TAXING THE RICH Impuestos a la riqueza y freno a la desigualdad

Nota: 
Las opiniones de las columnas son del autor y no representan la línea editorial de Nueva Gaceta.

Por: Andrea Esguerra C.*

El mundo coincide en que por medio de la función fiscal se incrementan los ingresos del Estado para financiar el gasto público y distribuir la riqueza. También coincide en que una de las fuentes de ingresos de los Estados son los impuestos y que en materia tributaria y de hacienda pública uno de sus principios es la progresividad, que no es otra cosa que un sistema en donde se establece que a mayor nivel de renta, mayor será el porcentaje de impuestos a pagar.

Ahora bien, en la realidad, salvo contadas excepciones, el panorama de pago de impuestos por parte de quienes acumulan mayores riquezas obedece a la teoría y al deber ser. En América Latina por ejemplo, la recaudación de impuestos en general ha aumentado en los últimos años, pero el impuesto de renta sobre las personas y empresas sigue estando por debajo de la norma internacional. Según el Banco Interamericano de Desarrollo – BID en los países con mayor crecimiento y desarrollo económico este recaudo sigue estando 5 puntos porcentuales del PIB por debajo de lo que cabría esperar. En este sentido, la recaudación tributaria proveniente del impuesto de renta, como porcentaje del PIB, ha cambiado muy poco en los últimos treinta años y América Latina sigue ocupando los primeros lugares entre las regiones del mundo con mayor desigualdad.

Esta tendencia no es exclusiva de América Latina sino en general de los países de la OCDE. En el caso de España, desde que se estableció la tributación moderna en 1978 (con el paso del franquismo a la democracia), los ingresos públicos por concepto de impuestos subieron del 20% al 38% del PIB, al mismo tiempo que los tipos máximos en renta han caído de un 65% a un 45% actual(1). De acuerdo con el BID esto también ha sucedido en la mayoría de los países de América Latina, ya que la transición a la democracia en los 80 y 90 no originó nuevos ingresos procedentes de los impuestos sobre la riqueza, sino que amplió el espectro de los impuestos indirectos, los cuales no necesariamente recaen sobre los más ricos.

Esto ha generado una discusión. Según la teoría del votante, en medio de una política redistributiva (Meltzer y Richard) y en un contexto de gran desigualdad y de toma de decisiones democráticas (como es el caso de la América Latina contemporánea), se esperaría que un votante medio relativamente pobre exija impuestos comparativamente más altos a los ricos para lograr la redistribución de los ingresos.

Esta discusión también la están teniendo en Estados Unidos. En el marco de las próximas elecciones presidenciales y dentro de la agenda pública, se plantea la necesidad de que los ricos paguen más impuestos – #TaxingtheRich – Es un trending topic tanto en redes como medios, a la par con temas como la cobertura sanitaria, el racismo y las relaciones geopolíticas.

El partido demócrata estadounidense ha tomado la vocería para hacer un llamado a los multimillonarios de ese país, ya que según un estudio del economista Gabriel Zucman, los 400 estadounidenses más ricos han triplicado su porción de la riqueza desde los años 80 y hoy tienen más que la suma de la riqueza de 150 millones de estadounidenses, que constituyen el 60% de los hogares de ese país(2). Por su parte, las encuestas al interior del partido indican que el 95% se encuentra a favor de crear y aumentar la carga impositiva a los más ricos.

Si la teoría se ajusta a la realidad y en democracia los ciudadanos coinciden en que los más ricos tienen la obligación de contribuir con los impuestos de acuerdo con su fortuna, ¿por qué esto no ocurre? Tanto en Estados Unidos como en América Latina y en un grupo de países de Europa la respuesta radica en el beneplácito de sus élites políticas y económicas.

En estados Unidos el problema se mantiene debido a los famosos grupos de lobby que han hecho presión al senado y por eso no se promueven ni se permiten las reformas que buscan destinar esos recursos a necesidades de gasto indispensables y lograr economías capitalistas más prosperas y menos desiguales. América Latina de igual forma, está atrapada por las élites que concentran el poder económico y político y que han diseñado estructuras tributarias que minimizan sus cargas fiscales.

Los argumentos de las élites económicas a nivel mundial para favorecer sus intereses han sido plantear que la reducción de los impuestos a los más ricos estimula la inversión y que, con más inversión, se genera más empleo y de esa manera, la riqueza se derrama al resto de la sociedad, lo que se popularizó en inglés como el “trickle down effect”. Sin embargo, No hay “trickle down”. No ha ocurrido desde que se empezó a aplicar esta lógica en los años 80.

Lo que sucedió fue exactamente lo contrario. Al respecto el director de la iniciativa “Patriotic Millonaires”(3) Morris Pearl, basado en lo ocurrido en Seattle en 2015 con el aumento del salario mínimo que se duplicó a 15 dólares la hora, se ratifica en que si se aumenta el salario, se aumenta el consumo y con éste se incrementan las ganancias, lo que a su vez genera mayor inversión. Sería el circuito “trickle down” pero desde el consumidor que es quien realmente dinamiza la economía y le genera ingresos al productor de bienes y servicios quien también genera empleo y paga salarios dignos.

Si bien la mayoría de los multimillonarios del mundo cuentan con sus fundaciones, hacen donaciones y caridad, y han creado mecanismos como la RSE - Responsabilidad Social Empresarial - para evadir el pago de impuestos, hay otros pocos que preocupados por la creciente concentración de la riqueza, que pone en jaque la convivencia democrática, han decidido proponer que suban los impuestos a los más ricos. Patriotic Millonaires es un ejemplo notable de estas iniciativas. El requisito para ser miembro es tener ingresos de más de un millón de dólares anuales o bienes equivalentes a cinco millones de dólares o más.

Durante años, posturas teóricas obsoletas y regresivas como la curva de Laffer(4) han servido de sustento para fomentar la creencia de que menores impuestos a la riqueza favorecen la economía y la igualdad. Sin embargo, como se ha demostrado, la disminución de impuestos no se traduce en la dinamización de la economía y en equidad social. La triste realidad es que a los millonarios (La reina Isabel II, Bono de U2, Madonna, futbolistas y deportistas, Carlos Slim, en fin empresarios y políticos), sea cual sea su fuente riqueza no les gusta pagar impuestos. Si realmente hiciéramos parte de verdaderas democracias no se lo permitiríamos.

(*) Profesional en Finanzas y Comercio Exterior
Especialista en Desarrollo Social
Magister en Cooperación Internacional


Referencias bibliográficas

(1). Iván H. Ayala profesor de economía aplicada de la URJC de Madrid. La paradoja de Kaldor.
(2). El triunfo de la injusticia, por Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman: cómo los recortes de impuestos para los ricos impulsan la desigualdad.
(3). https://patrioticmillionaires.org/
(4). CURVA DE LAFFER Los extremos de la curva son lo suficientemente básicos: con una tasa impositiva de 0, el gobierno recaudará $ 0 en ingresos, y con una tasa impositiva de 100, el gobierno aún recaudará $ 0 en ingresos porque las personas no trabajarán sin llevar sueldo a sus hogares.

Las opiniones de las columnas son del autor y no representan la línea editorial de Nueva Gaceta.