México: populismo neoliberal en tiempo de Covid-19

Por: Miguel Ángel Urrego*

El manejo de la pandemia en México ha venido generando, como en otros países de la región, una serie de choques de diferente intensidad y sentido. Esto se debe a la improvisación por parte del gobierno, a su negativa a paralizar las actividades económicas y atender oportuna y adecuadamente la pandemia y al surgimiento de una gran variedad de intereses. Antes de explicar el manejo del covid-19 creemos necesario explicar brevemente las características del actual régimen.

El régimen priista se había hundido en gran desprestigio debido a los escándalos de corrupción del gobierno de Enrique Peña Nieto y por el evidente sometimiento a la política exterior de Estados Unidos, que se manifestó en la invitación oficial al entonces candidato Donald Trump; la aceptación de los condicionamientos estadounidenses para la renovación del Tratado de Libre Comercio; y la entrega de la Orden Mexicana del Águila Azteca a Jared Kushner, yerno de Trump, por sus servicios prestado en las negociaciones del TLC. Adicionalmente, hay que tener en cuenta que en gran parte de los estados pululaban los escándalos de corrupción en los que participaron activamente muchos gobernadores. La suma de estos hechos produjo una crisis profundas en las finanzas públicas por lo cual los planes de ajustes radicales se vieron por las elites políticas como una necesidad, pero ¿quién asumiría el costo político de los severos recortes? Fue entonces cuando el PRI dio un paso al costado.

EL PRI decidió abandonar su pugna por la presidencia conocedor de que se encontraba muy desprestigiado y se inclinó por un candidato sin posibilidades, únicamente para llenar la papeleta y pactó con AMLO un acceso cómodo a la presidencia. Por ello en las elecciones presidenciales más recientes Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un priista de larga trayectoria, se presentó como cabeza del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), organización que había surgido en el 2011 de las entrañas de un otrora importante Partido de la Revolución Democrática (PRD), hundido en el desprestigio por su escándalos de corrupción y malos manejos políticos e inmerso en una crisis de tal proporción que quedó al borde de perder su registro electoral. A MORENA se sumó el Partido del Trabajo (PT), otro partido que se había originado en la izquierda pero que igualmente se encuentra muy desprestigiado. AMLO ganó las elecciones con un discurso en apariencia radical y antineoliberal y con la consigna de hacer de la luchar anticorrupción su principal bandera.

Muy pronto AMLO volvió a los viejos moldes de la política exterior mexicana del siglo XX, que contempla un doble juego de autonomía relativa y sometimiento a Estados Unidos. Por ello en el continente se despertaron grandes expectativas por la existencia de un aparente gobierno de izquierda, exaltado por acciones como el asilo a Evo Morales. No obstante, a la par de estas posturas negoció la renovación del TLC y ha venido acatando las determinaciones de Trump.

La principal consigna de la campaña electoral, la lucha contra la corrupción, fue asumida de una manera muy particular: considerando que era más dañina que el neoliberalismo y declarando que él perdonaba a los corruptos, pues el pasado debía quedar en el pasado. Cuando se le ha cuestionado la inoperancia ante algún escandalo, responde que si el pueblo lo pide el realizará las investigaciones, tal como aconteció en días recientes cuando se le interrogó sobre el posible vínculo del expresidente Felipe Calderón con un alto funcionario acusado de narcotráfico por Estados Unidos.

La segunda consigna de AMLO fue la de combatir los privilegios de los “fifís” (en la jerga colombiana “gomelos” y en varios países del continente “pitucos”), es decir los sectores medios generalmente vinculados de una manera u otra al Estado. Según AMLO se trata de sectores privilegiados que ganan demasiado y que se aprovechan del erario público. Por ello realizó una verdadera masacre laboral con una enorme cantidad de despidos, ha debilitado los institutos estatales, endurecido los planes de austeridad e impuso la reducción o eliminación de la financiación de la actividad científica, la creación artística o la investigación (El Colegio de México perdió el 50% del valor de sus becas y al CIDE, otro importante centro de investigación, se le hicieron recortes que amenazan su existencia). No obstante, los gastos militares del 2019 aumentaron de manera significativa.

La tercera consigna que ha venido acompañando al gobierno es la del amor y la solución pacífica de los conflictos. Bajo este argumento liberó al hijo de un poderoso narcotraficante, según él para evitar la violencia, pero en la práctica entregó al país a un ciclo de violencia cuyas implicaciones aún se desconocen. Por ello las estadísticas registran niveles históricos de asesinados en varios estados (como Michoacán), los años más violentos (2019), los días con mayor número de muertos a pesar de estar en cuarentena el país y la reactivación en algunos pueblos de las autodefensas que luchan contra los narcos. Hay que tener en cuenta que bajo la administración de AMLO se creó la Guardia Nacional, supuestamente para centralizar y hacer eficiente y profesional la seguridad, pero desde el comienzo se desplazó a estos militares a detener a los migrantes centroamericanos en la frontera sur.

La cuarta orientación política de AMLO es la realización de proyectos totalmente cuestionables como el Tren Maya con el argumento de que traerá mayores ingresos por turismo. No obstante, su construcción supone la destrucción de importantes reservas forestales, la apertura a proyectos mineros y la quema de las selvas para cambiar el uso de los suelos, especialmente ampliando la ganadería. Obviamente para esta obra, como muchas otras, ha favorecido a constructores y empresarios ampliamente consentidos en la pasada administración. Por supuesto, tampoco se ha suprimido la corrupción.

En este contexto se produce la llegada del covid-19 a México y el inicio de contagiados y los primeros registros de muertos. La actitud de AMLO fue desconocer el peligro que este virus representa, minimizó su impacto señalando que se trataba de una simple gripa, se negó a decretar medidas drásticas de cuarentena, rechazó suspender las actividades masivas, usar tapabocas o someterse a una prueba médica. Cuando se le cuestionó su negativa a suspender giras, encuentros y ruedas de prensa afirmó que lo protegía un amuleto, un trébol de cuatro hojas, que la gente debería seguir abrazándose y besándose, que debería seguir con la práctica de comer en restaurantes, etc.

Tal circunstancia le generó el rechazo de diversos sectores que señalaban permanente la similitud de su postura con la de otros gobernantes como Bolsonaro, Ortega o Trump; la inexistencia de medidas adecuadas y la escasa infraestructura hospitalaria; el mal manejo de las estadísticas o su ocultamiento (según el New Times del 8 de mayo en Ciudad de México las cifras de fallecidos serían el triple de las reconocidas); el creciente número de fallecidos, etc. A cada ataque de sus opositores AMLO respondió con la victimización: se trataba de un golpe de Estado, de falsedades de los corruptos y de los fifís, y del temor de la ultra derecha que no querían que su programa (la 4T) siguiera adelante. Para que no quedaran dudas llegó a decir que el covid-19 había caído “como anillo al dedo” pues mostraría las bondades de la 4T.

Las estadísticas vienen colocando a México como uno de los países con mayor impacto del covid -19. Esto se debe, por supuesto, a dinámicas anteriores al gobierno de AMLO, como el desmantelamiento que hizo el neoliberalismo del sistema de salud pública; al hecho de que el TLC ha venido generando estragos en la salud de la población, especialmente debido al aumento de la diabetes y la obesidad, el crecimiento de enfermedades cardiovasculares, hechos que son resultado de cambios en la dieta básica generada por el TLC que hizo de México un país importador de alimentos (muchos de ellos modificados genéticamente como el maíz) y alto empleo del jarabe de maíz como endulzante de los productos industrializados. Estos cambios en las prácticas alimenticias se expresan hoy como “comorbilidades”, como una serie de padecimiento de la población que ante el contagio del covid -19 produce mayores estragos, tal como acontece igualmente con los negros y los latinos en Estados Unidos.

La respuesta y manejo que hace AMLO ha generado, como en Estados Unidos, choques con los gobiernos estatales que han demandado claridad en el manejo de estadísticas (reclamo del gobernador de Baja California) y que algunos gobernadores impusieran medidas drásticas antes de que el gobierno federal lo hiciera y que rechazaran los envíos de suministros médicos por su escaso número y mala calidad (como sucedió en Michoacán). Ante las críticas AMLO ha venido manejando el argumento de que no habrá crisis económica, pues el “TLC salvará a México”; que es necesario retornar al trabajo; y que no es necesario generar planes de apoyo a los a los trabajadores estatales.

Esta postura de AMLO ante el covid -19 se explica porque nunca ha creído en el peligro del virus (el 6 de mayo se dijo que ya se había aplanado la curva); su defensa del empresariado; por aceptar que México esté sin limitaciones a la actividad económica cuando Trump lo requiera (por ello AMLO firmó un acuerdo con las ensambladoras automotrices para que entren en operaciones 5 días antes de que lo hagan en Estados Unidos); y porque quiere eliminar cualquier proyecto de financiamiento estatal a los damnificados, pues su obsesión es entregar las finanzas del Estado saneadas. En suma, un proyecto neoliberal, aunque con un marcado populismo y un lenguaje aparentemente radical.

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* Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

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