Miguel Ángel Rubio Ospina

LO QUE VA DE MADURO A BOLOSNARO

Por: Miguel Ángel Rubio

      Después de la Guerra Fría, muchos partidos de la llamada «familia de la izquierda latinoamericana» modernizaron sus doctrinas y se alejaron del socialismo real, buscando profundizar la equidad social y la democracia. Sin embargo la izquierda no es homogénea. Hay otra corriente de inspiración radical que actúa mediante el personalismo, el autoritarismo y el control férreo de los poderes públicos, lo que la sitúa al borde de la democracia formal. Aunque el auge de la izquierda no parece coyuntural ni efímero, las diferencias de estilo y contenido que afloran frente a la hegemonía estadounidense, son una prueba para su vocación democrática y su perdurabilidad.

      TEODORO PETKOFF
      LAS DOS IZQUIERDAS
      (El subrayado es mío)

El continente iberoamericano, desde México hasta Argentina pasa hoy por una serie de procesos políticos contrastantes y de confusa lectura.
Por un lado México uno de los países más grandes en territorio y población, así como con la mayor ciudad capital del continente, eligió una propuesta democrática nunca antes destinataria de poder como la Izquierda, pues en el México del PRI ganó MORENA, Llevando por primera vez en la historia de ese país, al poder, una visión socialista de gobierno, que esperamos, se aleje de los mesianismos marxistas de antaño y respete ante todo la libertad de expresión, las diferencias políticas, e inocule en los mexicanos el germen de la esperanza, el progreso y la revolución que han tenido pendiente por más de 70 años. El reto que le espera a López Obrador, es el de no solo ser un excelente presidente para México, (que esperamos que lo sea), sino reencauchar la izquierda como una visión posible de poder en el resto del continente.

Por otro lado, esta Jair Bolsonaro en Brasil un mandatario de corte autoritario, con una ideología neoconservadora, afincada en un apoyo militarista y con una agenda claramente de espejo retrovisor, que pretende echar para atrás los logros de la izquierda hegemónica durante los gobiernos de Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

LA CONSULTA ANTICORRUPCIÓN: BALANCE DEL PRESENTE Y PROYECCIÓN A FUTURO.

Por: MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINA

El pasado domingo 26 de agosto, Colombia vivió, sin lugar a dudas, su más importante jornada democrática desde el plebiscito del 57, convocado por el entonces General Rojas Pinilla, y que trajo avances como el voto femenino entre otros asuntos de no menos relevancia nacional. Quizás el evento más cercano en el tiempo y más contemporáneo por lo menos a los ahora jóvenes de mi generación, sea el fenómeno electoral de séptima papeleta que convocó a todas las fuerzas democráticas de la nación a la consolidación de una nueva carta constitucional, cuyo mayor logro ha sido convertir el país en un Estado Social de Derecho, aunque aún falten muchos esfuerzos desde la institucionalidad para que esta condición sine qua non se cumpla ad eternam en nuestra nación.

Esa misma carta magna, contempla en sus apartados y capítulos los mecanismos de participación ciudadana, cuyas mecánicas hacen participes a los ciudadanos, de las decisiones más relevantes en la organización y liderazgo del país, y que además reconoce el ejercicio pleno de la ciudadanía ya no esta como condición de nacimiento, sino como ejercicio político y ciudadano. Lo que legítima el concepto del Estado Social de Derecho, como la máxima expresión de poder del constituyente primario de toda nación que se dice a si misma democrática.

En este orden de ideas, entra como un mecanismo atenuante y de suprema relevancia la consulta popular, como herramienta de gestión de las políticas comunitarias y sociales, que partiendo de diagnósticos ciertos, son llamadas a generar las propuestas de cambio o de concertación de las decisiones que el ejecutivo o legislativo toman.

Balance

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

A casi mes y medio de la primera vuelta presidencial y tres semanas después de la segunda vuelta, ad portas de la posesión del “nuevo” Congreso (con excepción de algunas listas alternativas) y de la toma de juramento del nuevo “presidente” de la republica Iván Duque, es el momento de hacer un balance, aunque sea a medias, de lo que fue, de lo que pudo ser y de lo que será el país político en los próximos 4 años.

Esta campaña política ha sido, quizá, la más importante de este inicio de Siglo XXI en los 18 años que ya lleva y, por lo tanto, al ser la más importante, es por demás la más compleja y difícil de comprender, de analizar y de balancear en el espectro político actual colombiano. Por eso, si les pareciere algo extenso este balance, me excuso por mi incapacidad para la síntesis…

1. LIBRO DE PÉRDIDAS

En primera instancia, esta carrera por la presidencia dejó un nuevo panorama político, pues los partidos hegemónicos –Liberal y Conservador– terminaron absorbidos por esa máquina política esponjosa llamada Centro Democrático, en el que cabe todo aquel que carezca de principios éticos e ideológicos, que se suscriba a una ideología del retroceso, del despojo, del desplazamiento forzado, el tape tape, la locura de la ambición por el botín estatal, el racismo desmedido, el desprestigio a la diferencia, el asesinato de los líderes sociales, el silencio cómplice ante la barbarie, todo aquel que apoya a los congresistas que pasaron por la universidad en carro, porque no entraron, o compraron el diploma (a veces me pregunto si el título en Derecho y Filosofía, dado a Paloma Valencia por la Universidad de los Andes, no debería ponernos a pensar en la “calidad” de la educación que ofrece esa alma mater) y la indolencia ante la desigualdad social. Me niego a creer que el Centro Democrático en verdad sea lo que nos represente como sociedad, así más de 10 millones de personas hayan dado su voto a esta colectividad.

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