NO MÁS DE LO MISMO

Jaime Vargas Ramírez
Junio 9 de 2017

No más de lo mismo, es lo que esperamos los colombianos cada que elegimos presidente y otros cargos de elección popular. Y siempre, cada 4 años, hay frustración y desilusión por que los candidatos no cumplen con lo que prometen. No hay verdadera solución a los más variados y complejos problemas que nos aquejan. La corrupción, la violencia, la desigualdad, la injusticia y la pobreza, campean a lo largo y ancho del territorio nacional.

La mitad de los habilitados para votar no lo hacen porque no creen en los políticos, ni en los partidos, ni en las promesas. La otra mitad de la mitad que vota, comprados por la mermelada de una maquinaria electoral tradicional -bien aceitada desde los tiempos del Frente Nacional-, votan por los mismos de siempre. Y queda un voto de opinión o independiente, que trata de acertar votando por algunos candidatos decentes, que los hay, tanto de izquierda como de derecha, vale decir.

En ese contexto, la izquierda, tradicionalmente oposición, tampoco acierta en dar soluciones, pues parece acomodada desempeñando esa función desde 1930 que nace el Partido Comunista. Después de muchos años, de ires y venires, de la aparición y desaparición de infinidad de corrientes, de aciertos y de errores, -porque de los horrores que respondan los armados- toda la izquierda con sus matices, no logra encontrar las llaves para entrar a la Casa de Nariño. Estamos hablando de casi noventa años buscando el premio. Se ha ensayado de todo… bueno, de casi todo, para conseguir tal objetivo: el abstencionismo, la lucha armada, la lucha política desarmada, la combinación de estas dos, frentes sociales, políticos, etcétera. Incluso, la unidad de la izquierda toda, la legal, claro está, podría decirse se dio en los setentas con la Unión Nacional de Oposición, y en el 2006, cuando votamos por Carlos Gaviria para la presidencia.

Lastimosamente después de esos conatos de unidad, los esfuerzos se pierden y vuelve y aparece la división. Para las próximas elecciones dos bloques o coaliciones despuntan en el horizonte; unos, los que aparecieron estos días en una foto después de una cena, que dicen que lo de la paz ya no es lo importante, que es la corrupción y otros problemas que ameritan un gobierno de cambio. Y otros, los que le “metieron los dedos en la boca” al presidente del Senado y se colaron al edificio del Congreso para echar poesía, menos mal, sostienen que lo que necesita Colombia es implementar una paz estable y duradera, y por consiguiente un gobierno de transición. He aquí las palabras que empiezan a dividir de nuevo: cambio o transición.

En el pasado las divergencias tenían que ver con el apoyo a gobiernos extranjeros, a la lucha armada, al vanguardismo revolucionario, el purismo ideológico, a la táctica. Hoy son casi las mismas razones, más de lo mismo. ¿Caudillismo, vanguardismo, equivocación en la táctica, en la estrategia, incapacidad de leer la realidad, todas las anteriores? Habría que reconocer algo de todo lo anterior, porque no podemos seguir echándole la culpa de nuestra incapacidad, al establecimiento y la derecha colombiana, de todas nuestras derrotas.

La autocrítica como arma del marxismo para corregir, poco se aplica. Por ejemplo de quienes se han alzado en armas y después vuelven al “redil democrático”, sobre el asunto de la táctica, no dicen ni mu. Las Farc, en sus 61 tesis, para convertirse en partido político legal, no contempla un párrafo, una frase, ni siquiera una palabra, que indique que cincuenta y pico de años de guerra para la toma del poder, significó un craso error en eso del “análisis concreto de la situación concreta” del marxismo leninismo, escuela del pensamiento a la cual siempre dicen que han adherido. Eso de la verdad, justicia, reparación y no repetición, debería empezar por aquí.

Y los elenos, en reciente entrevista que les hizo la revista Semana en La Habana a sus dos máximos dirigentes y ante la pregunta de ese medio sobre si no temen estar a espaldas del momento histórico del fin del conflicto, Gabino responde: “Nunca hemos pensado tomar el poder por las armas porque ningún destacamento armado lo ha hecho en el mundo. En todas partes la gente asume el control y el poder con el respaldo de destacamentos armados. Nosotros hemos jugado un papel en esa resistencia. Ojalá se desarrollen espacios democráticos para no tener que alzarse en armas, nadie es partidario de la guerra”. Si entiendo bien, entonces las Farc hicieron la guerra para buscar la paz y el ELN, solo para respaldar las luchas ciudadanas. ¡Cincuenta y tres años echando bala!, para concluir ahora que nunca tuvieron la intención de tomarse el poder por medio de la lucha armada. ¡Sencillamente…delirante!

A pesar de todo, a los sectores democráticos se le presenta una oportunidad de oro en la próxima contienda electoral. Deberán aunar esfuerzos con sectores del centro y la derecha civilista, para concretar una gran coalición donde quepan amplios sectores de la población, más allá de la izquierda, porque ya hemos visto que aún unida no logra hacerse a las mayorías. Si de verdad se quiere contribuir a la profundización de la democracia y evitar que el autoritarismo de la extrema derecha nos vuelva a gobernar, pues en la foto deberán estar todos los líderes del SÍ, santistas o no, y todos los de la izquierda, incluyendo a Petro -dicho de paso-, víctima del linchamiento político y moral por parte de algunos órganos de control y la gran prensa.

¿Veremos más de lo mismo en la izquierda o seremos capaces de construir una amplia unidad que nos lleve por senderos de una verdadera democracia?