Grecia: el euro y la licuadora.

Por: Pascual Amézquita Zárate.

Una de las bases económicas de la táctica de izquierda en cuanto a alianzas, coaliciones, frentes de salvación y hasta de gobiernos de transición es enfrentar la fuerza económica del capitalismo y la inercia de su movimiento si se intenta frenar.

Guardadas las proporciones, la comprensión de esa potencia del enemigo fue la que llevó a Lenin, en los años siguientes al triunfo de la Revolución de Octubre a ofrecerles a los capitalistas ingleses facilidades para que hicieran negocios en Rusia, por ejemplo en la explotación del petróleo de Bakú. Con ello pretendía conseguir recursos para reconstruir el país y neutralizar a un muy poderoso enemigo, el señor Hammer, propietario de la Occidental.

Lograr el punto de equilibrio entre entregarse o luchar a muerte hace parte del arte de la política, como se lo recordaría el mismo Lenin a Trotsky a propósito de la negociación de la paz con los alemanes en 1918 en el episodio conocido como Acuerdo de Brest-Litosvsky. Trotsky proponía luchar hasta el final y no hacer concesiones territoriales mientras Lenin decía que la negociación era como cuando se es asaltado en mitad del camino y hay que llegar a un entendimiento con el ladrón para no perder la vida por salvar la bolsa.

Todo esto a raíz de la encrucijada del gobernante partido de izquierda griego Syriza. Las opciones cada día son más en blanco o negro. Acepta los ajustes fiscales (subir impuestos y recortar gasto público) que le impone el FMI para beneficiar a Alemania y con ello se echa encima a la población que desesperadamente eligió a Tsipras como primer ministro. O no acepta el ajuste y el FMI le cierra el grifo de los desembolsos con los que Grecia le está pagando a los Alemanes con lo cual la población también se le vendrá encima, como está empezando a ocurrir hoy lunes con el corralito bancario que se decretó.

Antes de explicar más veamos una opción no contemplada: Que Grecia abandone el euro y reviva su moneda, el dragma. La mejor forma de entender la dificultad de hacerlo la vemos con el ejemplo de Ecuador. Nadie puede sospechar que el presidente Correa (que tiene un doctorado en economía) esté a favor de los gringos como lo estuvo el presidente Jamil Mahuad cuando acabó con el sucre y dolarizó la economía en 2000. Pero en los casi diez años de gobierno de Correa no se ha oído que proponga volver al sucre por una razón esencial: la inmensa dificultad que ello traería, no obstante que ha tenido tiempo y relativa poca presión para intentar hacerlo. Ni siquiera este año cuando la caída del precio del petróleo hizo sentir con toda su fuerza el costo de la dolarización, se ha hablado de desdolarización.

La moneda y la política monetaria de un país condensan en buena medida las relaciones económicas y políticas, es decir, las relaciones de producción. Es el fetichismo de la moneda, de que habló Marx.

Acabar con las viejas relaciones de producción es una tarea titánica como lo ponen de presente los ejemplos de Rusia y de China en el siglo XX. Las fuerzas y acuerdos capitalistas actúan como una licuadora contra quien intenta oponérseles. El asunto se complicó mucho más con la globalización, como lo puso de presente Francisco Mosquera, pues el capitalismo extendió sus tentáculos de manera mucho más intensa y concentrada.

Así que cuando Grecia se niega a hacer ajuste fiscal para liberar recursos para pagarle a sus acreedores, lo que está haciendo es encararse al sistema financiero mundial, ante todo a la banca gringa que fue la que invirtió en Europa a través de sus socios alemanes.

Lo que desencadenó el corralito (prohibición de sacar más de cierta cantidad de euros del banco) fue la jugada del primer ministro Tsipras de llamar a referendo para que el pueblo decida qué quiere, si ajuste o atenerse a las represalias de sus chepitos. Como el resultado del referendo sería más o menos obvio (es decir, nada de ajuste, para eso elegimos a Tsipras, dirá el griego medio), el FMI anunció que no hay más plata y por ende el gobierno griego tiene que cuidar los pocos euros que quedan.

Esta medida no es nueva. El presidente De la Rua en Argentina decretó un corralito (2001) al igual que Tsipras, pero con una notable diferencia: el argentino tuvo el detallazo de avisarle a los inversionistas extranjeros horas antes para que sacaran del país sus dólares.

Para lo que viene hay que tener en cuenta estos datos: De Grecia (cuyo PIB es la mitad del colombiano, pero cuyo PIB per cápita es cuatro veces más grande que el nuestro) se dice que debe unos 250.000 millones de dólares, suma sencillamente impagable. Acá aparece otro dato de esos de primer curso de economía: Si usted debe un millón de pesos y no tiene cómo pagar, está en líos, pero si debe cien millones y no puede pagar, el lío es del que le prestó.

El otro asunto es suponer qué pasa si Grecia no paga: ¿La expulsarían de la zona euro, dando por sentado así que nunca pagará? ¿La invadirían para que pague? ¿Le embargarían el Partenón para administrarlo y pagarse con las ganancias como hicieron los ingleses y franceses con las minas alemanas por allá en 1923?

Finalmente han aparecido en el escenario otro par de actores, Rusia y China que ofrecieron ayudar a la maltrecha Grecia. ¿Entregará la OTAN al país de Aristóteles a sus enemigos de la Guerra Fría? No hay que olvidar el intenso forcejeo que hubo entre Stalin, Churchill y Roosevelt por ese pequeño país (cuya extensión es apenas dos veces la de nuestra Antioquia) finalizando la Segunda Guerra Mundial.

Esta semana es crucial.

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