Sí a la Paz

La NO-VIOLENCIA debe orientar la izquierda y el marxismo en Colombia.

Por: Mauricio Vargas González.

A nombre del Marxismo y de la Izquierda se han cometido las peores aberraciones en el país.
Hablo de la lucha armada, del terrorismo, el secuestro y de los discursos del odio. Decía Francisco Mosquera que el foquismo, la guerrilla, la combinación de las formas de lucha y todas esa “teorías” y prácticas que legitimaban y fundamentaban la violencia obedecían más a una “táctica terrorista” que a una política popular, usada entre otras cosas por las élites liberales y conservadoras desde la Independencia hasta mediados del siglo XIX y por el Uribismo ya en el siglo XXI.

El maoísmo planteó que el sentido de la política es “servir al pueblo”, ese es el verdadero sentido de una revolución democrática que requiere Colombia. Esa concepción pequeño-burguesa “infantil y rígida” propia de “políticos astutos y clérigos piadosos” ha traído tremendos sufrimientos al pueblo explotado y ha estimulado que la mafia, los terratenientes y la extrema-derecha impulsaran la creación de las autodefensas, las convivir y todo tipo de organizaciones sicariales para exterminar los líderes sociales.

Quien ve al indigente, al indígena desterrado, al niño violado, a la adolescente prostituida y en general a todos los humillados de este país -que es uno de los más desiguales el mundo- y piensa en violencia, es porque le hace falta “descalzarse” y ponerse al servicio de los que sufren, pues quien se sacrifica y lucha de verdad, no le queda tiempo para esas elucubraciones fantasiosas que tanto daño le han causado a los campesinos y masas urbanas empobrecidas de las ciudades.

¿Para qué sirve el tropel?

Por: Sebastián Hincapié Rojas

El tropel universitario hoy: entre la insignificancia simbólica y la ineficacia política
“Cuando se quiere decir alguna cosa en el campo político, se puede poner bombas como los anarquistas del siglo pasado, se puede hacer huelgas o manifestaciones. Pero se requiere fuerza política para realizar manifestaciones políticas visibles”. Pierre Bourdieu (2013)


    “No quiero decir que no tengamos que hacer nada. Lo que digo es que esta presión para hacer algo es, bastante a menudo, una forma muy perversa de impedir que pensemos”. Slavoj Žižek (2014)


Tal vez sea bueno comenzar este escrito explicitando lo que no es y lo que no pretende ser, previniendo así posibles deformaciones que quieran endilgarle significados que impidan nuevas reflexiones: no es un panegírico de la no violencia, de esos que abundan entre los biempensantes obsesionados por sustraer el contenido histórico a toda manifestación violenta, volviéndola así incomprensible. Tampoco se parte aquí del principio: “toda violencia genera más violencia”, consigna popular que a menudo se encarga de ocultar las condiciones estructurales que producen algunos tipos específicos de violencia, como la simbólica, o bien el rol determinante que la violencia ha jugado en algunas transformaciones políticas. Lo que sí pretende es proponer una reflexión crítica sobre el uso del tropel como forma de manifestación política en las condiciones actuales. Cuáles son sus implicaciones y cuál es su relevancia dentro de la protesta, específicamente la protesta estudiantil, son parte de las preguntas que alentaron este escrito.

La ineficacia política y simbólica del tropel

El tropel es un acto político, de ello no hay duda. Es una manera de manifestar un descontento, de mostrarse inconforme frente a una situación considerada injusta y de llamar la atención de la ciudad frente a ella. Pese a que el tropel es fruto de universitarios inconformes, éste busca tener un impacto más allá, tener un eco en los medios de comunicación y en el gobierno; en últimas, generar un impacto político. De ello dan cuenta los comunicados, las consignas y las declaraciones que hacen los capuchos en el transcurso de la confrontación. También es un acto simbólico: el tropel propone representar una violencia permanente pero silenciada, pretende explicitar un conflicto latente y para ello no sólo recurre a las papas bomba y a los cocteles molotov, también hay una indumentaria específica de quienes asisten a la representación, hay órdenes cerrados, murales, trapos y pasacalles. De hecho, en la Universidad de Antioquia, uno de los últimos tropeles contó con una acción que un grupo de activistas ya había realizado en la ciudad: los capuchos tinturaron de rojo las fuentes de la ciudad universitaria para protestar por el asesinato sistemático de líderes sociales.

¿A quién benefician los encapuchados en las protestas?

Por *Julián De Zuburía

    Los encapuchados no representan a los estudiantes universitarios. Sin embargo, rectores, profesores y alumnos no han respondido con suficientes mecanismos para aislarlos. El pedagogo Julián De Zubiría propone algunas estrategias para la defensa de las universidades oficiales.

Las protestas son justas y necesarias en una democracia si son masivas, argumentadas y pacíficas. En este sentido, hay que reconocer que los estudiantes nos dieron, entre octubre y diciembre del año anterior, una gran lección al garantizar que se cumpliera a cabalidad con esas condiciones en las gigantescas manifestaciones que convocaron en defensa de la educación oficial.

Los estudiantes crearon mecanismos excepcionales de protección de la fuerza pública y expulsaron a los encapuchados de sus marchas. Lograron, de esta manera, establecer un estilo de protesta más creativo, simbólico y masivo. Por eso, por primera vez, la población respaldó masivamente sus luchas.

Los diversos sondeos de opinión señalaron que entre un 92 y un 94 por ciento de los colombianos estábamos de acuerdo, ya que consideramos justas sus causas y muy bien argumentados sus motivos. Bastaba ver un debate televisivo para darnos cuenta de que estábamos ante la presencia de un movimiento estudiantil más maduro, reflexivo y propositivo que el que habíamos encontrando en las décadas anteriores.

La consecuencia inmediata de esas protestas estudiantiles las conoce la nación: por primera vez en la historia, se sentaron a dialogar y a resolver los problemas educativos el equipo del Ministerio de Educación (MEN), los profesores y los líderes de estudiantes. Al final, el gobierno cedió a las presiones y se comprometió a transferir 5,9 billones adicionales para la educación superior y la ciencia, algo que marcará un hito en la defensa de la educación oficial del país. Las próximas generaciones tendrán que agradecerles por su lucha.

Sin embargo, fueron diferentes las imágenes que nos mostraron los medios masivos de comunicación del paro nacional realizado el pasado 25 de abril. Allí vimos grupúsculos aislados de estudiantes lanzando piedras a un pequeño grupo de policías arrinconados en la Plaza de Bolívar y otros pintando las paredes y la puerta de la catedral. En total no eran más de 50 jóvenes, pero ellos sembraron el caos e impidieron que los oradores se expresaran ante unas 10.000 personas que se aglutinaban para protestar contra el Plan de Desarrollo.

Los encapuchados no representan a los estudiantes, ni defienden los intereses de las universidades públicas. Nunca han generado ningún impacto positivo para la educación; por el contrario, sus refriegas con la fuerza pública han conducido al cierre de las universidades oficiales, a la pérdida de servicios complementarios y a la detención de algunos de los estudiantes que observan un grotesco espectáculo en el que un pequeñísimo grupo de estudiantes lanza piedras y “papas bomba” a la fuerza pública, mientras que otros observan el enfrentamiento como si se tratara de un juego rutinario.

Un país que ha convivido con las masacres, las desapariciones y los desplazados, es probable que, por tradición, se haya acostumbrado a las pedreas en sus universidades oficiales. No obstante, no hay que olvidar que en ellas se tendrían que lanzar ideas, hipótesis, investigaciones y propuestas, ¡y no explosivos! Absolutamente todas tendrían que ser territorios de paz, de diálogo y de rechazo a la violencia, venga de donde venga. El pensamiento crítico y la formación de mejores ciudadanos, dos de las prioridades actuales de formación en las universidades, son la antítesis de las pedreas entre estudiantes y fuerza pública.

Globalización, Paz y jóvenes.

Por: Mauricio Vargas.

En el contexto de la globalización neoliberal, donde todo se vuelve un negocio: derechos como la salud y la educación y donde se privatizan empresas públicas para enriquecer fortunas privadas, es fundamental el papel que debe jugar la sociedad civil, los ciudadanos y en especial los jóvenes, para la construcción de democracia y la defensa del patrimonio público y de las instituciones y los derechos.

En cualquier ámbito pueden leerse los efectos de la economía de mercado: Hospitales públicos y universidades desfinanciados sistemáticamente, venta de empresas estratégicas del país - como Isagen- , reformas tributarias regresivas –como la actual-, la precarización laboral, la primarización de la economía – “la locomotora minera”- etc.

Hablamos en un contexto internacional, de una élite del 1% de la población mundial que está acaparando la riqueza de todo el mundo y que mediante las entidades financieras y
políticas fiscales, han logrado someter a los gobiernos y derribar la soberanía de los países.

En el marco de la lucha de la ciudadanía por sus derechos y en su resistencia al modelo foráneo, se conquistó la alcaldía de Gustavo Petro en Bogotá. Las sanciones que le impusieron a este se enmarcan dentro de esta confrontación fundamental entre los intereses de la ciudadanía y de capitales nacionales y foráneos. Petro introdujo un nuevo esquema de aseo con el fin de fortalecer la participación de las empresas públicas así como darle cumplimiento a sentencia de la Corte Constitucional e incluir a los recicladores en la prestación de este servicio. Así mismo, bajó las tarifas de Transmilenio para garantizar el acceso a este servicio por parte de la población más vulnerable. En ambos casos, jueces al servicio de los negocios y de los privados, lo sancionaron por ser políticas que van en contra de la lógica de negocios del neoliberalismo. Aducen que violó el principio de libre competencia y que produjo detrimento patrimonial. Argumentos amañados que tienden a desconocer que estas políticas garantizaron la prestación de un servicio y atendieron el principio del interés general.

Qué hay detrás del discurso del odio

  • La xenofobia, el rechazo de la pluralidad, la mentalidad paranoica frente al mundo exterior y la construcción de chivos expiatorios se han convertido en tendencia mundial. Hay que tomar en serio la cuestión nacional, no dejarla en manos de los extremistas. Es necesario fortalecer la cohesión colectiva

Por: SAMI NAÏR

Lamentablemente, en el panorama europeo de renacimiento del neofascismo, España ya no es una excepción. Se acaba de teñir, casi por sorpresa, de las pinceladas del color oscurantista y xenófobo que avanzan por doquier en el Viejo Continente, el color de la ultraderecha. Se demuestra, una vez más, la sagacidad de la afirmación del gran Quijote: “No hay memoria a quien el tiempo no acabe”.

Si bien España solo cuenta ahora con un grupúsculo —Vox—, este se inscribe de lleno en una ola de nacionalpopulismo neofascista que se extiende de modo alevoso por todo el mundo; sin duda, una nueva época se está abriendo, de importantes y graves retos que las democracias tendrán que afrontar, probablemente durante unas décadas. Es innegable que la globalización liberal que se puso en marcha a final del siglo pasado ha entrado en una fase crítica, debida a su patente y consciente desregulación caótica, responsable de sus contradicciones actuales. La búsqueda de un nuevo equilibrio económico-social planetario se hace, pues, imprescindible. Afrontar el desafío de este nuevo periodo exige imperativamente a las democracias encontrar modelos económicos y sociales que apuesten, de modo efectivo, por eliminar la gran brecha actual de la desigualdad, por la solidaridad, expectativas que son de la inmensa mayoría de la población arraigada en la civilización del respeto mutuo y de la dignidad. Al mismo tiempo, sin embargo, resulta llamativa la aparición —como consecuencia de los efectos disgregadores de la globalización— de capas sociales reacias étnica, cultural y políticamente, que se identifican con un discurso de odio de remota experiencia. Se trata de una tendencia mundial, cuyas características comunes son tan importantes como sus diferencias.

En EE UU, la irrupción de Donald Trump ha venido acompañada de una mutación de fondo, a la vez demográfica y racial: los trabajadores blancos de Kansas, Detroit, Texas y otros lugares del país apoyan al magnate inmobiliario porque promete frenar la llegada de los latinos, no pagar servicios sociales a los afroamericanos, acabar con el relativismo de los valores. Ellos temen no solo perder el empleo por competir con otros países, sino que su miedo se resiste también a los fundamentos de la igualdad institucionalizada, así como a la mezcla demográfica y étnica que encarnaba la política de Barack Obama. Un temor transformado en gasolina política por Trump, con una ideología ultrapopulista. Es, en definitiva, un nacionalpopulismo new wave, que retoma muchos de los ingredientes del fascismo clásico: rechazo del mestizaje (del que subyace, para muchos, la defensa de la “raza blanca”), oposición de los de abajo a los de arriba, xenofobia, mentalidad paranoica frente al mundo exterior, política de fuerza como método de “negociación”, denuncia del otro y de la diversidad, hostilidad frente a la igualdad de género, etcétera.

EL 11 QUE NO TERMINA

Por: Ruth Ospina.

El pasado domingo 11 de noviembre se conmemoró en Segovia los 30 años de la masacre que dejó 46 víctimas. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), esta conmemoración se llevó a cabo en el marco de un acto simbólico “la verdad, un camino hacia la reconciliación. Nunca más una masacre en Segovia” convocada por los familiares de las víctimas, organizaciones sociales y la administración municipal.

Aquel día, un día sin sol para Segovia. Un día donde no hubo Fuerza Pública que hiciera algo por detener a aquellos hombres que disparaban sin misericordia a diestra y siniestra por las calles del pueblo. Un día en el que, como lo señala Miguel Romero, en su reportaje para el CNMH, “los segovianos recogían los vestigios que dejaron las balas y lavaban las marcas que habían dejado los ríos de sangre por las aceras, muchos aún buscaban a sus familiares y todos se lamentaban de esta tragedia, el pueblo de Segovia estaba dolido. El sepelio de ese día fue colectivo, se enterraron a ancianos, niños, jóvenes, hombres y mujeres, algunos militantes de la Unión Patriótica y otros sin ningún tipo de relación con este movimiento, sin embargo allí habían caído en la masacre ante las recientes amenazas del grupo paramilitar Muerte a revolucionarios del Nordeste (MRN)”.

Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, “por estos hechos, la Corte Suprema de Justicia condenó a 30 años de prisión al ex representante a la Cámara por el Partido Liberal, César Pérez, quien se alió con miembros del Batallón Bomboná y del comando de Policía de Segovia, así como con los paramilitares Fidel Castaño y Henry Pérez, este último ex jefe de las Autodefensas de Puerto Boyacá, para cometer esta masacre luego de que su partido perdiera las elecciones del 86. En su momento fue condenado Fidel Castaño como determinador y 2 civiles y 5 miembros de las Fuerza Pública por su participación en la planeación y ejecución de las amenazas y la masacre”. Fuerza Pública y líderes políticos aliados con paramilitares para masacrar a la comunidad.

La idea de José Obdulio, “hay que neutralizar a la oposición”

Por: Juan Bonilla

Las pasadas elecciones han dado y darán mucho de qué hablar en el futuro de nuestro país. Por una parte, vimos el resurgir, cada vez más fuerte y decidido de las fuerzas alternativas colombianas manifestando abiertamente su voluntad de cambio político por medio de tres espectaculares campañas, de líderes experimentados, las cuales tuvieron las llaves de la Casa de Nariño en las manos, pero las perdieron por arrogancia y egos personales. Aun así, los ocho millones de votos por Gustavo Petro serán un referente de aquí a la eternidad ya que, pese al más que probado fraude, la izquierda logró mostrarse como una alternativa viable y seria de poder en Colombia.

Por otra parte, la alianza en la segunda ronda de las elecciones de todos los sectores políticos tradicionales alrededor de Álvaro Uribe es un hecho al menos vergonzoso. Todos recordamos los debates realizados por senadores como Roy Barreras y Armando Benedetti en favor del acuerdo de paz de la Habana, la resistencia de más de 16 años del liberalismo para no dejarse absorber por los movimientos uribistas, las posturas “progresistas” sostenidas por senadores conservadores como David Barguil y Efraín Cepeda que incluso iban en contravía de las posturas del Centro Democrático… y en fin, no vale mucho la pena nombrar todo; si una lección nos dio la segunda ronda de las elecciones es que ellos son los dueños del país, y cuando alguien de fuera de su círculo se levanta para cuestionarlo todos cierran filas para proteger sus privilegios de clase (leer el Golpe de Melo de 1854).

Tener cualquier esperanza en que fueran estas elites tradicionales las que defendieran el proyecto de una Colombia democrática era algo ingenuo.

Gracias, Francisco

Por: Jaime Vargas Ramírez
13 de septiembre de 2017

Gracias Francisco, por los 5 días que nos regaló a los colombianos. Porque dejamos de escuchar malas noticias, porque los encumbrados dejaron de aparecer en las pantallas, los pícaros y los corruptos dejaron de ser celebridades esos días, y muchos políticos, que se creen líderes, dejaron de trinar tanto. Hasta bajaron los homicidios. ¡Qué alivio fueron estos días!

Gracias por dejarnos mensajes claros y firmes contra los violentos, los corruptos, los narcotraficantes, los banqueros, los politiqueros y contra curas torcidos, es decir, contra los duros de corazón y alma podrida; “Hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”.

Gracias por recordarnos la cizaña que todos llevamos en nuestro corazón.

Gracias por sus piropos a esta sufrida nación que nos ayuda a ver la otra cara de la moneda; “Colombia es una nación bendecida de muchísimas maneras; la naturaleza pródiga no solo permite la admiración por su belleza, sino que también invita a un cuidadoso respeto por su biodiversidad”.

Artículo 12. “Nadie será sometido a desaparición forzada, a torturas ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”(1)

Por: Andrea Guzmán

Parafraseando la Constitución Política Nacional de 1991, pareciese que esta fuese la frase de un Estado donde aprendió a mirarse con los ojos del perdón, que abatió la guerra y construyó líneas de democracia, soberanía y paz. Sin embargo, tristemente desde que tengo uso de razón la muerte ha sido ese baluarte de dolor nacional, el olvido se ha convertido en atenuante de repetición, y el silencio, como el combustible de una permisividad voraz.

El conflicto de diferentes poderes económicos ha fraguado la reciente historia de una constitución que alcanzó a nacer justo con un modelo de interacción comercial de Colombia con el mundo, y se instauraba como uno de los proyectos con mayor posibilidad de acercamiento e integración transfronteriza. Sin embargo, muchas de las secuelas que actualmente acontecen fueron desencadenadas en ese período circunstancial; de ser así, cambios en las perspectivas políticas y económicas abonaron terreno para las innumerables crisis en el sector salud, educación, agrícola, industrial y, por ende, laboral que hoy tenemos.

Cuando salí del colegio, vi una camioneta que pasaba y en la parte de atrás cargaba consigo unos 6 militares con sus pesadas armas. Tantas veces lo había visto por la tele, que hasta natural me pareció la escena. Sin embargo, no dejé de sentir miedo; unos minutos más tarde, me encontré con mi abuela, quien me esperaba para llevarme con ella hasta la casa materna. Caminamos y le pregunté si sabía qué pasaba, a lo que respondió con claridad –ay mijita, yo solo pienso en la familia de ese muchacho. Que hombres tan malos los que le hicieron eso-

De Pacificador a Enemigo acérrimo de la Paz. Por una fuerza que transforme Colombia.

Por: Mauricio Vargas González.

De pacificador que llevó a la guerrilla hacia el repliegue y que desmovilizó a los paramilitares –una desmovilización parcial, turbia, cuestionada- al acérrimo enemigo de la paz, Uribe será recordado, no ya como el presidente de la "seguridad y la concordia" sino como el ex-presidente mezquino que le puso todos los palos en la rueda a la paz de un país que ha sufrido por más de cinco lustros los desgarradores efectos de un conflicto armado que desplazó a seis millones de colombianos y en el cual murieron 218.094 compatriotas, 82 por ciento, civiles. (1) Mientras Santos, con Nobel de Paz en mano, ahora se esfuerza por sacar adelante la reglamentación de los acuerdos con el respaldo del Partido Liberal, y demás partidos de la Unidad Nacional, además del respaldo de la ciudadanía y de partidos políticos alternativos y organizaciones sociales.(2)

La lucha armada jamás fue el camino para las transformaciones sociales. La ‘combinación de las formas de lucha’ fue criticada por Francisco Mosquera desde finales de los sesentas.
Hoy presenciamos la oportunidad histórica para la autocrítica y la debida corrección. A su vez esta aventura bélica generó la más terrible reacción destructora del adversario y clases afectadas, quienes ganaron el pulso y doblegaron la población a base de crímenes de lesa humanidad (3). Por fin podrá haber garantías mínimas para hacer política de izquierda de manera sana y mediante ideas únicamente.

El dominio del paramilitarismo y el narcotráfico absorbió el poder local y regional remplazando las viejas élites tradicionales, gamonales y gremiales, reconfiguró la composición de clases (4) mediante una transformación de la economía, la apropiación de los recursos del Estado y el auge de las rentas ilegales como la producción y refinamiento de cocaína. Dieron al traste con el mandato de descentralización y democratización promulgado por la Constitución de 1991, toda vez que los espacios, nuevas herramientas y la apertura que ha proporcionado la Carta -en su gran mayoría y de manera significativa- han sido tomadas por estas fuerzas oscuras para beneficio propio.

Las tesis de abril: de Lenin a las Farc

Por: Jaime Vargas

A comienzos de abril de 1917 y luego de siete días de viaje en un tren que lo llevaría de Suiza a Rusia, Lenin esbozaba ante sus partidarios y simpatizantes las tareas del momento en las llamadas Tesis de abril. Tesis que lo llevarían al poder, en hombros de obreros, soldados y campesinos pobres sublevados y organizados en los soviets.

Los soviets hicieron su primera aparición en las huelgas del estallido rebelde de 1905. Su progresiva acción revolucionaria dentro de la clase obrera, soldados y campesinos, los convertiría en motor y centro revolucionarios que, dirigidos por los bolcheviques, crearían un nuevo tipo de Estado.

Con la abdicación del zar Nicolás II se constituyó un primer gobierno provisional, pero los trabajadores seguían en las calles, seguían organizando comités, huelgas, nombrando representantes para el soviet, los campesinos empezaban a tomar la tierra y los soldados se negaban a pelear, los soviets se convierten en un verdadero contrapoder.

La Cuestión de la paz en la agenda electoral Colombiana

Por: José Fabio Naranjo.
OBSUR (Observatorio del Sur)

Comienza la implementación de los acuerdosde paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC-EP, refrendados por el Congreso de la República; y comienzan, en la hermana república del Ecuador (1), las conversaciones públicas entre ese mismo gobierno presidido por el flamante Premio Nobel de Paz 2016 Juan Manuel Santos y la segunda guerrilla más importante del país, el ELN (2) y con ello la expectativa del logro de la “Paz total” en Colombia.

Envergadura, desafíos y significación de la implementación de los acuerdos de paz.

Los acuerdos de paz que comienzan a implementarse, con las FARC-EP, son de una gran envergadura pues apuntan a atender las más de 8 millones de víctimas del conflicto armado colombiano y dan elementos para la construcción de un nuevo modelo de Estado en cuanto a la participación política, a la atención al campo y al medio ambiente, al enfoque sobre el problema de las drogas, a la atención a los problemas específicos de las mujeres. Pero todo ello requiere – y está acordado-, un combate frontal contra el paramilitarismo, enemigo número uno de la paz, el cual apoyado por la ultraderecha es autor de crímenes continuos contra líderes sociales, defensores de derechos humanos, líderes campesinos y lideresas (3). Hecho que constituye un interrogante igualmente constante sobre si esta vez el Estado, fortalecido y relegitimado, será capaz de derrotarlo, aunque no da muestras siquiera de reconocer su existencia. No es buen signo que el Fiscal General de la nación, cuyo despacho parece incapaz de cumplir con la promesa de proteger la vida de los opositores políticos o de resolver al menos uno de cada 10 casos de asesinato, y quien es acusado por las FARC-EP de amistades paramilitares, se centre en las típicas cuestiones semánticas, en este país de leguleyos, lingüistas y palabreros y coloque la discusión en la “no sistematicidad” de los crímenes, esto es que dichas muertes no responden a un plan coordinado.

Jóvenes, busquedas y perspectivas.

Por: Mauricio Vargas González

Mucho se habla hoy en día sobre la necesidad de estudiar, sobre la importancia de tener un buen trabajo, sobre granjearse una buena posición en esta sociedad para vivir con menos necesidades y menos urgencias.
Es casi un dogma religioso, o mejor, todo un sistema informático, la ética del Nuevo Orden Mundial: la competencia neoliberal y el mercado. En esas tres palabras podemos reducir hoy el Zeitgeist o espíritu de los tiempos. Seguir al pie de la letra el recorrido establecido para aquellos privilegiados que pueden estudiar de niños y para quienes pueden costearse la universidad, resulta objetivamente provechoso para asegurar unas mínimas condiciones de seguridad laboral y capacidad de consumo acorde con los estándares posmodernos.

Las contradicciones de la sociedad colombiana en el siglo XXI y el alcance del acuerdo de paz con las FARC

Por: Consuelo Ahumada*

Las difíciles condiciones políticas, económicas y sociales por las que ha transitado Colombia durante las últimas décadas tienen su origen en la confluencia de dos factores fundamentales estrechamente interrelacionados. Ambos son atribuibles tanto a la responsabilidad histórica de la clase dirigente del país como a los designios de quienes han detentado el poder en el orden mundial. El primero de ellos es la persistencia, intensificación y degradación de un conflicto armado que se ha prolongado por más de medio siglo. El segundo factor es el abandono histórico o la presencia precaria del Estado en importantes regiones del país y su fracaso en la construcción de un modelo de desarrollo que integre estas regiones y les procure a sus habitantes unas condiciones dignas de vida.

Esta situación se agravó a partir de los años noventa por la imposición de unas políticas económicas, en consonancia con la llamada globalización neoliberal, que fueron acogidas sin reserva y con entusiasmo por las élites de todos los países latinoamericanos, incluida Colombia: reducción del papel económico y social del Estado y desdén por el mercado interno, favorecimiento a los inversionistas extranjeros y al gran capital nacional y acatamiento de políticas de ajuste fiscal y restricción del gasto público. Al cabo del tiempo, dichas medidas han propiciado una mayor concentración de la riqueza, el deterioro del empleo y la exclusión social, no solo en la región sino en el mundo entero.

Nunca más.

Una ojeada histórica

Por: Samuel Camargo.

Ahora que el país se apresta a brindar su apoyo al acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc al votar SÍ en el plebiscito, quizá sea útil lanzar una mirada a las circunstancias que rodearon el nacimiento de ese grupo insurgente. En 1943, durante el segundo gobierno de López Pumarejo, la división del liberalismo en dos fracciones, gaitanista y turbayista, fue determinante para el ascenso a la presidencia en 1946 de Mariano Ospina Pérez, de la ultra derecha conservadora. Jorge Eliécer Gaitán caía asesinado en 1948. El investigador Salomón Kalmanovitz escribe en los años setenta: “El asesinato de Gaitán es parte de la ofensiva terrorista del gobierno que… en este momento elimina a su máximo aglutinador quien se perfilaba como seguro ganador de las elecciones presidenciales de 1950”. Ospina impuso a sangre, fuego y fraude el nombre de Laureano Gomez en cuyo gobierno el país soportó el escalamiento de la violencia contra liberales “nueveabrileños”, comunistas y opositores.

GUERRA DE GUERRILLAS

El plebiscito del 2 de octubre: lo que está en juego.

Por: Consuelo Ahumada*

El próximo domingo 2 de octubre se realizarán las elecciones más importantes de la historia del país en muchas décadas, con las que se buscará refrendar el acuerdo suscrito entre el Gobierno y las FARC en Cartagena el pasado 26 de septiembre. Tanto este evento como el mismo proceso de paz que le puso fin a este conflicto armado de más de medio siglo, se dio en medio de unas condiciones bastante singulares:un contexto nacional marcado por una fuerte polarización política y el respaldo contundente de los países de América Latina y del mundo entero.

No se trata solamente de un pretendido ejercicio democrático en el que se decidirá entre dos opciones, representadas por el SÍ y el NO. El plebiscito será un nuevo pulso entre dos sectores de la élite dominante, que han compartido un modelo económico excluyente, pero que desde hace más de un lustro se han enfrentado cada vez más por la solución que se le debe dar al conflicto armado en el país.Mientras el expresidente Álvaro Uribe insiste en la salida militar para derrotar a la guerrilla, el presidente Santos impulsó y desarrolló exitosamente el proceso de paz con la guerrilla más antigua del continente.

El triunfo contundente del SÍ en el plebiscito es fundamental, por las siguientes razones:

1. Los costos humanos de la guerra.

Nueva Gaceta por el Sí al plebiscito del 2 de octubre.

Nota Editorial

Contra lo que cabría esperarse en un país destruido y hastiado por más de medio siglo de violencia derivada del conflicto armado, un sector de la población está dispuesto a votar por el No en el plebiscito.

Entre los falsos argumentos que el uribismo, principal fuerza impulsora de la negativa, ha esgrimido, está el de que se entregó mucho a las Farc a cambio de poco. Que habrá impunidad, que la guerrilla se tomará el poder, que el costo será muy alto. En fin, que los negociadores, empezando por Santos, hicieron todas las concesiones.

En consecuencia, dicen, si se impone el No con ello se obligará a las Farc a sentarse a negociar de nuevo.

Los dirigentes sindicales debemos promover el sí en el plebiscito por la paz.

Por: Miguel Ángel Delgado R.
Director Depto. Comunicaciones
CUT Bogotá Cundinamarca.

El plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana fue avalado finalmente por la Corte Constitucional. Según los tiempos calculados por voceros oficiales este se llevaría a cabo en septiembre u octubre, o sea, estamos a tan solo 90 días para que los colombianos decidan por si cesa la confrontación armada con las Farc o continua el enfrentamiento bélico con ellas. Esta es la nuez de los acuerdos, la esencia de este proceso.

Colombia, en estos tres meses, entrará en un profundo debate político en torno a los contenidos de los acuerdos, su implementación, sus protagonistas, el llamado posconflicto y tantos otros aspectos que se derivan de ellos, pero finalmente todos, de una manera u otra, tendremos que decidir por el sí o por el no, porque la abstención en esta ocasión se une indefectiblemente al no.

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