RECUPERACIÓN INVERSA

Nota: 
Las opiniones de las columnas son del autor y no representan la línea editorial de Nueva Gaceta.

Por: Aníbal Gómez Restrepo*

Con las últimas noticias sobre lo que el gobierno quiere hacer en materia económica, bien pareciera que está actuando a la inversa. Ya escuchamos la propuesta sobre las hipotecas inversas, con la que se pretende, esperemos que de buena fe y no para favorecer al sector financiero, darles capacidad de compra a unas personas que, a pesar de tener activos, estos no les producen rentas, es decir, ingresos para consumir. Aunque este no es el tema de este escrito, no sobra decir que no será fácil hacer que las personas mayores, cuyo sueño de toda la vida haya sido el tener casita propia, estén dispuestas a entregar ese sueño.

Otra cosa que se puede interpretar como hecho a la inversa es el de la recuperación económica. No hay que echarle al Presidente la culpa de lo que se está proponiendo en cuanto a la recuperación del sector privado porque para ejercer la Primera Magistratura del país no se necesita ser un experto, lo más importante es que tenga buen criterio. Hay que entenderlo, él estudió derecho y cuando trabajó en el banco Interamericano se dedicó, se dice que con éxito, a labores culturales, no económicas.

Pero quien sí sabe de economía y bastante bien es el ministro Carrasquilla. Él sabe de economía y ya demostró, con los bonos del agua, que también sabe de negocios. El problema es que quienes saben de esas dos cosas, manejan la economía no para que produzca bienestar -claro que a algunos pocos, sí- sino para que produzca riqueza -otra vez, a unos pocos-. Él se ha convertido en el adalid del neoliberalismo y lo hace muy bien pero el gran problema de las políticas neoliberales es que, si bien producen riqueza, aceleran la desigualdad económica de un país. Los esfuerzos económicos se concentran en ofrecerles condiciones de crecimiento de su riqueza a las grandes empresas industriales y comerciales y descuida el bienestar de los millones de personas que dependen, para subsistir, de lo que las pequeñas empresas y el estado mismo puedan hacer por ellos.

Claro que el problema de la desigualdad es muy difícil de resolver, no sólo a nivel nacional, y precisamente por ello es que hay que hacer los mejores esfuerzos para, por lo menos, disminuir las grandes diferencias. Uno se aterra cuando sabe que solamente los 4 hombres más ricos del mundo, si juntaran parte de su riqueza, que no toda, podrían comprar el Producto Interno de Colombia en el 2020 pues tienen más de mil billones de pesos. ¡Cuatro personas de las 7,500 millones de personas que tiene el mundo!

¿Por qué recuperación inversa? Porque lo que parece más sensato para salir de la crisis económica no es vender patrimonio sino comprarlo. El poco patrimonio común que le queda a los colombianos (así como su casita a los pobres) son las empresas del Estado, que son las más grandes y más rentables del país, tales como Ecopetrol e ISA y que constituyen inversiones en campos estratégicos de nuestro desarrollo. Este gobierno quiere venderlas, es decir, hacer que los colombianos no tengamos ese patrimonio, que lo entreguemos como se quieren que se entreguen las casas con el cuento de las hipotecas inversas.

El gobierno lo hace por cuanto le teme mucho al crecimiento del déficit fiscal en razón de las bajas de impuestos y de los menores ingresos por petróleo y turismo, a lo que habría que sumarle los subsidios que se están dando en esta época y porque, encima de eso, le teme mucho a incumplir con la deuda externa. No hay nada que aterrorice más a un ministro de hacienda que la palabra “default”, así estemos en medio de la pandemia más asustadora que ha enfrentado la humanidad y por ello nos veamos obligados a tomar medidas fuera de la ortodoxia económica y a incumplir con compromisos que parecieran incumplibles. Ahora bien, si lo que el gobierno quiere hacer es vender estas empresas para obtener unos ingresos que le permitan salvar a miles de empresas, especialmente las que más empleo ofrezcan es decir, las pequeñas y las medianas, estaría bien. Lo aconsejable, en las actuales circunstancias es que el gobierno, en vez de vender, compre, mediante la utilización de sus reservas y adquiriendo deuda, una participación razonable y estudiada en una gran cantidad de empresas para, de esta manera, capitalizarlas y darles la liquidez que les permita recuperarse. La idea sería comprar acciones o participaciones con una especie de pacto de retroventa que obligue a esas empresas, que fueron apalancadas por el Estado, a recomprarle al Estado esas participaciones en unas condiciones que se pueden pactar de antemano. La decisión del “tempo” y los montos de inversión se estudiarán, lo mismo que las prioridades sectoriales.

Para el manejo responsable de la inversión, puede pensarse en que el gobierno nombre delegados en las juntas directivas o en las pequeñas, en sus juntas de administración y aún, en algunos casos, puedan ser los actuales miembros de esas juntas quienes sean designados para defender, dentro de la empresa, los intereses del nuevo socio y traten de contribuir con su presencia a la rentabilidad y a la obtención de utilidades, lo mismo que a la estabilidad de los trabajadores para que, así, se garanticen los niveles de empleo que necesita la recuperación económica. Lo que nos debe resultar absolutamente prioritario para recuperar nuestra economía es impulsar el consumo. Es importante anotar que, siempre que sea posible, los dueños mayoritarios de las empresas sigan siendo los empresarios privados y no el Estado.


    *Exalcalde (d) de Bogotá
    Exsecretario de Hacienda de Bogotá
    Impulsor de la creación de la FUNDACION SOCIAL DEMOCRATA DE COLOMBIA