Venezuela y Cuba: la agenda desembozada de los piratas del Caribe.

Por: Consuelo Ahumada

Estados Unidos se convirtió hace unas semanas en el epicentro de la pandemia. Día tras día, el número de contagiados y de víctimas mortales crece de manera exponencial, afectando en especial a los más vulnerables: negros, latinos e inmigrantes. El desempleo alcanza un nivel altísimo y las medidas del gobierno para afrontar la doble crisis son cada vez más erráticas y criminales. Con altas dosis de cinismo, su mayor preocupación ahora son las elecciones presidenciales dentro de seis meses, cuyo resultado parece incierto, a menos que ocurriera algo inesperado.

Su estrategia, entonces, es desviar la atención del frente interno y concentrarse en golpear a los supuestos enemigos de fuera. Han sido varios sus componentes. El primero, un ataque sin tregua a China, motivado por la supuesta fabricación del virus en un laboratorio de Wuhan. Esta acusación ha sido desmentida por la OMS, por importantes expertos del mundo e incluso, en estos días, por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

El segundo, un hostigamiento y ataque permanente a la República de Cuba que, en medio de la crisis sanitaria y contra la voluntad de Washington, ha cumplido un papel ejemplar en el despliegue de misiones médicas a más de 70 países del mundo entero. Pero el pasado 29 de abril en la noche se produjo un ataque aleve a su Embajada en Washington, que no dejó víctimas, pero sí importantes daños en la sede. Sobre este incidente, calificado como acto terrorista por el gobierno cubano, Washington no ha dado explicación alguna. Como ha señalado Díaz Caney, su presidente, se trata de un ataque instigado por el lenguaje incendiario que utiliza Trump para referirse a este país.

En efecto, este episodio sucede en un período marcado por el endurecimiento del bloqueo que puso en práctica Estados Unidos contra Cuba desde el año pasado, y se expresó en nuevas restricciones para intercambios turísticos y cruceros, y límite al envío de remesas, entre otras medidas. Washington lo incluyó en la lista arbitraria de los países que no hacen nada frente al tráfico de personas, con el objeto de justificar nuevas sanciones internacionales. ¡Qué lejos quedó el histórico encuentro de Obama y Raúl Castro, en La Habana el 21 de marzo de 2016, para recomponer las relaciones entre los dos países!

El tercer componente de la estrategia criminal de Estados Unidos es sin duda el más importante y peligroso del momento: el cerco a Venezuela. Recordemos que en marzo pasado Trump emprendió un despliegue militar en el Caribe y el Pacífico en América Latina, con el viejo pretexto de combatir el narcotráfico. Pero la Casa Blanca dejó en claro que se trata de derribar al gobierno de Nicolás Maduro, por cuya cabeza y la de sus principales colaboradores ofreció una recompensa millonaria.

Desde enero de 2019, cuando un personaje oscuro denominado Juan Guaidó se autoproclamó como presidente de Venezuela por mandato de Donald Trump y con la complicidad del Grupo de Lima, los ataques contra el gobierno del país vecino se han intensificado sin cuenta ni medida. Sin embargo, todos ellos han resultado infructuosos. Basta recordar el famoso concierto humanitario de la frontera el 22 de febrero del año pasado; el intento de levantamiento y golpe de Estado encabezado por el prófugo Leopoldo López y por Guaidó el 30 de abril siguiente; la incautación de un cargamento de armas que llevaba un ex general venezolano, Cliver Alcalá, desde Barranquilla hasta la frontera, según declaró, por encargo de Guaidó para “llenar de sangre a Venezuela”; o el desembarco de soldados estadounidenses en el lado colombiano de la misma frontera a comienzos de abril pasado.

Sin embargo, el fallido ataque marítimo perpetrado el pasado domingo 3 de mayo a la Guaira, cerca de Caracas, ha sido el más grave de todos. La reacción de las Fuerzas Armadas Bolivarianas permitió frustrar el golpe, conocido como Operación Gedeón. Al estilo del operativo contra el General Noriega en Panamá hace 20 años, se trataba de un intento de derrocar a Nicolás Maduro, apresarlo y llevarlo a Estados Unidos. Así lo confesaron Luke Denman y Erin Berry, dos mercenarios estadounidenses, ex boinas verdes, capturados por el gobierno bolivariano durante el operativo. Este último informó que planeaban inmovilizar y capturar también a importantes funcionarios del gobierno venezolano y disponer los aeropuertos, Maiquetía y la Carlota, para que fueran llevados a Estados Unidos por parte de aviones traídos de ese país.

En una rueda de prensa internacional realizada el miércoles pasado, el Presidente Maduro mostró la copia de un contrato suscrito entre Juan Guaidó y Jordan Goudreau, ex integrante del Ejército de Estados Unidos, excombatiente de Irak y Afganistán y dueño de la empresa de seguridad SilverCorp USA. Firma como testigo del mismo contrato el señor JJ Rendón, asesor de Guaidó, de ingrata recordación en Colombia por su complicidad con la extrema derecha uribista y el narcotráfico.

El objeto del contrato era entrenar mercenarios en la Guajira colombiana y realizar operaciones que tuvieran como objetivo final la salida de Maduro del poder. Su monto fue de más de $200 millones de dólares, que provendrían de la venta de petróleo de la empresa petrolera Citgo, confiscada por Trump al gobierno de Venezuela.

Pero el operativo era todavía más tenebroso. Aparece comprometido como jefe de la logística en Caracas un tal Sergio Vergara, conocido por el robo de recursos durante el frustrado operativo de Cúcuta hace un año. El entrenamiento de aproximadamente 70 u ochenta personas que participaron en la Operación Gedeón se hizo en tres campamentos, en una finca de alias “Doble rueda”, un poderoso narcotraficante de la Guajira. Recordemos que miembros de “los rastrojos” ayudaron a Guaidó a atravesar la frontera para llegar a Cúcuta.

El señor JJ Rendón ha reconocido la validez del contrato y ha señalado que este hace parte de un mismo plan para derrocar a Maduro, ideado por el llamado “Comité Estratégico”, que se conformó en su apartamento de Miami en septiembre del año pasado, con el objetivo de realizar dicha tarea. El señor Guaidó, por su parte, sigue insistiendo en negarlo, pese a las pruebas contundentes. Donald Trump ha señalado también que es ajeno al fallido operativo. Basta ver la artículo publicado el 7 de mayo en el Washington Post para convencerse de que ambos mienten (https://www.washingtonpost.com/world/2020/05/07/de-miamivenezuelafallelp...).

La complicidad del gobierno de Iván Duque no está tampoco en duda. De hecho, ha estado participando con mucha complacencia en toda la estrategia del gobierno estadounidense contra los gobiernos de Venezuela y Cuba. Pero además, él mismo tiene mucho que explicar sobre sus vínculos con poderosos narcotraficantes.

 

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