Nunca más.

Una ojeada histórica

Por: Samuel Camargo.

Ahora que el país se apresta a brindar su apoyo al acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc al votar SÍ en el plebiscito, quizá sea útil lanzar una mirada a las circunstancias que rodearon el nacimiento de ese grupo insurgente. En 1943, durante el segundo gobierno de López Pumarejo, la división del liberalismo en dos fracciones, gaitanista y turbayista, fue determinante para el ascenso a la presidencia en 1946 de Mariano Ospina Pérez, de la ultra derecha conservadora. Jorge Eliécer Gaitán caía asesinado en 1948. El investigador Salomón Kalmanovitz escribe en los años setenta: “El asesinato de Gaitán es parte de la ofensiva terrorista del gobierno que… en este momento elimina a su máximo aglutinador quien se perfilaba como seguro ganador de las elecciones presidenciales de 1950”. Ospina impuso a sangre, fuego y fraude el nombre de Laureano Gomez en cuyo gobierno el país soportó el escalamiento de la violencia contra liberales “nueveabrileños”, comunistas y opositores.

GUERRA DE GUERRILLAS

Desde 1948 se organizaron guerrillas liberales en Santander, sur del Tolima (allí combatía Manuel Marulanda), Antioquia, Cundinamarca, zonas de Yacopí y del Sumapaz, Tolima, zonas del norte y oriente, Boyacá, y llanos de Casanare donde tomó forma el gigantesco movimiento de los Llanos Orientales al mando de Guadalupe Salcedo. Enemistado con el poder, Ospina Pérez en 1953 auspicia un golpe de Estado contra Gómez, quien es reemplazado por Gustavo Rojas Pinilla, un general de opaca trayectoria. “Paz, justicia y libertad” fue la divisa que inscribió el dictador en sus banderas. Gráficas periodísticas mostraban interminables filas de combatientes de los Llanos y de todo el campo colombiano que entregaban sus armas al nuevo gobierno. No obstante, en el 57, el cuerpo de Guadalupe Salcedo yacía en una calle bogotana. Había sido asesinado por la policía del régimen.

En 1958 los dos partidos habían pactado la paz sobre la base de alternarse en el poder por 16 años, lo que resultó en desplazamiento del centro de gravedad político del entramado de la guerra al de la colaboración burocrática entre los dos partidos. A su turno, el partido liberal, que nunca había impulsado la guerra, negoció a su nombre cuota de poder.

LA GUERRA DE VILLARRICA.

La mayoría de los destacamentos guerrilleros se desmovilizaron y entregaron las armas a partir del 53 con excepción de los orientados por el Partido Comunista que del sistema de guerrilla móvil pasaron a conformar autodefensas agrarias como quiera que habían quedado solos en la liza. Al tiempo, comenzó un movimiento de sus fuerzas hacia Villarrica, Tolima, con la idea de formar un corredor hacia la región del Sumapaz donde Juan de la Cruz Varela había pactado la paz con el dictador y entregado “simbólicamente” las armas. Pero Rojas decidió cortar por lo sano. Envió al coronel Matallana a bombardear e invadir el pueblo tolimense. Por ocho sangrientos meses del año 55 se prolongó la Guerra de Villarrica hasta que al final las guerrillas del Partido Comunista, liquidadas como fuerza militar, iniciaron una “columna de marcha” hacia a las regiones de Marquetalia, El Pato, Guayabero y Riochiquito, zonas en las que, una vez más, establecieron autodefensas agrarias.

Junto a la población y con las armas al alcance de la mano se cultivaba, se comerciaba, existía un orden civil (se implantó el matrimonio civil) todo ello insoportable a los ojos de Alvaro Gómez que presionó al gobierno pusilánime de Guillermo León Valencia para que iniciara, como en efecto lo hizo, un despeje por la vía militar. Gilberto Vieira, del Partido Comunista, señalaba que, en respuesta a la ofensiva militar, “levantábamos la tesis de que frente a la agresión armada de las clases dominantes… no había ni hay más respuesta que la organización de la lucha armada popular”. (Colombia. Tres Vías a la Revolución, Valverde, 1973). Estamos ya en 1964, cuando las autodefensas, por decisión del partido, se convierten en guerrilla móvil. Se crean las Farc.

Por aquella época surgió el Eln bajo la influencia de la revolución cubana, el Epl desprendido del Partido Comunista, el Moec 7 de enero, al mando de Antonio Larrota - que en Cuba tenía oficina - pero correspondió a Francisco Mosquera, dirigente del Moec, explicar el porqué del fracaso de esos grupos en concitar las masas para la revolución: “Se hizo una aplicación esquemática de las principales lecciones de la revolución cubana. No interpretaron un hecho fundamental: Que Fidel Castro en la Sierra Maestra era el pueblo de Cuba en la Sierra”, sentenció. Mosquera se propuso convertir el Moec 7 de enero en un partido de masas, marxista leninista, y de hecho creó el Partido del Trabajo de Colombia. “Nos bajaron de la cordillera, compañero” me decía un obrero de Emcali en 1971, una frase que haría sonreír a Mosquera.

LAS FARC.

Desde su formación hasta la 7° Conferencia en 1983 las Farc, alejadas de la tutela del Partido Comunista, prácticamente “vegetaron” según expresión del sociólogo Eduardo Pizarro. En este año, fortalecidas en su economía con el producto del secuestro y el narcotráfico iniciaban un proceso de paz fallido con el presidente Betancur, como también lo fue el impulsado por el presidente Cesar Gaviria en sedes de Caracas y Tlaxcala. Y ni qué decir del proceso por el que el presidente Andrés Pastrana cedió una Zona de Distensión de 42.000 km2 (dos veces el área de El Salvador) utilizada por las Farc como base de operaciones militares hasta el día de su afanoso retiro.

¿Por qué fracasaron estos procesos? A los líderes de las Farc les asistía el convencimiento de poder alcanzar el poder por la vía militar. ¿No habían tomado emplazamientos militares como Las Delicias, Miraflores, Patascoy y, por demás, una capital, Mitú? Creían vivir el tránsito de la guerra de guerrillas a guerra de movimientos razón por la cual nunca jugaron a la paz.
En otra dirección, la asistencia norteamericana en armas y tecnología durante los gobiernos de Uribe y Santos produjo un ascenso cualitativo del ejército colombiano que se tradujo en golpes históricos como los asaltos que resultaron en muerte de tres hombres del Secretariado, no pocos mandos medios, dispersión y pérdida de fuentes económicas de esa guerrilla. Concluyeron entonces que no existían condiciones para alcanzar el poder por la vía militar, como quiera que un panorama de derrota en el frente y deserción en la retaguardia amenazaba con desplazarlos de la escena política. En pleno la guerrilla entera decidió apostar a la paz.

Durante cuatro años delegados del gobierno y de la guerrilla encabezados respectivamente por Humberto de la Calle y Rodrigo Londoño discutieron acerca de cómo sería la Colombia por la que los desmovilizados cambiarían el fusil por la tribuna pública.

LOS ACUERDOS DE PAZ DE LA HABANA.

El resultado fue un documento de 297 páginas que consulta, como telón de fondo, el Protocolo II de los Convenios de Ginebra para conflictos no internacionales. Establece para el agro, 1° la creación de un fondo de tres millones de Ha destinado a los sin tierra o de poca tierra e introducción del catastro en el campo; 2° especial presencia de la mujer en espacios de participación política, un estatuto de oposición que garantice el derecho a la movilización y a la protesta, y la creación de 16 Circunscripciones Especiales de Paz para igual número de representantes a la Cámara por dos períodos electorales destinado a víctimas de la región o a desplazados; 3° El día en el que se firmó el acuerdo, el 26 de septiembre en Cartagena, comenzó a correr el plazo de los 180 días para la dejación total de las armas, bajo la vigilancia de la ONU. Los desmovilizados podrán construir partidos políticos que actuarán como cualquiera otro para luchar con ideas lo que defendían con el fusil; 4°, El acuerdo de paz señala que el fin del conflicto es una oportunidad de resolver el problema de las drogas ilícitas en base de la sustitución de cultivos y prevención del consumo; 5°, Finalmente, se alcanzó una acuerdo sobre las víctimas que en su mayoría han aceptado otorgar perdón sobre la base de verdad, justicia, reparación y no repetición para lo cual se crea una Jurisdicción Especial para la Paz. La impunidad para delitos atroces queda excluida, posición que acepta la Corte Penal Internacional.

¿Es popular la paz? Durante toda la ceremonia de la firma del acuerdo histórico entre el gobierno de Santos y las Farc se escuchaban voces de mujeres y de hombres que repetían la expresión NUNCA MÁS.