PETRO, UN RETO PARA LA IZQUIERDA Y PARA LA DERECHA

Por: Jaime Vargas Ramírez

Marzo 5 de 2018

Quién iba a pensar, unos meses atrás, que Gustavo Petro estuviera liderando las encuestas a la presidencia. Sobre todo, después de salir magullado pero indemne, de la alcaldía de Bogotá. El intento de revocatoria por parte del nieto de Laureano Gómez, el envión fallido del fanático Ordóñez para expulsarlo de la alcaldía e inhabilitarlo 15 años, las multas fantásticas impuestas por un Contralor de bolsillo del candidato a la presidencia del tristemente célebre Cambio Radical, la rabiosa oposición del Moir y la turbia embestida de la gran prensa, cuyos propietarios son los verdaderos dueños del poder, en vez de achicopalarlo, lo crecieron y lo catapultaron ante la opinión.

Pero no se trata solo de la feroz oposición que ha tenido Petro a lo largo de su carrera política y, en especial, en su administración de la Capital lo que le ha granjeado amores y odios, sino su capacidad de interpretar las ilusiones de una ciudadanía que por años ha sido victima de malos gobiernos. Oposición que en general se fabrica con base en falacias creadas por algunos columnistas y periodistas fletados por el gran capital y, que al final, se les devuelve en contra, en forma de más y más simpatizantes de quien es objeto de matoneo permanente por radio, televisión y redes sociales. Exguerrillero, castrochavista, comunista, populista, etc.

Últimamente diversos periodistas se inventaron un “genial” argumento que machacan insistentemente y con el que tratan, inútilmente, de explicarse su ascenso en las encuestas: que Petro se sabe victimizar muy bien… ¡hágame el favor! Suena muy parecido a cuando en la época del estatuto de seguridad, Turbay Ayala decía que los detenidos políticos se auto torturaban. Ahora, ante la evidencia del atentado en Cúcuta, le echan la culpa al candidato porque polariza mucho.

Con un pie en la segunda vuelta, Gustavo Petro interpela tanto a la izquierda como a la derecha. A una izquierda que por años ha vivido enfrascada en interminables discusiones y disputas por una “verdad” derivada de fórmulas y experiencias ajenas a nuestra historia y cultura política, dando como resultado una izquierda, en general, torpe, dogmática y sectaria, cuando no violenta, que la ha llevado a cometer grandes errores tácticos y políticos, que la han convertido en una corriente marginal y alejada de las grandes decisiones políticas, y en vagón de cola de las grandes corrientes políticas tradicionales.

Hablo de la izquierda que hace rato viene compitiendo en el terreno de las ideas, en el sentido de si va a ser capaz, en caso dado que Petro llegue a la segunda vuelta, de hacer a un lado sus viejas disputas y se decide apoyar al primer candidato en la historia -nacido de sus entrañas- con verdaderas posibilidades de gobernar el país. Hablo de la madurez que puede mostrar esta vez, o si seguirá enredada en el infantilismo que la ha caracterizado.

Interpela a la “izquierda” armada que, con sus crímenes contra la gente, el medio ambiente y la infraestructura nacional, proporcionan, en bandeja de plata, mil argumentos a la contracorriente más reaccionaria y violenta para que proceda contra el pueblo en general y contra de los portadores de ideas de avanzada en particular.

Pero el fenómeno político Petro, también interpela a la derecha, a esa corriente política que desde independencia se hizo al poder y no lo suelta. Que organiza guerras para no perder privilegios. Que solo le tira las migajas del gran pastel a los humildes y ha hecho de Colombia unos de los países más desiguales e injustos del orbe. Ese pensamiento político que en el siglo pasado propició la muerte de Rafael Uribe Uribe, de Jorge Eliecer Gaitán y robó descaradamente el triunfo de Rojas Pinilla conseguido en las urnas.

¿Dejará esa derecha que alguien diferente a su cuerda, dirija la nación e implemente los cambios y transformaciones que las mayorías reclaman hace décadas? ¿Permitirá esa derecha que la verdadera democracia brille en Colombia, que las ideas y el voto libre se impongan y gobiernen? ¿Podrá reverdecer la verdadera democracia (el gobierno del pueblo para el pueblo) para poder superar esa caricatura de régimen que llamó Gaitán, la oligarquía liberal-conservadora, que gobierna para beneficio propio?