Los argumentos de los gobiernos de los Vientos del Sur.

Por: Luis Daniel Terán.

El comienzo del siglo XXI trajo consigo nuevos paradigmas políticos en América Latina. Uno de ellos fue el ascenso de gobiernos alejados de los partidos políticos tradicionales, con apoyo de movimientos sociales y con una agenda social lógica para una región que se caracteriza por su desigualdad y pobreza. Sin duda su asenso también significó una bofetada a los Estados Unidos, quien luego de la recomposición geopolítica al finalizar la segunda guerra mundial marcó la zona sur del continente americano con de influencia indiscutible en el ajedrez de la política internacional.

El trasegar de estos gobiernos alternativos no ha sido fácil, y, como era lógico, unos han sido exitosos y otros no tanto: el marcado presidencialismo no se ha hecho esperar, la región siempre ha tenido una fijación por el caudillismo y los sectores progresistas al parecer aprendieron esa lección a la hora de confrontar las disputas electorales. Lo cierto es que hasta hace un par de años estos gobiernos han venido ganando elecciones de manera continua, tendencia quese empieza a reversar y los partidos tradicionales (con poca fuerza) y los medios de comunicación (muy influyentes en la opinión de los votantes) han marcado una agenda sistemática de “argumentos” contra estos gobiernos,que ha ido calando poco a poco en la ciudadanía.

El primero de ellos es “la lucha de clases”: Argentina, Ecuador, Bogotá, y otros lugares donde partidos de tendencia progresista han gobernado, estos han sido tildados de incentivar la lucha de clases; se muestra a estos gobiernos como nostálgicos del marxismo ortodoxo y se pretende crear una estrecha vinculación con la forma como se gobernó en los regímenes de la antigua Europa del Este. Vamos a los hechos: las sociedades de América Latina están divididas de facto, ¿o es que las grandes ciudades no tienen a los sectores con mayores ingresos muy lejos de las zonas empobrecidas, las clases sociales en Colombia poco o nada se mezclan, el sistema educativo está altamente segregado, existen escuelas para personas de bajos recursos y escuelas para personas con altos ingresos? Lo paradójico es que en países con mayor desarrollo económico en las escuelas es donde las clases sociales se mezclan, pero lo de América Latina es más parecido a un apartheid social. Otro ejemplo, es la forma como están estratificados los barrios: tener a los pobres alejados de los sectores pudientes es un argumento socialmente aceptado, como lo puso de presente la sola propuesta del exalcalde Gustavo Petro de llevar algunas personas de bajos ingresos a zonas ricas de la ciudad de Bogotá, que si bien no era una propuesta con sustentos técnicos, la reacción no se hizo esperar, exacerbando una parte de la opinión publica con cierto toque de racismo y clasismo en los argumentos.

El segundo argumento es el de la polarización: muchas veces se ha expuesto que estos gobiernos han fomentado la polarización, argumento que va de la mano con el de la lucha de clases. Es necesario recordar que esta región viene de grandes pactos de elites, en Venezuela Acción Democrática y COPEI se repartieron el poder casi medio siglo, los Liberales y Conservadores se turnaron en la presidencia por varias décadas en Colombia, los Partidos Colorado y Nacional fueron hegemónicos en Uruguay y así se pueden seguir mencionado varios ejemplos. Pero para el aparato mediático esto vuelve a ser normal, lo anormal es plantear ideas diferentes, cuestionar al capital financiero, proponer subsidios a los pobres, tener políticas amables con el medio ambiente y repartir de manera equitativa las riquezas. Todo se encaja en una sola palabra “polarización”, que no es otra cosa que cuestionar el poder y exigir derechos para aquellos que han sido invisibilizados históricamente. Polarizar no es malo per se, pues, en mi opinión, una sociedad que se polariza es porque ha tomado conciencia política, pero lo extraño es que algunos son nostálgicos de esas sociedades donde existen poco disenso y donde las discusiones políticas no generan pasión.

Dos argumentos finales, “los subsidios y la democracia”: perpetuar la pobreza, crear asistencialismo y acabar con la democracia se suman a la cadena de argumentos que normalmente se escuchan a la hora de referirse a estos gobiernos cuando de atacar se trata. Pero es lógico pensar que los subsidios son necesarios en zonas donde la deuda histórica hacia ciertos grupos poblacionales es de siglos y también hay que decirlo, algunas formas de subsidios son parte fundamental en la supervivencia misma de algunas familias en esta zona del planeta, por no mencionar que parte importante de los subsidios tanto en países atrasados como adelantados se dirigen a los grandes empresarios, situación de la que Colombia tampoco se ha librado a pesar de los llamados neoliberales a dejar actuar el mercado. Así que descalificar los subsidios a los sectores populares (porque de los otros nadie se queja) de manera tajante y sin revisar los contextos es atrevido y algunas veces inhumano.

El debate sobre la democracia y las dictaduras ha sido otro caballo de batalla de la descalificación. Por más elecciones que se ganen y por más verificaciones de organizaciones internacionales que se hagan, estos gobiernos cargan con el estigma de ser poco democráticos,descalificación gratuita que en algunos casos es una retaliación por cuestionar los poderes mediáticos. No es casual que todo gobierno que proponen cambios en la política comunicacional se le asocie con ser una dictadura.

Sin duda el desgaste de los partidos tradicionales en los países latinoamericanos ha hecho que la vocería y el relevo de la oposición pase a manos de los medios de comunicación. La radio, la prensa escrita y la televisión son los abanderados de las críticas, y hay que decirlo lo han hecho con mucha eficiencia. Sin duda los gobiernos progresistas aún no han sabido reaccionar ante este fenómeno, o no han sido efectivos en confrontarlos abiertamente o crear medios propagandísticos de gobierno. Esta es una tarea pendiente. No soy de quienes piensan que estos gobiernos solo tienen cosas buenas, pues han cometido errores, pero sería ingenuo pensar que los medios no han hecho el mayor esfuerzo para desacreditarlos.