PARA USAR BIEN EL TIEMPO EN LA EMERGENCIA

(Una pausa en el agite de la cuarentena).

Por: Arturo Villarreal Echeona

Todos habrán experimentado en estos días la dificultad para hacer rendir el tiempo, a pesar de la cuarentena, que nos exime de las rutinas laborales. Eso es debido principalmente a la urgencia de mantenerse actualizado sobre los distintos aspectos de la epidemia emergente, sobretodo las recomendaciones terapéuticas, sanitarias y convivenciales Pero también la necesidad de información más general, que permita tener el criterio y el comportamiento más conveniente y ajustado a las circunstancias.

Eso implica el manejo de un gran volumen de información, que nos inunda a través de las redes en forma de videos, audios, fotos, documentos y avisos. Para no hablar de la fuente televisiva y de la radio, aunque éstas se vuelven cada día menos determinantes. Y significa también un elevado nivel de intercambio con los amigos y colectivos en función de nuestras necesidades afectivas, laborales, o de compromiso social. Si a ello le sumamos las ocupaciones domésticas y familiares que entraña para hombres y mujeres el obligado encierro en casa, la presión de las exigencias puede llevarnos al estrés. Algunos sencillamente decidirán relajarse y hasta darse a la locha aprovechando la cuarentena. Pero otros, quizás la mayoria, por razones de naturaleza o de conciencia, como en mi caso, no podremos acogernos a esa opcion. Nos vemos, pues, obligados a seguir abriendo mensajes, viendo fotos, descargando videos, examinando documentos en diagonal, dando likes, compartiendo, comentando, chateando, hasta los límites de la locura, so pena de perder los amigos, caer en el ostracismo o quedar coronados por el virus. Viendo el problema desde mi óptica de periodista (me gusta esta vieja designación del oficio), una solución para todos podría ser que la gente llegue a entender la importancia de la eficiencia en la comunicación.

Lo que equivaldría al surgimiento de una nueva cultura ciudadana en esta materia. No para que todo el mundo se vuelva periodista, sino exactamente para todo lo contrario: para que podamos prescindir de ellos. Y que me perdonen mis colegas, pero esta parece ser la tendencia. Y más en estos tiempos en que la prensa, que nunca ha sido inocente, está más infectada que nunca de tantos ismos virales. De manera que aprovechando el desarrollo de las redes, el nuevo periodismo ha ido derivando hacia la sana costumbre, en materia noticiosa, de beber la leche al pie de la vaca, o sea en el mismo instante y lugar donde la noticia se produce. Lo que la preserva de adulteraciones. Pero solo hasta cierto punto, porque todos los que intervienen en este ya no tan espirituoso renglón de la productividad humana, los comerciantes de la mercancía noticiosa, sus distribuidores y hasta los mismos consumidores se han pervertido hasta el punto de que ya nadie confía en sus propiedades nutritivas.

Porque las noticias, supuestamente enriquecidas con todo tipo de adornos y empaques engañosos, son en buena medida falsas o ilusorias. Pero haciendo al margen todos esos inconvenientes, lo que yo quiero proponer, para retomar el tema del tiempo, es que cualquiera que tenga una noticia que vender o regalar, no la mande cerrada, sino provista de una pequeña dedicatoria que nos permita saber de qué se trata. Ya en este punto, descubro avergonzado que el primer desconsiderado en esta materia soy yo mismo, pues bien pudiera haberle ahorrado tiempo a mis amigos, simplemente publicando un aviso que dijera: "Con la epidemia, el tiempo se ha encogido como cierto organo vital de los viejos...¡Por favor, escriban corto y cuando manden un video o un enlace, anuncien de qué se trata".

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