El Teatro en Pereira, un joven vigoroso, y rebelde.

Por: Aleida Tabares Montes

Esta exposición es una provocación, para que la ciudad se reencuentre en el espejo de su gestus social, su gramática corporal, su memoria, su creatividad, su sensibilidad, su conciencia, su fuerza para resistir los embates de la decadencia espiritual a la que asistimos perplejos.

Actuaciones de entrañas orgánicas, intensidad dramática, aullidos, abigarramientos, caos, estridencias, ponchos, ruanas, consonancias, disonancias clarooscuras, colores, texturas, escenografías dinámicas, insospechadas, ritmos, tonos, acróbatas, saltimbanquis, cuerpos danzantes, sensuales, esperpénticos.

Dramaturgias ortodoxas, dramaturgias híbridas, experimentaciones desafiantes, fronterizas, nómadas. Tramas esculpidas en corazón del Bolívar desnudo y libertario, pero también en las verdes periferias, trasegando por techos y cornisas, protegiéndose de la inercia y la indolencia, donde los lenguajes estéticos se ensanchan, y el gesto, el movimiento, el objeto, el traje, la sonoridad, se disponen con peligrosa curiosidad en el museo efímero de la diletancia, y el decidido rigor de sus oficiantes.

El teatro es un hacer, que es un pensar. Oficio que cuanto más se practica, más vibrante e inexorable, debe ser su capacidad de reflexionar y teorizar. Ahí va su teatro, en proceso, entendiendo el valor de profundizar, de investigar, interrogándose sobre su realidad, sobre los problemas fundamentales de la condición humana, poniéndose la máscara, quitándosela, encontrando sus propias poéticas. Un teatro que sabe, de atajos, inmediatez, letargias, fisuras intergeneracionales, burocracias, ausencia de políticas de largo aliento; pero, también sabe, que todas estas impresentabilidades no llevan a ninguna parte. Un teatro que ha salido al mundo, y ha regresado con más ímpetu. Un teatro que tiene su acervo, su Antonieta Mercuri, y otros forjadores de sinergias, y forcegueos quijotescos. Un teatro con el hechizo propia de su juventud, vigoroso, rebelde, retador del olvido, que se resiste a sucumbir en esa orgía fosforecente del arte como consumo, mercancía, ligereza y frivolidad, de las hegemonías culturales.

55 fotografías, 28 grupos, homenaje que el V Festival Teatro Eje Cafetero Eje Reteje, hace a sus teatristas; también a su público, que crece, en el radiante agosto, anhelante de verdad escénica, de poesía, de imágenes míticas, arquetípicas, que le arrebaten algo de sus viejos y cómodos ropajes, que abra compuertas, nuevos sentidos, para restaurar el impulso de ir hacia adelante, ante la evidencia de tanta oscura sombra, de tanto sueño roto.

Aleida Tabares Montes
Investigadora de Teatro, Dramaturga, Maestra en Artes Escénicas
Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Asab