Nueva Gaceta por el Sí al plebiscito del 2 de octubre.

Nota Editorial

Contra lo que cabría esperarse en un país destruido y hastiado por más de medio siglo de violencia derivada del conflicto armado, un sector de la población está dispuesto a votar por el No en el plebiscito.

Entre los falsos argumentos que el uribismo, principal fuerza impulsora de la negativa, ha esgrimido, está el de que se entregó mucho a las Farc a cambio de poco. Que habrá impunidad, que la guerrilla se tomará el poder, que el costo será muy alto. En fin, que los negociadores, empezando por Santos, hicieron todas las concesiones.

En consecuencia, dicen, si se impone el No con ello se obligará a las Farc a sentarse a negociar de nuevo.

Pero en la decisión del Si o el No deben sopesarse grandes consideraciones. En relación con los problemas políticos del país, el asunto principal es que hay un grupo armado que ha sido una de las causas de la desolación al país. El hecho de que uno de los puntos centrales del acuerdo de La Habana haya sido la desmovilización de las FARC y la dejación de las armas implica un cambio de inconmensurable profundidad.

La política armada ha dificultado el surgimiento de una corriente de izquierda democrática como la de muchos países latinoamericanos, representada por personajes como Rafael Correa en Ecuador o Dilma Rousseffen Brasil.

Esa misma política armada de las Farc sirvió de excusa a los paramilitares para acometer sus genocidios a nombre de una cruzada contra el terrorismo.

El fin de la actividad política armada permitirá que el descontento social pueda expresarse, sin que el Estado lo combata en nombre de la lucha contra el terrorismo.

Otra consideración es que, si triunfa el No, al día siguiente se reactivará la guerra y será necesario padecerla durante no menos de cinco años mientras que un nuevo presidente logra acercamientos con las Farc para iniciar y concluir un hipotético nuevo y mejor acuerdo.

Mientras tanto, el pueblo seguirá sumando miles y miles de muertos a los 250.000 que ya ha puesto, y más desplazados a los 7 millones existentes, pues como lo anota uno de los personajes en la impactante película La Gran Guerra, de Mario Monicelli, "Los hijos de los ricos siempre tienen la suerte de ser declarados no aptos".

Pascual Amézquita
Editor general