Víctimas, victimarias y lideresas. (3° Parte)

Reseña 2- Capítulo I “La “Ruta del Terror” en la Región Caribe”

Por: Paola Cervera Quintero.

Foto tomada del Libro Mujeres y Guerra. Pág. 35. CNMH.

Continuando co­n la serie de reseñas del libro “Mujeres y Guerra” del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, en la presente se aborda el Capítulo I “La “Ruta del Terror” en la Región Caribe”, el cual describe las disputas armadas que tuvieron lugar en esta región desde 1997 hasta el 2005, y las consecuencias que dichas disputas tuvieron sobre la vida de las mujeres de la zona.

En los años setenta, diferentes organizaciones guerrilleras se asentaron en la región Caribe: El Ejército de Liberación Nacional (ELN), las Fuerzas armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En su expansión y consolidación como grupos guerrilleros recurrieron al secuestro como método de financiación y entre sus víctimas más frecuentes estuvieron los medianos y grandes propietarios de tierras en la región.

Además de las guerrillas en la región incursionaron también organizaciones dedicadas al negocio de las drogas, obteniendo gran auge y poder.

Esta amalgama constituyó el escenario perfecto para el nacimiento de grupos de autodefensas, surgidos como respuesta armada a los ataques de las guerrillas a los terratenientes y ganaderos de la zona. Estos a su vez se consolidaron con los dineros y objetivos de las organizaciones narcotraficantes.

En 1994, la familia de los Castaño, asentada en Córdoba, inició con su propio grupo paramilitar, que más adelante sería parte de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU). Este grupo traía el modelo de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, al que apoyaron terratenientes, narcotraficantes, agentes de la fuerza pública y dirigentes políticos, garantizando las condiciones de financiación e impunidad necesarias para el macabro éxito del entonces naciente proyecto.

Luego, en 1996, con la incursión de Salvatore Mancuso se creó el Bloque Norte, con el objetivo de consolidar su poder en toda la costa norte del país. En abril de 1997 se orquestó la primera reunión que congregó a todos los líderes de grupos paramilitares creados: el Bloque Norte, las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, bajo la jefatura de Ramón Isaza, las Autodefensas de los Llanos, a cargo de Humberto Castro, y las Autodefensas de Puerto Boyacá, al mando de Arnubio Triana Mahecha. De esta reunión nacen las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Las AUC combinaron prácticas y técnicas de terror para lograr su expansión y consolidación, iniciaban con la identificación de supuestos guerrilleros inmersos en la población civil, y luego, a través del uso de asesinatos selectivos y masacres, desplazaban y desmembraban comunidades enteras acusadas de ser simpatizantes de la guerrilla. Esto, unido al respaldo de las fuerzas patrocinadoras de los grupos paramilitares, hizo de las AUC una mole incontenible de muerte, despojo y corrupción, de la cual las mujeres fueron protagonistas como víctimas y también como victimarias.

Dentro de los objetivos de las AUC se encontraba el control político del país. En las elecciones del año 2002 los paramilitares obtuvieron representación del 30% del Congreso de la República, con la participación en este grupo de dos mujeres: Eleonora Pineda y Rocío Arias.

Victimarias

La primera fue signataria del Pacto de Ralito en el año 2001, acuerdo firmado por jefes paramilitares y más de cincuenta políticos de diferentes cargos y regiones con el objetivo de “refundar el país”. Eleonora nació en Tierralta, Córdoba, en donde fue electa como concejala en el 2001 con 748 votos y luego, en las elecciones a la Cámara de Representantes en el 2002 obtuvo un ascenso descomunal al ser elegida con 82.082 votos. Las dos lideresas políticas paramilitares asumieron siempre su papel como “embajadoras” de las AUC “de frente”, destacando en el Congreso de la República la gestión de esta organización como “pacificadora” para el país, y nunca negaron los vínculos que sostuvieron con esa organización criminal. Esta labor, equivalente a la de relacionistas públicas, fortaleció el trabajo político de esa organización y le brindó “caras amables” al proceso de expansión de las AUC.

Otras mujeres fueron encargadas de desarrollar trabajo social en las comunidades, labor que legitimó el trabajo de las AUC en los territorios. Entre ellas Eulalia, responsable de esa labor en el Magdalena. Neyla Alfredina Soto alias ‘La Sombrerona’, quien con 6 semestres de sicología y 10 años de experiencia laboral en trabajo social fue la intermediaria entre la red armada paramilitar y las redes clientelistas del Magdalena. Ellas fueron las gestoras de los respaldos sociales y políticos en la región. ‘La Sombrerona’ se encargó de las reuniones en donde se discutió qué candidatos serían elegidos en el Magdalena y que luego de ser electos cumplieran con sus promesas de campaña.

‘Sonia’, por su parte, era la encargada de pedir recursos a los políticos a cambio de dejarlos gobernar. A través de la Fundación “Mujeres de la Provincia”, obtuvo recursos públicos por cuantiosas contrataciones. Aunque ‘Sonia’ no pertenecía a la esfera militar del Bloque Norte, su imagen era vertical, temible y temida, capaz de asesinar a sangre fría a quien titubeara bajo sus órdenes. Estas mujeres impusieron su ley en la zona, aplicaron normas sobre higiene, urbanismo, comportamiento, feminidad virtuosa y masculinidad respetable.

Otras mujeres parte de las ACCU, haciendo uso de su belleza física, se encargaron de labores de espionaje en dos modalidades, la primera de ‘despiste’ acompañando a paramilitares dentro del casco urbano. De esa manera, si un hombre iba con alguna de ellas no despertaba sospecha, pues la gente pensaba que iba con la novia, escondiendo las reales intenciones del sujeto. La segunda modalidad era la de informantes, veían todo y comunicaban los movimientos sospechosos o la salida y entrada de las personas a los municipios.

Víctimas

El Bloque Norte se dedicó a doblegar las poblaciones como práctica de expansión y consolidación del proyecto paramilitar en la Región Caribe a través de ‘eventos límite’, es decir, masacres, torturas públicas, castigos ejemplarizantes y amenazas masivas. Todo esto con un marcado acento del “orden” patriarcal, expuesto en la naturaleza de sus acciones criminales.


Imagen 1. Número de registros ocurridos de hechos violentos. Mujeres y Guerra. CNHM: Pág. 47.

A su vez, en los eventos con género indicados se encuentran dos categorías, la tortura y la violencia sexual, encontrándose que las mujeres fueron víctimas de los mismos en mayor medida que los hombres con 67% en 1997, año del nacimiento de las AUC; en el 2001 con 50%, notándose el incremento de fuerza de la organización a través de la firma del Pacto de Ralito, y en el 2005 con 60%, pese a estar sujetos al proceso de negociación y desmovilización en el que estaban los grupos paramilitares para ese momento.

Entre las mujeres victimizadas predominaron aquellas que tenían algún tipo de papel representativo en sus comunidades “mujeres emblemáticas- representativas”. Esta táctica de terror, fue utilizada por este grupo criminal para callar y ‘ejemplarizar’. Primero para que estas lideresas dejaran de desarrollar su trabajo en las comunidades y segundo para que la gente supiera lo que les podía pasar si su conducta e ideales no eran acordes con los estándares impuestos por las AUC en la región.

Estos eventos son adicionales a los asesinatos selectivos y masacres desarrollados por las AUC, en las que las mujeres también fueron víctimas directas o indirectas, ya sea por su muerte o por la múltiple carga (física, psicológica, económica, social) que el paso de los actores armados dejó en su vida.

En la próxima reseña se tratará el Capítulo II “La otra violencia: Control paramilitar y vida cotidiana en Rincón del Mar y Libertad”, en donde se tratará como tema el control paramilitar sobre las prácticas sociales y la cotidianidad de la Región Caribe durante el período analizado, así como también las resistencias formadas por las mujeres como respuesta a los armados.

*El Informe completo lo pueden encontrar en este link:

http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/2014-01-29-15-07-55/mujeres-y...

Los invito a dialogar sobre este libro con sus aportes y comentarios a través de la cuenta en twitter @utopaola