MARÍA CANO… 50 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE

      “Yo era la conciencia de un deber para con la patria esclavizada.
      Y por ella combatimos, no con las armas pero si con las ideas”

      Tomado de la película María Cano

Por: Jorge Alberto Morales Agudelo.

María nació el 12 de agosto de 1887 y murió el 26 de abril de 1967 provenía de una familia culta y liberal radical, a la cual pertenecían educadores, periodistas, artistas, músicos y poetas, buenos lectores de los clásicos: Víctor Hugo, Lamartine, Balzac, Tolstoi, Dostoievski y los ilustrados franceses, entre otros. Fue educada en un colegio laico regentado por su padre el maestro Rodolfo Cano, cuya propuesta pedagógica era contraria al confesionalismo tradicional. En su muerte llama la atención que su velación se llevó a cabo, irónicamente, en la casa liberal de Medellín y de allí fue llevada al cementerio de San Pedro en hombros de obreros y líderes sociales y políticos; sus restos continúan hoy en una bóveda del pabellón laico de dicho cementerio.

María Cano escribió y publicó poesía, estuvo vinculada en Medellín al movimiento literario de principios de la década del veinte en el grupo que formaron “los nuevos” y compartió tertulias con Luis Tejada, José Mar, Efe Gómez, Abel Farina, Antonio J. Cano y ocasionalmente con Jorge Zalamea y Luis Vidales entre otros intelectuales librepensadores. Leyó y recibió influencia de las grandes poetisas de América en los comienzos del siglo XX, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Alfonsina Storni. Escribió el libro Horizontes y participó en la fundación de la revista Cyrano vocera de una famosa tertulia que se reunía en el café que llevaba el mismo nombre; además publicó artículos en El Correo Liberal de Antioquia utilizando el seudónimo de Helena Castillo.

La cualificación literaria de María Cano no se queda en las tertulias como aportes a los demás letrados participantes, se convierte además en una popular lectora en voz alta de los clásicos de la literatura universal en los barrios de Medellín buscando subir el nivel intelectual de los obreros y de sus familias. El contacto directo con las comunidades periféricas es el punto de partida de un plan más ambicioso craneado por Ignacio Torres Giraldo hacia 1925, cuando utilizando las páginas de los periódicos La Humanidad y La Ola Roja, que él dirigía en Cali, y además analizando el éxito de su primera gira regional a la zona minera de Antioquia, le propone dar el paso a las giras nacionales hasta cubrir los principales frentes obreros de un país que vio nacer su clase proletaria en lucha frontal contra el imperialismo norteamericano. (Posada, 1988)

Hasta 1930 María realizó siete giras nacionales en siete años de activismo, constancia política sin precedentes, pues fue la primera mujer comprometida políticamente con la naciente clase obrera. Inicia su primer recorrido en la zona minera de Segovia y Remedios, luego, otras al Magdalena Medio, Tolima, Bogotá, Boyacá, riberas del río Magdalena, Girardot, Barranca, Manizales, Valle, Buenaventura, Popayán, Armenia, La Dorada, Bucaramanga, Puerto Berrío, Bolívar, Magdalena, Santa Marta, Ciénaga, Aracataca, Barranquilla, Cartagena, entre otros muchos lugares con presencia obrera. Organizó a los braceros de Puerto Berrío y a los obreros petroleros de Barrancabermeja, participó en la fundación de la Confederación Obrera Nacional (CON) y en la del Partido Socialista Revolucionario (PSR); además visitó múltiples frentes obreros en la zona bananera de Ciénaga en el departamento del Magdalena. Interactuó con los más destacados líderes del naciente proletariado colombiano como Raúl Eduardo Mahecha, Ignacio Torres Giraldo y su primo Tomas Uribe Márquez, entre otros.

La plataforma de lucha de María Cano según Torres Giraldo se resumía en: “una jornada de trabajo de ocho horas, el descanso dominical remunerado, la conquista de prestaciones sociales fundamentales, la constante mejora de los salarios y sobre todo por el trato humano a los trabajadores” (Torres, 1967). Se destacan también sus alianzas con conservadores y liberales progresistas en contra de leyes regresivas como la que pretendía revivir la pena de muerte en Colombia. En mayo de 1925 es proclamada Flor del trabajo, “una de las formas pintorescas de la época a través de las cuales se exaltaba a las mujeres de clase media y alta para entrar como reinas a espacios para ellas negados” (Velásquez, 1990)

A raíz de la masacre de las bananeras en 1928, con cientos de trabajadores muertos, María, que había estado algunos meses atrás en la zona del conflicto, fue encarcelada en una prisión de monjas en Medellín, donde permaneció seis meses, suerte parecida a la que sufrieron los demás dirigentes del PSR, como Torres Giraldo a quien le correspondió cárcel y luego exilio. El PSR inicia su rápido declive hasta desaparecer, siendo ocupado su espacio político en 1930 por el Partido Comunista de Colombia, PCC, de corte estalinista, disputándose a los activistas socialistas con el Partido Liberal recién llegado al poder. El PCC logra recoger buena parte de los militantes del extinto PSR, excluyendo lentamente a María Cano, Torres Giraldo y Uribe Márquez, entre otros, porque consideraban que ellos representaban una desviación del socialismo internacional denominado “putchismo”, concepto que para Gilberto Mejía (1988) significaba un “golpe para tomarse el poder”; en otras palabras, se les señalaba de conducir a los trabajadores bananeros a una masacre injustificada sin una buena organización y en malas condiciones, que a la postre representó el fin del auge socialista en Colombia. También existía el inconveniente de que el nuevo partido decidió participar en las elecciones a partir de los años treinta y María Cano proclamaba la abstención como la estrategia correcta porque le restaba masas a los partidos tradicionales.

Después de 1930 María Cano desaparece del escenario revolucionario y de las páginas poéticas y literarias. “Se dice que a María la acabó la subida al poder del partido liberal, pues ella ante todo era una agitadora…Comentaba: y yo dejo de bailar cuando se acaba la música.” (Posada, 1988); Deviene luego en una silenciosa obrera de la Imprenta Departamental de Antioquia y en una humilde empleada de la biblioteca departamental, aunque continúa respaldando conflictos obreros como la huelga del ferrocarril de Antioquia de 1934 y participando en algunas actividades del PCC hasta que es marginada completamente: “el argumento para echar a María era…El pueblo antioqueño es antimatriarcal y la presencia de una mujer entre los obreros los asusta, los espanta, los obreros no quieren tener cuentas con mujeres.” (Acosta, 1988). Los comunistas colombianos continuaron atendiendo a María Cano y a Ignacio Torres Giraldo, porque era preferible a tenerlos como ruedas sueltas que afectaran con sus opiniones y acciones las centralizadas tareas del partido, hasta que se olvidaron de ellos. Tanto María como Ignacio terminaron cercanos a expulsados y marginados del PCC que reconocían su importancia para la historia de la rebeldía del proletariado colombiano, entre ellos Alfonso Acosta Restrepo quien visitó con regularidad a María hasta el día de su muerte. En alguna oportunidad, cuenta don Alfonso, María le pidió que compartiera más con Torres Giraldo, su compañero político y sentimental de muchos años, porque según ella la soledad de Ignacio había que alimentarla con un momento de diálogo (Acosta, 1988). Lo anterior explica la razón por la cual los liberales, aprovechando la lejanía del PCC de sus raíces históricas, ofrecieron su casa política para velar a la mujer que más contribuyó en Colombia a la caída de la hegemonía conservadora y que se eclipsó con el surgimiento de la República Liberal. De cierta manera era un reconocimiento póstumo.

“La verdad histórica es que la acción y el verbo de María Cano, el PSR y la CON, al igual que las luchas indígenas y estudiantiles fueron claves para la derrota de la hegemonía del régimen conservador” (Sánchez 2005), tanto como la división de los notables conservadores y de la Iglesia Católica en dos opciones electorales distintas, en las elecciones de 1930. Las luchas populares de la década del veinte y el símbolo que representaba María Cano, la primera mujer en destacarse políticamente después de las heroínas de la independencia, aportaron grandemente a la caída de la República Conservadora. Esa mujer fue sepultada casi en el anonimato hace 50 años y su memoria merece ser rescatada como ejemplo para las nuevas generaciones.

    “Entre nosotros se tiene por norma que la mujer no tiene criterio propio, y que siempre obra por acto reflejo del cura, del padre o del amigo. Creo haber educado mi criterio lo suficientemente para orientarme”.

    María Cano, Citada por Ramírez (1987).

Referencias

Acosta Restrepo, A. (1988). “Intervención martes del paraninfo”, 2 de abril de 1987. En León Zuleta, María Cano y su época. (pp. 69-80). Medellín, Colombia: Litoarte.

Mejia Valderrama, G. (1988). “Testimonios vivos sobre María Cano Márquez”. En León Zuleta, María Cano y su época. (pp. 47- 58). Medellín, Colombia: Litoarte.

Posada, E. (1988). “María Cano la pasionaria colombiana”. En León Zuleta, María Cano y su época. (pp. 113-119). Medellín, Colombia: Litoarte.

Ramírez, Socorro. (1987). “Un huracán de esperanza”. El Tiempo, Lecturas Dominicales, 23 de Agosto, Pág. 3.

Sánchez Ángel, R. (2005). “La flor del trabajo”. Revista Credencial Historia, edición 189, Pág. 10-11.

Torres Giraldo, I. (s.f.). Boletín en memoria de María Cano. Palmira, abril 27 de 1967.

Velásquez Toro, M. (1990). “María Cano pionera y agitadora social de los años 20”. Revista Credencial Historia, edición 6, Pág.12-13.