De Pacificador a Enemigo acérrimo de la Paz. Por una fuerza que transforme Colombia.

Por: Mauricio Vargas González.

De pacificador que llevó a la guerrilla hacia el repliegue y que desmovilizó a los paramilitares –una desmovilización parcial, turbia, cuestionada- al acérrimo enemigo de la paz, Uribe será recordado, no ya como el presidente de la seguridad y la concordia sino como el ex-presidente mezquino que le puso todos los palos en la rueda a la paz de un país que ha sufrido por más de cinco lustros los desgarradores efectos de un conflicto armado que desplazó a seis millones de colombianos y en el cual murieron 218.094 compatriotas, 82 por ciento, civiles. (1) Mientras Santos, con Nobel de Paz en mano, ahora se esfuerza por sacar adelante la reglamentación de los acuerdos con el respaldo del Partido Liberal, y demás partidos de la Unidad Nacional, además del respaldo de la ciudadanía y de partidos políticos alternativos y organizaciones sociales.(2)

La lucha armada jamás fue el camino para las transformaciones sociales. La ‘combinación de las formas de lucha’ fue criticada por Francisco Mosquera desde finales de los sesentas.
Hoy presenciamos la oportunidad histórica para la autocrítica y la debida corrección. A su vez esta aventura bélica generó la más terrible reacción destructora del adversario y clases afectadas, quienes ganaron el pulso y doblegaron la población a base de crímenes de lesa humanidad (3). Por fin podrá haber garantías mínimas para hacer política de izquierda de manera sana y mediante ideas únicamente.

El dominio del paramilitarismo y el narcotráfico absorbió el poder local y regional remplazando las viejas élites tradicionales, gamonales y gremiales, reconfiguró la composición de clases (4) mediante una transformación de la economía, la apropiación de los recursos del Estado y el auge de las rentas ilegales como la producción y refinamiento de cocaína. Dieron al traste con el mandato de descentralización y democratización promulgado por la Constitución de 1991, toda vez que los espacios, nuevas herramientas y la apertura que ha proporcionado la Carta -en su gran mayoría y de manera significativa- han sido tomadas por estas fuerzas oscuras para beneficio propio.

La política de seguridad en las ciudades, terminó convertida ante la incapacidad del Estado por ejercer el monopolio de la fuerza y las armas, en un simple negocio y las institucionalidad en un simple intermediario muchas veces legitimador y cómplice de estas estructuras armadas(5) que empezaron a regular la justicia y demarcar territorios invisibles en las barriadas populares de las principales ciudades del país. El incipiente desarrollo institucional producto de unas élites sin identidad y grandeza histórica, sumado a la imposición del dogma neoliberal, que llama al Estado austero y raquítico, así como la quiebra de la industria nacional por el mercado terminaron configurando una situación de derrota y total incapacidad de la autoridad legítima para dirimir, contrarrestar y recuperar el dominio del territorio y de regular la población en muchas zonas rurales y urbanas de la república.

Nos convertimos en un país asediado por los bárbaros, donde tras las políticas oficiales llenas de pompa y falsedad –por las desigualdades e injusticias que entraña el modelo neoliberal- se escondía un gobierno de las sombras, que regía el crimen y cooptaba la clase política y las autoridades locales y regionales para imponer su hegemonía, el reino de la impunidad y el éxtasis de las astronómicas ganancias del narcotráfico y la extorsión.

El daño de esta guerra ha sido terrible para la democracia, para la economía, el medio ambiente y sobre todo para los movimientos sociales y las alternativas políticas, que se vieron reducidas a su mínima expresión, acorralados por las lógicas de los actores armados. Sin embargo, la situación ha ido cambiando… tenemos que señalar que finalizando el siglo XX y despuntando el nuevo milenio, como ecos de la resistencia contra el nuevo orden mundial como las protestas de Seattle de 1999 y el nacimiento de los vientos del Sur con la victoria de Chávez en el mismo año, la victoria de Lula Da Silva en Brasil en 2003, de Néstor Kirchner en Argentina en 2003, de Evo Morales en Bolivia en 2006, de Rafael Correa en Ecuador en 2007 y de Pepe Mujica en 2010, en Colombia hemos empezado a despuntar con la victoria de Antonio Navarro Wolff en la Alcaldía de Pasto 1995, la Alcaldía de Lucho Garzón en Bogotá en 2004, la Gobernación de Nariño de Navarro Wolff en 2008, la Alcaldía de Cali por Jorge Iván Ospina en 2008, la Alcaldía de Bogotá de Petro en el 2012 y la Gobernación de Nariño por Camilo Romero en 2016.

Es decir, el conflicto armado ha venido perdiendo protagonismo e incidencia en el país, aun cuando nombró presidente en 1998 con Pastrana, en 2002 y 2006 con Uribe Vélez -representante del fascismo criollo- y a Santos en 2010 y 2014, último periodo en el cual hay un viraje decidido hacia el diálogo y los Acuerdos de Paz, podemos registrar que las fuerzas alternativas han venido ganando terreno en la opinión pública en distintas regiones y ciudades del país, toda vez que hay también otros asuntos y aspectos relevantes que claman atención por parte de la ciudadanía. Sin embargo es posible que este asunto defina el Presidente para el 2018, que es lo más seguro...

Frente al tema de la Paz está en jaque la concepción de democracia, al quererse implantar el llamado Estado de Opinión y el Estado Comunitario, una versión criolla del populismo fascista y la aniquilación total de los contrapesos del poder por la popularidad del caudillo, de Uribe o del "que ponga Uribe”. Así mismo está en suspenso la imposición de una cultura mafiosa del miedo, la intimidación, la intolerancia y la opresión contra el más débil. La protesta social está en peligro, recordemos que Uribe no dudó nunca en tildar las justas reivindicaciones y movilizaciones ciudadanas como ‘marchas infiltradas por los terroristas’ o simplemente como terroristas.

Sin embargo las fuerzas alternativas no podemos asumir una postura pasiva, de espectadores del liberalismo y la unidad nacional. Tenemos que asumir las banderas de la Paz en nuestras manos. Aunque también subsiste el miedo de que las represalias de las élites entronizadas legales e ilegales apunten su dedo contra nosotros…

La coyuntura a nivel mundial y nacional dan muestras de un desgaste de las instituciones, de los partidos y de un reavivamiento de la protesta social como lo muestra el Paro de Maestros y Estatales, el estallido de inconformidad e indignación popular en Chocó y en Buenaventura, lo que abre las ventanas para la conformación de un Gran Frente Alternativo por la Paz liderado por fuerzas progresistas.

En este sentido candidatos como De La Calle y demás fichas muy relacionadas con el gobierno de Santos –en muy bajos niveles de popularidad- pierden peso y atractivo, y muy posiblemente repitan las experiencias con Serpa y demás candidatos que al verse muy relacionados con gobiernos anteriores no suscitan las esperanzas de cambio que el electorado quiere encontrar en candidaturas alternativas.

Así pues que la ‘Pura y Simple Paz’ es la consigna para recuperar el Estado de Derecho, las libertades públicas y para que los auténticos demócratas de Colombia salgamos del túnel de la violencia y pasemos a la vanguardia de las luchas ciudadanas, progresistas y del nuevo milenio para empezar a transformar el país.

Por eso la bandera fundamental, principal, de manera diáfana, directa y sin rodeos para las presidenciales del 2018 debe ser la Paz, y esta debe estar impulsada por las más amplia convergencia de fuerzas del espectro democrático: desde la izquierda democrática, el centro a la derecha civilista.

Si dejamos que el Uribismo gane estas próximas elecciones como ganó el NO en el plebiscito, esto sería un tremendo retroceso y una involución histórica hacia la barbarie, el fascismo y la sociedad mafiosa.

La 'Enorme Coalición' es la respuesta correcta para la coyuntura histórica que vive Colombia.

1) Cifras del RUV: Registro Unico de Víctimas del Gobierno Nacional: http://cifras.unidadvictimas.gov.co/Home/General

2) Editorial Bagatela: http://labagatelaptc.blogspot.com.co/2016/10/la-pura-y-simple-paz-necesi...

3) Parapolítica: La ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos. Mauricio Romero, León Valencia. Paramilitarismo y pueblos indígenas. Pag 346, Masacre del Nilo.
4) Los señores de la guerra: de paramilitares, mafiosos y autodefensas en Colombia. Gustavo Duncan. La estructura de clases bajo el dominio de los señores de la guerra, Pag 153.
5) Parapolítica: La ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos. Mauricio Romero, León Valencia. Medellín, El complejo camino de la competencia armada. Pag 109.