De las narco-novelas y otros demonios…

Por: Esteban Morales Estrada.
Historiador.

Se ha vuelto terriblemente común y recurrente que los dos principales canales de la televisión colombiana, insistan incansablemente en la producción y difusión de lo que podemos denominar narco-novelas, definidas de una manera sintética y simple como producciones centradas en el tema del narcotráfico y la violencia mafiosa colombiana. Esa especie de obsesión por este tipo de productos televisivos refleja varios “demonios”, o más bien, deja ver ciertas fisuras que pretendemos ilustrar a vuelo de pájaro en los siguientes párrafos, unas más implícitas que otras, pero al fin de cuentas presentes en todo ese océano de narco-novelas que inundan nuestro medio, como una sombra y que afectan en últimas el desarrollo histórico de nuestro país.

La primera fisura de las narco-novelas es que estas no buscan la reflexión sobre los problemas del pasado nacional, en ámbitos como el narcotráfico y la ilegalidad, sino que hacen una apología al crimen, a la heroicidad del bandido y anteponen la sensiblería poco analítica, al cuestionamiento y entendimiento critico de épocas y procesos. Otra fisura o demonio se relaciona con el objetivo de dichas producciones, que no tiene que ver con el análisis de las sangrientas décadas del 80 y 90, sino con la pura descripción, vacía, plana y sin reflexión. Dichos productos televisivos para grandes multitudes tienen un gran éxito en Colombia y luego se comercializan en otros países, representando unas ganancias sustanciales. La tragedia nacional se convierte en un negocio, sin un eje estructurado en torno al análisis, sino al entretenimiento puro y banal, reflejando un proceso simplista, unidireccional y tergiversado, marcado por una trama raquítica y anquilosada que nunca va más allá de la pura y simple sucesión de acciones violentas, sin tiempo para asumir una actitud crítica o reflexiva respecto a esa violencia en sí misma y a las causas objetivas de esta. Aparecen siempre las dicotomías entre los buenos y los malos, el héroe y el villano y así sucesivamente, todo adornado con historias de amor, clichés, generalizaciones y efectos visuales llamativos. Finalmente, otro demonio tiene que ver con la incansable y casi patológica reiteración de los mismos temas violentos, con moralejas poco trascendentes, que no ayudan para nada en la superación o por lo menos en el conocimiento serio del proceso histórico colombiano por parte de las grandes mayorías.

En definitiva, las narco novelas no hacen más que distraer a una gran porción de público de los grandes problemas del país, y no me refiero a un complot fantasmagórico trazado para mantener ocupados a miles de personas e impedir los cambios sociales tan necesarios, me refiero a una pobreza de contenidos abismal en los dos principales canales colombianos y a una oferta cultural nula, situación poco propicia para tratar de construir un país mejor, con espacios televisivos masivos para el despliegue de las capacidades analíticas de cualquiera que desee ir más allá de los programas de chismes, los realities o los novelones mexicanos y venezolanos. Todo no puede reducirse a los indicadores y a las ganancias por las nubes.

Volviendo a lo anterior, las narco-novelas no hacen más que mostrar situaciones estáticas de manera acrítica y simple, sin llegar a explicarlas o a proponer caminos de superación y aprendizaje. Son un eterno lloriqueo sobre los mismos temas y reflejan los mismos asuntos.
Las narco-novelas recuerdan la violencia mafiosa, pero los argumentos siempre son iguales, cambian los personajes, pero el hilo conductor es similar. No se estudian los fenómenos, sino que se dan vueltas ad infinitum en torno a una rotonda, que toma la misma fotografía superficial de las últimas tres décadas del siglo XX colombiano, dejando por fuera cualquier intención de trascender la simple y plana recreación de un periodo post-frentenacionalista marcado por la inestabilidad del Estado y el fortalecimiento de estructuras paralelas a este. Lo que parece interesar es reiterar, repetir y darle infinitas vueltas a la rotonda, sin seguir otros caminos posibles y más pertinentes, no se pretende superar críticamente una época caótica (entre otras), sino revivirla cada año, cambiando nombres y elencos, pero como negocio al fin de cuentas.

Mientras tanto, ya anuncian otra narco-novela nueva, en medio de nuestro tortuoso desarrollo socio-político y los imponentes desafíos actuales del país en torno a la consolidación de la paz. Tal vez sea mejor para el espectáculo repetir que superar y describir que analizar, por lo menos es mucho más fácil de hacer y deja más plata.