Sobre amores modernos y machos dolidos.

Por: Augusto Ramirez.

Hay algo que algunos hombres aún no entienden respecto a la liberación de la mujer, por lo cuál aún no hacen duelo y que los pone rabiosos. Algo que es capaz de hacer que el más progresista termine escribiendo un gimoteo romántico, en el reaccionario sentido del término. Se trata del derecho supremo de la mujer a disponer de su cuerpo cómo le venga la real gana, con quién le venga en gana y en el preciso momento en que le de la gana.

El ejercicio de este derecho lleva a la necesidad de construir nuevas formas de concebir el amor, llegándose a abolir requisitos como el de exclusividad, asunto que es exigido comúnmente como condición para establecer una relación afectiva “normal”. En la práctica, las mujeres han venido construyendo estás nuevas formas de concebir el amor, tomando y retroalimentando las diversas corrientes del pensamiento feminista, desde el burgués, hasta el marxista. Y del mismo modo que ocurre con todos los derechos, los derechos de la mujeres no serán dados generosamente por los hombres, sino que han sido ganados y se seguirán ganado en la lucha. Así las cosas, trasgredir lo que normalmente se concibe por “amor”, se vuelve un acto político.

El campo de combate es cada relación afectiva, y cuando los hombres no entienden las victorias que les arrancan las mujeres, entonces sufren, se atemorizan, ven amenazada su propia “hombría”. El temor también es colectivo, no es gratuita la popularización ciertas palabras, por ejemplo, el término “feminazi”, para menospreciar y atacar expresiones de lucha específicas de las mujeres, no sólo las más extremas.

Cuando se empiezan a sentir y expresar el amor de otras maneras, y se reniega de lo tradicional, entonces ¡se dice que se tiene miedo al amor! Todo porque algunas ya no están dispuestas a ceder sus derechos exclusivos sobre su cuerpo, en aras de este “amor”. Se dice de los hombres ¡que no se estiman! porque algunos estamos dispuestos a respetar dicho derecho.

Hoy las mujeres cada vez más, están explorando nuevos horizontes en cuanto a la forma en que nos relacionamos, están creando nuevas formas de concebir y hacer el amor, y tras ellas vamos nosotros; unas descubren estos horizontes con temor y timidez, otras van más rebeldes, seguras y determinadas. Pueden cometerse errores, por supuesto, estamos en proceso de construcción de algo nuevo, pero aquí ya no debe haber vuelta atrás, cómo piden algunos machos dolidos, quienes ante lo nuevo, ante la progresiva perdida del antiguo poder de los hombres sobre las mujeres, lo que ven es un mundo que parece destinado al naufragio, ¡que termine pues de naufragar ese mundo! Hombres y mujeres, ¡hagamos que se hunda lo más pronto!

¿Quién se puede arrogar definir que es amor y qué no lo es? Cómo es de pretencioso atacar a otra persona con la acusación de que no sabe “lo que es amar”, cuando ese amor no se ajusta a los moldes patriarcales o románticos, y peor aún, cuando acudiendo a la valía de la propia subjetividad sobre el amor, se niega la validez de la construcción subjetiva del otro. En esta lucha, algunas pueden llegar a ser remisas a usar la palabra “amor” o “noviazgo”, para en acto político, dejar totalmente en claro que no se quiere significar lo que comúnmente se significa con esas palabras, sino que se quiere algo nuevo.

Cada quién debe tener derecho al libre desarrollo y expresión de lo que entienda por “amar”. Una parte del mundo va por ahí buscando su media naranja, para casarse cómo “deber ser”, cómo se muestra una y otra vez en las películas de Hollywood y en las telenovelas. Sí son felices con eso, pues nadie tendría por que molestarlos. Lo que debe tenerse claro y respetarse es que cada vez hay más personas sientiendo otros modelos de vida. No es que estas personas no sepan acerca del “verdadero amor”, que supuestamente sólo es posible en la complicidad cósmica entre dos, y que “nos salvará”, según los cánones de Hollywood y del Vaticano. No, sencillamente, estás mujeres y hombres están dando pasos hacia otros horizontes del amar.

Tampoco es que sean “promiscuos” estas mujeres y estos hombres, con sus amores modernos; este es otro ataque común, especialmente, contra las mujeres. ¿Cómo puede hacerse esta acusación? ¡cuando al ocurrir la infidelidad lo “normal” es la hipocresía, lo “sano” es esconder en privado los amores cuando estos no son como manda Hollywood y el Vaticano! Cuando la búsqueda de “el verdadero amor” es muchas veces un viaje sin fin de pareja en pareja, cómo si las relaciones humanas fueran de usar y tirar, cual mercancías capitalistas.

Dejémonos pues de mojigaterías. Los hombre conservadores, que busquen mujeres conservadoras, o bien, que no pretendan menospreciar o atacar el amor de aquellas que les arrebatan victorias, a las que no han podido aprender a amar. La revolución sexual de la mujer, cómo la revolución en general, no es una fiesta, a menos que estemos en el bando ganador. Hoy en día, el bando que tiene todavía mucho por ganar, es el de las mujeres; la forma misma en que amamos y concebimos el amor, ¡es el campo de batalla!.

Augusto R. M.

Original Julio 2015, revisado en Enero 2016.