargas Ramírez.

Quizás la experiencia unitaria más prolongada de la izquierda en Latinoamérica es el Frente Amplio (FA) del Uruguay. Iniciada en 1971, en pleno auge del movimiento popular, sobrevivió a los embates de una cruenta dictadura militar y lleva hoy tres victorias en línea desde el 2004, año en que el médico Tabaré Vázquez ganó la presidencia, rompiendo la hegemonía bipartidista de blancos y colorados, que dominaron la escena política uruguaya desde 1836.

La llegada al gobierno nacional del FA, no fue, sin embargo, un acontecimiento brusco, sino un proceso de crecimiento electoral paulatino y sistemático desde 1971, interrumpido sólo por la dictadura cívico-militar que gobernó el país desde 1973 hasta comienzos de 1985, cuando se restituyó el régimen democrático con el gobierno del presidente Julio María Sanguinetti.

El éxito obtenido por el FA ha sido objeto de una variedad de explicaciones desde la academia uruguaya. Algunos analistas sostienen una tesis demográfica. Según ésta, el crecimiento electoral del FA reflejaría una tendencia de cambio generacional en el voto, es decir, existiría una correlación positiva entre voto al FA y nuevos votantes. Otros mantienen la tesis de la moderación ideológica o moderación programática, que unida a una política amplia de alianzas llevaron al FA a ubicarse más hacia el centro del espectro político, con la consiguiente ampliación de sus bases electorales. Otra más sostiene que el triunfo del Frente Amplio estaría vinculado al “agotamiento” de la representación de los partidos tradicionales y a un desplazamiento del electorado uruguayo hacia la izquierda.

El ocaso del Polo

Por: Jaime Vargas Ramírez
22 de abril de 2017

Con la renuncia de Clara López al Polo Democrático Alternativo, PDA, se confirma el declive del frente de izquierda que inició en el 2003 como alternativa política y esperanza para millones de colombianos.

Luego de transitar por un sistema bipartidista excluyente y de la intensificación del conflicto armado, en Colombia surgió una izquierda que rompía con la doctrina de la combinación de todas las formas de lucha. A la vez que el conflicto armado y el neoliberalismo produjo la derechización de amplios sectores, una nueva izquierda democrática, - producto en parte de la reforma política de 2003- hizo aparición en el panorama político.

El Polo Democrático Independiente (PDI) obtuvo la personería jurídica el 24 de julio de 2003 luego de que diferentes vertientes de la izquierda decidieran unirse para darle batalla al gobierno de Álvaro Uribe. En octubre de ese mismo año eligió a Lucho Garzón como alcalde de Bogotá con casi ochocientos mil votos. Por primera vez, el segundo cargo electoral más importante del país quedaba en manos de la izquierda.

Sin lugar a dudas, la Constitución del 91, el gobierno autoritario de Uribe, y un conflicto interno sin salida y degradado, contribuyeron a la aparición de una izquierda democrática que se unió para enfrentar los retos planteados por una especie de primavera latinoamericana que encarnaban gobiernos de centro izquierda en diferentes países de la región.

La marcha de la derecha

Por: Jaime Vargas Ramírez
Abril 6 de 2017

La movilización realizada el primero de abril por las fuerzas del NO, constata, una vez más, que el uribismo y sus nuevos socios, han graduado a Santos y las Farc, como sus enemigos a derrotar en mayo del año entrante. Nada nuevo por este lado de la política. Santos traidor, y las narcoterroristas Farc, son el motivo central del accionar de la extrema derecha.

Ambos “demonios” constituyen el centro de ataque de la propaganda de una derecha fortalecida y dispuesta a todo. La marcha fue citada, hábilmente, contra la corrupción, pero en los discursos, consignas, gritos, pancartas e insultos, se evidenció la verdadera motivación: ganar la Casa de Nariño para echar atrás los acuerdos de paz y de paso evitar que la justicia pose sus ojos en empresarios y políticos que financiaron la guerra.

Puede decirse que el plebiscito del pasado 2 de octubre galvanizó, alrededor de Uribe, todas las expresiones de la ultra derecha colombiana. La votación victoriosa por el NO representa el inicio de la marcha del conservatismo - de viejo y nuevo cuño- incluidos fanáticos religiosos y ex de toda laya; ex presidentes, ex procurador, ex parlamentarios, ex sicarios, ex convictos, para habitar de nuevo la Casa de Nariño.

Elecciones presidenciales 2018, ¿coaliciones al orden del día?

Por: Jaime Vargas Ramírez.

Faltando casi un año para las próximas presidenciales, se empiezan a hacer las cábalas de las mismas y los candidatos saltan a la palestra: los de derecha, de izquierda, de centro-derecha y centro-izquierda, para aglutinarlos de alguna forma, o diferenciarlos para este artículo. Miremos cómo está avanzando el asunto.

El de izquierda madrugó e impuso sus mayorías dentro del partido amarillo. A costa de la unidad del mismo y, sin mirar consecuencias electorales, se hizo a tan codiciada presea. De entrada, ha puesto algunos mojones: ni con Santos, ni con Uribe, ni con Petro, ni con las Farc. Necesita sumar, pero es sectario y dogmático y empieza con su partido dividido. Mal comienzo.

Por los lados de la centro-derecha, y quien fungía como vice de Santos, sale a dar la pelea en forma abierta, pues su campaña venía de forma encubierta desde que empezó a entregar, con recursos del Estado, casas gratis a los más pobres. Candidato fuerte, tiene partido propio y unido y se mueve como pez en el agua dentro del clientelismo y la mermelada. Tiene el deber, Vargas Lleras, de armar una coalición de centroderecha que recoja apoyo en su Cambio Radical, la U, los conservadores, liberales y otros. No se sabe si está con los acuerdos de paz, tema relevante para el evento electoral que se aproxima, pero manejará el asunto con el termómetro de las encuestas de opinión.

El derecho al delirio (1) o la primavera colombiana.

Por: Carlos Eduardo Gálvez Gálvez

Las opiniones se pueden desperdiciar, los respaldos jamás. En medio de ello, lo que no se puede volver una experiencia recurrente es fracasar. En ese sentido, la izquierda democrática en Colombia es experta; una y otra vez se ha equivocado a por el cambio.

Aunque en Colombia la solución a los tantísimos problemas sociales desde el mismo planteamiento va más allá del espejo político, dado a que el asunto está en lo profundo y de que el camino ha sido largo y empedrado para los sectores ajenos al poder, la coyuntura política amerita toda la atención posible. Es el momento de entender que la política, -como lo dijo Bertolt Brecht- tiene que ver con todo y que como ciudadanos llevamos a cuestas las consecuencias de nuestras decisiones.

¿Qué tal si deliramos por un ratito?, preguntaba Eduardo Galeano. Y si, otro mundo y otra Colombia son posibles. ¿Será una locura?

DE LAS NOVEDADES.

Por: Mauricio Botero Montoya.

El caricaturista Thumor dice que la cruzada de Uribe y Ordoñez contra la corrupción es como una marcha de protesta contra la marihuana organizada por el adicto Bob Marley. Los culpables de esa época se están acogiendo a la justicia transicional, es de suponer que abarcará también a las multas de tránsito.

En el uribismo se nota un desinfle por las malversaciones de Reficar y Odebrecht. Ellos disculparon los asesinatos del régimen de su caudillo, llamándolos con eufemismo “falsos positivos”. Pero no han acogido con igual benevolencia los desfalcos, revelan una escala de valores con el dinero al mando y la desilusión es evidente.

Así les ocurrió a quienes disculparon el “desaparecimiento” de tres mil chilenos tras el golpe militar contra Salvador Allende. Los pinochetistas solo entraron en mutismo y desgano al descubrirse que el generalísimo tenía decenas de cuentas en dólares en diversos paraísos fiscales. Asesinos sí pero no ladrones, parece ser el argumento. Las propuestas de Allende se han mantenido, aún por la actual mandataria de Chile, sin el temido fin de la civilización que pronosticaron los golpistas.

Páginas