El de Petro, un programa para la democracia del siglo XXI

Por: Mauricio Vargas González

El 25 de abril tuve la ocasión de asistir a la Asamblea de Progresistas en Medellín donde Gustavo Petro expresó algunas de sus ideas para Colombia. En los renglones que siguen intentaré presentar una síntesis de las mismas. Los ejes de su programa son: La defensa del agua, la necesidad de prepararnos para el cambio climático, la urgencia de combatir la segregación social y el fortalecimiento del bien común.

Petro está proponiendo un programa que recoge las viejas aspiraciones de la clase obrera, las recientes preocupaciones medioambientales y las actuales reivindicaciones de sectores nuevos en la población como son las minorías sexuales. Pretende ofrecer una propuesta fresca y renovadora que recoja a las distintas capas de la sociedad, sobre todo a las clases medias, los profesionales y las llamadas nuevas ciudadanías.

La discusión que se dio durante el arranque de la llamada Apertura Económica de si eran mejores las empresas públicas o las privadas, de si era mejor la intervención de Estado o la libre acción del mercado, Petro propone superarla yendo más allá de los argumentos que caracterizaron ese debate en los años noventa asumiendo un enfoque nuevo más acorde con los retos de los nuevos tiempos, pero que apunta a lo mismo: Un Estado fuerte para proteger el agua mediante la conducción efectiva de la economía, la reactivación de la producción en el campo y las ciudades, la nacionalización de industrias estratégicas: energía, explotación minera, comunicaciones y servicios públicos, además de generar una nueva industria basada en la ciencia y la tecnología, con énfasis en la producción intelectual e inmaterial como el software y la investigación científica.

El líder progresista sostiene que en el siglo XXI para poder proteger el agua, es necesario que el Estado le arrebate el control a los privados, toda vez que en el modelo actual los dueños del capital, en su afán de maximizar sus utilidades, atentan a diario contra el líquido vital al producir mayor contaminación y destruir la naturaleza. En término marxistas, ya no deberíamos hablar únicamente de la contradicción capital-trabajo, también tenemos que hablar de la contradicción capital-vida. Estamos en una etapa tal de desarrollo de las fuerzas productivas, que éstas bajo unas relaciones de producción neoliberales atentan contra la vida misma. Ya no basta con llamar a los trabajadores a resistir la explotación, se trata de llamar a toda la población, a la ciudadanía en general, a resistir en nombre de la vida y de la supervivencia de la especie.

Petro está planteando que alrededor del agua se puede reactivar toda una industria de pesca y de producción local y regional de alimentos. Alrededor de los ríos puede reverdecer toda una vegetación productiva y comercial que casi se extinguió con la globalización. Propone reactivar el mercado interno sobre la base del ambientalismo y el buen vivir. Este punto es un guiño con nuevas visiones posmodernas que tienen cierta acogida en la academia que plantean una visión crítica del desarrollo, pero lo hace sin caer en el dogma idealista que rechaza al Estado y su intervención per se.

Plantea una crítica fundamental a los regímenes de la Primavera del Sur y en general, a las modelos de desarrollo en boga en toda América Latina, toda vez que éstos se han basado en una economía rentística, guardando una fe irracional en los altos precios del crudo y otros bienes primarios y en este modelo como base para la prosperidad. De manera que no solo han contribuido al calentamiento global con la depredación de los recursos naturales sino que no generan condiciones perdurables de creación de riqueza, ya que “solo del ingenio y del trabajo nace la verdadera riqueza de las naciones”, como nos lo recuerda Petro. Solo de estos dos requisitos surge la independencia y soberanía de las naciones, así como la independencia del individuo y su liberación de todo tutelaje.

Sobre esta estructura económica rentística se ha levantado una superestructura política que ha favorecido la corrupción y la burocracia.

Otro de los conceptos que sobresalen de su propuesta es el bien común, aquellos lugares públicos donde las personas pueden gozar en pie de igualdad. El bien común implica servicios públicos y de calidad, salud, educación, riqueza y prosperidad para todos y no para una élite. El mercado no puede garantizar esto, solo un Estado democrático robusto y no la versión raquítica que se pretende imponer desde la visión mercantilista de la sociedad: un Estado austero, impotente y sometido al sistema financiero.

En este punto recoge los planteamientos muy de moda en el principio del milenio en la izquierda posmoderna cuando se hablaba de la riqueza común, el ‘Commonwealth’ en el que las distintas clases y sectores sociales puedan disfrutar del bienestar, donde se encuentren y confluyan de manera armónica y pacífica.

El combate contra la segregación social es otro punto central en la propuesta de Petro: La protección de los vulnerables, de los que son diferentes. Luchar y vencer la violencia económica y simbólica. Esto requiere de unas instituciones que intervengan, que impacten lugares, prácticas y costumbres, que transforme la geografía y la demografía, en busca de la integración y el fomento de una cultura de la tolerancia, el respeto y el amor y la creación de unas condiciones de vida digna, de movilidad social y de esperanza para progresar por vías virtuosas como el estudio, el esfuerzo y el sacrificio.

Finalmente, reafirma su llamado a luchar contra la oligarquía bogotana y las mafias regionales y locales. Uno de los baluartes que ha sostenido y que en el ejercicio de la alcaldía de Bogotá le costaron la arremetida del poder pero que derrotó en la Plaza de Bolívar con ayuda de la ciudadanía movilizada. Una política de la ética y la transparencia que le granjeó el rótulo malicioso y falso de ‘improvisador y mal gerente’, fabricado por los sesgados medios de comunicación privados.

Las medidas que tomó para arrebatarle el negocio del saneamiento básico a las mafias privadas que se enriquecían y prestaban un mal servicio en la recolección de las basuras, sientan un precedente de las tareas inmediatas que todo gobierno democrático y progresista debe realizar para dar cumplimiento a la Constitución y al Estado Social de Derecho: recuperar los servicios públicos para la ciudadanía.

A pesar de contar con el programa más avanzado, completo y aterrizado de cómo empezar a resolver el entuerto llamado Colombia, en la propuesta del exalcalde de Bogotá no queda claro aún, cuál va a ser el mecanismo o el proceso mediante el cual se va a edificar una amplia convergencia con otros sectores políticos de izquierda democrática, centro y derecha civilista que impida el inminente regreso al poder de la extrema derecha en cabeza del uribismo o del candidato del coscorrón. Toda vez que por sí mismo, ningún candidato del campo democrático colombiano está en condiciones de ganar si acude a las justas presidenciales de 2018 de manera aislada y peor aún, si la ultraderecha se une, asestando un golpe tan contundente que podría ganar desde la primera vuelta.

Sin superar primero dicho escollo, no será posible garantizar que un programa de gobierno tan ambicioso y refrescante como el que propone Petro, pueda resultar victorioso y pueda ponerse en marcha para beneficio del país y de las nuevas generaciones.

Por último, cabe señalar que Petro puntea en la última Gran Encuesta Presidencial contratada por Semana, Blue Radio y Caracol, donde registra un 14% de intención de voto.

Hay que destacar que el programa de Petro es el único que plantea cambios estructurales que afectan realmente los intereses de las multinacionales y los grandes negocios en favor de lo público, de los derechos y del bienestar social. Pero aquí cabe hacer una crítica constructiva, los programas y las ideas por sí solas no aglutinan ni movilizan a las masas, estas requieren del músculo: de un partido, de una estructura, de una organización disciplinada, operativa y competente.

Negri habla de las redes, y sí, en el siglo XXI este es un concepto y una práctica que tiene ciertas expresiones concretas y ha logrado algún grado de desarrollo, pero aún la realidad virtual no remplaza la realidad material, la informática no remplaza la fábrica, los robots no remplazan a los trabajadores y la lucha de clases aun no cesa.