Víctimas, victimarias y lideresas. (2° Parte)

Por: Paola Cervera Quintero.

Reseña 3 - Capítulo II. La otra violencia: control paramilitar y vida cotidiana en Rincón del Mar y Libertad. (Primera parte)

Continuando con la serie de reseñas del libro “Mujeres y Guerra” del Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, hoy se aborda el Capítulo II. “La otra violencia: control paramilitar y vida cotidiana en Rincón del Mar y Libertad”. En la primera reseña de este capítulo se presentan las prácticas perpetuadas por los paramilitares para ensañarse en la violencia de género.

Este capítulo describe las experiencias y hallazgos narrados en un taller de memoria que los gestores del Centro Nacional de Memoria Histórica llevaron a cabo en los municipios de los Montes de María. En este taller se desarrollaron varias actividades en conjunto con la comunidad, con el objetivo de obtener la mayor cantidad de relatos de memoria posibles dentro de este ejercicio, entre ellos una línea del tiempo para reconstruir los hechos que ocurrieron en esa región del país, un trabajo de campo etnográfico y revisión de prensa de la época.

Como resultado, se evidenciaron múltiples dinámicas del conflicto armado en los Montes de María, y una detallada descripción de los repertorios de regulación utilizados por los paramilitares para establecer su dominio en San Onofre y sus corregimientos. Entre estas prácticas se seleccionaron las siguientes para ser descritas, debido al patriarcalismo expresado y a la violencia de género inmersas en estas:

En Libertad, corregimiento ubicado en el departamento de Sucre, zona de influencia del jefe paramilitar del Bloque AUC, Marco Tulio Pérez Guzmán alias ‘el Oso’, fue el lugar de los hechos de un “reinado de belleza”, cuyo objetivo aparente fue el de integrar a las comunidades del norte del departamento. En este reinado fueron candidatas diecisiete menores de edad, de los 13 a los 17 años. Las participantes fueron escogidas durante 2 meses por los pobladores de Libertad y los corregimientos aledaños, y correspondía a maestros y líderes comunitarios hacer esta primera selección. Luego, las niñas tuvieron que encontrarse con “el Oso” a solas, y las que no aceptaron esta condición, tuvieron que salir junto a sus familias de la región por amenazas de muerte.

En la audiencia pública tres de las candidatas denunciaron haber sido víctimas de acceso carnal violento, más en la comunidad hay un silencio alrededor del tema, pues al parecer no solo tres sino todas fueron violentadas por alias “el Oso”.

A dicho reinado todos los corregimientos de la región fueron obligados a asistir. Las familias fueron a Libertad, forzados a pagar una boleta de ingreso que los paramilitares dejaban pegadas en las puertas de las casas. Y se obligó a las personas de mayor ingreso a que aportaran 3 o 4 cabezas de ganado o 400.000 pesos. Ya en el evento, se diferenciaron las clases poderosas otorgando las ubicaciones VIP a políticos y paramilitares. Modelos y presentadoras reconocidas entrenaron a las candidatas y fueron llavados músicos desde Cartagena. Las ganancias generadas por este evento fueron centralizadas por alias “el Oso”, por lo que la gente del corregimiento no ganó nada. La fiesta a la que fueron obligados a asistir, y que llevaba consigo el dolor de la segregación, la violación y la coartación, duró 4 días.

En el Alto del Julio, en mayo de 2003, para homenajear a alias “Cadena” fue programada una serie de 16 peleas de boxeo de homosexuales y de mujeres. El acto consistió en enfrentar a homosexuales y a mujeres en el ring. Entre ellos, fueron seleccionados 16 jóvenes LGBTI, los cuales fueron vestidos con pantalonetas, batas y guantes profesionales de boxeo, en contra de su voluntad. El enfrentamiento se daba en plena plaza, frente a toda la población, ridiculizando a los jóvenes LGBTI y a las mujeres, que fueron obligadas a participar. Estos hechos estigmatizaron más a esta población dentro de la región, donde la homofobia y el rechazo hacia algunas mujeres que no obedecen a reglas patriarcales. Como fase adicional, el evento tuvo fiesta, en donde se llevó especialmente un pickup de Cartagena, obligaron a las y los boxeadores a desfilar frente al pueblo, hubo peleas de gallos, en donde los altos mandos paramilitares y políticos tuvieron asiento en la primera fila como claro mecanismo de dominación. Luego de estos hechos, uno de los boxeadores fue asesinado, otros se desplazaron y algunos permanecen en la zona.

En el año 2004 en Rincón del Mar, tres mujeres fueron rapadas. A la primera, le asesinaron su esposo y posteriormente a ella le quitaron el cuero cabelludo, fue llevada al hospital de San Onofre por un hombre que valientemente aceptó sacarla de allí pues los demás temían. Al salir del hospital, la policía enviada por alias “Cadena”, le quitó la receta de las medicinas.

El siguiente caso tiene que ver con la búsqueda de un hombre por parte de los paramilitares, y al no encontrarlo decidieron rapar a su esposa, dejándole graves heridas en su cabeza, y al igual que en el caso anterior al salir del hospital, la policía le quitó la receta de los medicamentos necesarios para su curación. Esta mujer se escondió en el monte durante un tiempo, su padre le llevaba alimentos, con lo que logró resistir, luego se refugió en Cartagena un año sin salir de su pieza. Cuando se llevaron preso a alias “el flaco”, paramilitar responsable de los hechos, pudo regresar a su hogar.

La tercera mujer fue rapada el 31 de octubre de ese año, a las 10 am ,en público, gritándole que “ella era para cuidar hijos y no para andar en fiestas”, esto como ejemplo del castigo que se podría infringir si las mujeres de la zona no seguían la conducta que los paramilitares establecieron como la correcta.

En el corregimiento del Palmar, las personas eran enviadas a días de castigo, en donde tenían que irse a pie, realizar trabajos forzosos y regresarse a pie de nuevo. Este es el sitio de la región donde se han encontrado más fosas comunes, con alrededor 120 cadáveres desmembrados en su totalidad. El campamento de alias “el Oso” tiene la mayor referencia, en cuanto a violencia contra la mujer se trata. Allí se llevaban las mayores de quince y eran obligadas a servirle sexualmente durante temporadas.

A través de estas prácticas y demás acciones cotidianas, los paramilitares definían lo correcto y lo bueno dentro de la región de los Montes de María. Los habitantes lo relatan de este modo: “se tenía un control sobre la gente, debían estudiar o trabajar parejito, nada de pensar diferente, ser vándalo o demás acciones que causaran algo de controversia y desorden dentro de orden establecido”. Las mujeres debían mostrarse respetuosas y obedientes a la autoridad masculina. Las que fueran catalogadas como chismosas, infieles, pelioneras, brujas, eran dignas de castigo, al igual que cualquier aspecto femenino en los hombres.

En la siguiente reseña, se hablará de las resistencias que las mujeres conformaron como respuesta a los hechos a los que fueron sometidas en la época del reinado del paramilitarismo, en esta región de los Montes de María.