Un mártir para el Ubérrimo

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

    Uribe sabe inventar símbolos: en la coyuntura electoral del 2010, con el cuentico del “Caballo discapacitado”, desprestigió a Mockus y logró montar a Juan Manuel Santos; en el 2014, con el lema del acuerdo de paz “Hacer trizas el acuerdo” casi nos pone a Oscar Iván Zuluaga; en el 2018, con el cuento del castrochavismo y el “Nos volveremos como Venezuela” puso a Duque y en el 2022 el tema será la persecución política, volverán a Arias un mártir, le limpiaran el historial y lo pondrán a pelearse con posibilidades la presidencia de la república.

La idea de que Andrés Felipe Arias, exministro de agricultura y hoy privado de su libertad por el sonado caso de Agro Ingreso Seguro, sea el candidato presidencial del 2022 por el partido de gobierno, Centro Democrático, no es de ningún modo, una idea descabellada o conspirativa.

Las señales son claras, un expresidente de la república elegido senador por dos periodos consecutivos, viaja hasta Miami a acompañar a su pupilo en una audiencia judicial, buscando que lo regresaran a Colombia en calidad de extraditado; para, con la débil y siempre muy cuestionable justicia de acá, su poder omnímodo, el favor de un pueblo enceguecido que lo vitorea y lo sigue, un presidente inepto e impopular puesto por él y unas fichas clave, en cargos de representación internacional de cierta importancia, generar todo un ambiente político y jurídico favorable, que lo saque en limpio y lo reivindique como un perseguido político del anterior gobierno.

A esto sumémosle las actuaciones que en esa dirección ha realizado el presidente Iván Duque, nombrar embajador en Washington a Francisco Santos, a Alejandro Ordoñez en la OEA, e inicialmente a Carlos Holmes Trujillo en la cancillería y asignarles, a los tres, la tarea de la diplomacia, para regresar a Uribito a Colombia, en un vuelo charter, sin que Migración Colombia interviniera, y sin que el INPEC, diera explicaciones a la Corte constitucional sobre su paradero.

Pocos días después, el senador Álvaro Uribe Vélez habló de la idea de radicar una ley de Segunda instancia judicial, llamada Ley Andrés Felipe Arias, que le permita al exministro y a casi un centenar de políticos y personalidades implicadas en otros delitos relacionados con el caso de Agro Ingreso Seguro y parapolítica, acudir a este mecanismo, buscando limpiar su historial y habilitarse para ser elegidos.
De sentarse este delicado precedente en el país, tendríamos un candidato potenciado por la mano del expresidente, quién ya ha puesto dos mandatarios, (lo que pasa es que con Santos se le amelló el filo de la motosierra, y no lo pudo por fortuna manipular) y que podría poner un tercero, de todos sus afectos, con el beneplácito de la élite terrateniente y financiado con el patrimonio de los que detrás de Arias, se salvasen con la mentada ley.

Uribe sabe inventar símbolos, en la coyuntura electoral del 2010, con el cuentico del “Caballo discapacitado”, desprestigió a Mockus y logró montar a Juan Manuel Santos; en el 2014, con el lema del acuerdo de paz, “Hacer trizas el acuerdo” casi nos pone a Oscar Iván Zuluaga, en el 2018, con el cuento del castrochavismo y el “Nos volveremos como Venezuela” puso a Duque y en el 2022 el tema será la persecución política, volverán a Arias un mártir, le limpiaran el historial y lo pondrán a pelearse con posibilidades la presidencia de la república.

Dependeremos entonces de la capacidad que tengan las izquierdas colombianas de ponerse de acuerdo en un solo y único candidato, fuerte y nuevo, y no uno que representa sus viejas consignas, y métodos, para disputarle la presidencia a Uribito; pero por como veo la cosa, la izquierda y sus vertientes están pensando ahora en otros temas y no haciendo la lectura de los acontecimientos.
No nos olvidemos que la derecha siempre se junta por intereses, sin importar quién es candidato el de turno y la izquierda se divide siempre, por los mismos intereses, facilitándole el camino.
Uribe está creando un mártir y recordemos que, según el mito judeocristiano, este resucitó al tercer día y está sentado a la derecha (o ultraderecha) del padre.

Las opiniones de las columnas son del autor y no representan la línea editorial de Nueva Gaceta.

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