Imperialismo

La realidad tras la Coalición de Trump para cambiar el régimen en Venezuela.

Por: Mark Weisbrot

Ah principio de los 70’s, los Sandinistas estaban en las montañas combatiendo para tumbar la brutal dictadura de la familia Somoza, de unos 40 años de duración y con el apoyo de Estados Unidos. Cuando una potente erupción volcánica golpeó a Nicaragua, Omar Cabezas, sandinista, cuanta que estos le dijeron a los campesinos que encontraron que fue un castigo de Dios por no haberse librado de Somoza.

Cuando los Sandinistras triunfaron en 1979, Estados Unidos inició una sangrienta guerra para recuperar el país mediante el grupo terrorista paramilitar de ‘los contras’, quienes asesinaban civiles regularmente. El Presidente George H.W Bush lo dejó muy claro durante la segunda elección de los sandinistas en 1990, que aunque no fuera Dios, el continuaría castigando a los nicaragüenses con un embargo comercial y la guerra si no se desasían de los sandinistas. Cansados de la guerra, la hiperinflación y el colapso económico, los nicaragüenses votaron por la oposición: Los sandinistas perdieron.

Hoy el gobierno de Trump está repitiendo la estrategia de castigo colectivo contra Venezuela con un embargo financiero paralizante desde agosto de 2017 y desde enero, un embargo comercial. El embargo financiero impidió cualquier posible medida del gobierno para acabar con la hiperinflación o generar una recuperación económica, mientras se pierden billones de dólares de la producción de crudo. El embargo económico está proyectado para cortar el 60% de las exiguas ganancias en divisas, necesarias para comprar medicina, comida, suministros médicos y otros bienes esenciales para la supervivencia de muchos venezolanos.

Buscando promover un golpe militar, una rebelión popular o una guerra civil, la administración Trump ha sentenciado que el castigo continúa hasta que destronar al actual gobierno. “Maduro debe irse” dijo el Vicepresidente Pence nuevamente en marzo.

Todo esto es ilegal bajo numerosos tratados firmados por Estados Unidos, incluido el Capítulo de la Naciones Unidas, el capítulo de la Organización de Estados Americanos y otros convenios y leyes internacionales. Para legitimar esta brutalidad, que probablemente ya ha matado a miles de venezolanos al restringirles el acceso a bienes y servicios e

La nueva Guerra Fría y el Pentágono

Por: Michael T. Klare

La planificación militar más trascendental en la Tierra está teniendo lugar en este momento. ¿Quién le presta la menor atención, dado el continuo cambio de guardia en la Casa Blanca, así como los últimos tweets, revelaciones sexuales, e investigaciones de todo tipo? Y sin embargo, cada vez más es como si, gracias a la planificación en curso en el Pentágono, hubiese comenzado una versión de la Guerra Fría del siglo XXI (con nuevas características peligrosas) y casi nadie se ha dado cuenta aún.

En 2006, cuando el Departamento de Defensa explicó su papel en la seguridad del futuro, se daba una sola misión primordial: su “larga guerra” contra el terrorismo internacional. “Con sus aliados y socios, los Estados Unidos debe estar preparado para librar esta guerra en muchos lugares al mismo tiempo y durante una serie de años”, según describía la Revisión Cuadrienal de Defensa del Pentágono ese año. Doce años más tarde, el Pentágono ha anunciado oficialmente que esa ‘larga guerra’ está llegando a su fin, a pesar de que por lo menos siete conflictos de contrainsurgencia todavía están en curso en todo el Gran Oriente Medio y África, y una nueva ‘larga guerra’ ha comenzado, una campaña permanente para contener a China y Rusia en Eurasia.

“La gran competencia por la energía, no el terrorismo, se ha convertido en el principal reto para la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos”, afirmó el responsable presupuestario del Pentágono, David Norquist, en la presentación de la solicitud de presupuesto del Pentágono 686 mil millones de dólares en enero. “Es cada vez más evidente que China y Rusia quieren promover un mundo en consonancia con sus valores autoritarios y, en el proceso, sustituir el orden libre y abierto que ha permitido la seguridad global y la prosperidad desde la Segunda Guerra Mundial”.

Por supuesto, hasta que punto el Presidente Trump está comprometido con la preservación de ese “orden libre y abierto” sigue siendo una interrogante dada su determinación de acabar los tratados internacionales y desatar una guerra comercial global.

Anotaciones sobre "nuestro patio trasero"

Repaso a las políticas de EE.UU. en Latinoamérica durante la última década

Por: Mark Weisbrot

Antes de que dimitiera en junio, Thomas Shannon era el número tres en el Departamento de Estado de EEUU, y muy influyente en materia de relaciones internacionales con América Latina y el Caribe. A lo largo de sus casi 35 años de carrera profesional, se ganó la reputación de ser un diplomático sumamente eficaz y un habilidoso negociador. Durante el Gobierno de Bush, Shannon trabajó como subsecretario adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental (el más alto funcionario del Departamento de Estado para América Latina y el Caribe). Fue nombrado embajador en Brasil por el presidente Obama antes de su nombramiento como subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, en 2016. Desempeñó sus cargos bajo gobiernos republicanos y demócratas, y estuvo involucrado en situaciones muy polémicas, entre las que se incluye el papel que jugó EEUU en el golpe militar en Honduras en 2009, y en los “golpes parlamentarios” que destituyeron a los presidentes en el Gobierno de Brasil y Paraguay. Shannon estuvo implicado en las tumultuosas relaciones con Venezuela, que fueron deteriorándose progresivamente tras el apoyo de EEUU al breve golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez en 2002. (Shannon fue director de Asuntos Andinos de 2001-2002).
La dimisión de Shannon fue una más entre las muchas que se han producido en el Departamento de Estado durante el Gobierno de Trump, hasta dejarlo mermado y debilitado. En el siguiente texto, Mark Weisbrot imagina cómo asesoraría el embajador Shannon al nuevo secretario de Estado Mike Pompeo, basándose fundamentalmente en el destacado papel que jugó en la política estadounidense en este hemisferio en el siglo XXI.

La carta ilustra la continuidad entre las políticas de los dos Gobiernos anteriores en esta región y las del Gobierno de Trump. A su vez, documenta las diferencias de estilo entre las cualificadas maniobras diplomáticas por parte de cargos como Shannon, y la intervención a muerte y falta de preocupación por la percepción de las mismas por parte de la opinión pública del equipo de Trump. Si bien esta carta pertenece al género de la ficción, los acontecimientos y hechos que se narran en ella están bien documentados, son bastante reales y siguen en proceso.

LA LÓGICA SUBYACENTE EN EL BELICISMO DE DONALD TRUMP

Por: Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia (Sede Medellín)

Tan solo han transcurrido unos pocos meses desde que Donald Trump asumió la presidencia de la potencia hegemónica del planeta. No obstante, él ha dado muestras a granel de un patente belicismo, cuya mejor muestra la tenemos con la llegada del submarino nuclear estadounidense USS Michigan a la península coreana a fines del pasado mes de abril. En concreto, se trata de un submarino con capacidad para arrasar por completo con el territorio norcoreano habida cuenta de que puede portar 24 misiles balísticos Trident II, que pueden dispararse desde debajo del agua y abandonar la atmósfera a velocidades de hasta Mach 24 para, a continuación, reingresar y alcanzar blancos a más de 11.000 kilómetros de distancia. Esto significa que una salva completa de tales misiles puede dispararse en menos de un minuto y desprender hasta 192 cabezas nucleares, con capacidad para borrar del mapa unas 24 ciudades. Es decir, un país completo para efectos prácticos.

Lo anterior no es algo casual en modo alguno, hay una lógica subyacente. Por lo pronto, conviene evitar el reduccionismo harto simplista de considerar a Trump y Obama cual demonios para que así la mayoría piense con comodidad que “los buenos somos más”. Sencillamente, estamos hablando de la propia naturaleza humana, cuyo cerebro aún tiene el complejo reptiliano, justo la sede de la agresión, del ritual, de la territorialidad y de la jerarquía social. Como bien dice el inolvidable Carl Edward Sagan, en lo profundo de nuestro cráneo hay algo similar al cerebro de un cocodrilo. Además, la psicología de los últimos decenios arroja luces poco tranquilizadoras, como las brindadas por el experimento de la Universidad de Stanford de 1971, que suscitó más preguntas que respuestas sobre la amoralidad que hay en la psique humana. Es decir, personas que, en principio, podrían tenerse por intachables pueden, si se hallan en un contexto propicio para ello, darle rienda suelta a su señor Hyde, como quedó demostrado con crudeza con la tortura y abuso de prisioneros en Abu Ghraib por parte del personal de la Compañía 372 de la Policía Militar de los Estados Unidos, agentes de la CIA y contratistas militares involucrados en la ocupación de Iraq.

El drama de los guatemaltecos infectados de sífilis por EE.UU.

Semana.com

El drama de los guatemaltecos infectados de sífilis por EE.UU.

Los guatemaltecos utilizados como “conejillos de indias” hace 60 años ahora buscan una reparación en los tribunales estadounidenses.

“Fue algo aberrante, algo que nunca me podría haber esperado”, cuenta a BBC Mundo Héctor Bardales, de 88 años, quien fue inoculado con sífilis mientras prestaba servicio militar en su país cuando tenía 19 años.

“Una vez fui al cuartel general y allí me abordaron. Un hombre vestido de blanco, que me iba a poner una inyección y me decía en inglés ‘this is good for you’ (esto es bueno para usted)”, recuerda.

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