La idea de José Obdulio, “hay que neutralizar a la oposición”

Por: Juan Bonilla

Las pasadas elecciones han dado y darán mucho de qué hablar en el futuro de nuestro país. Por una parte, vimos el resurgir, cada vez más fuerte y decidido de las fuerzas alternativas colombianas manifestando abiertamente su voluntad de cambio político por medio de tres espectaculares campañas, de líderes experimentados, las cuales tuvieron las llaves de la Casa de Nariño en las manos, pero las perdieron por arrogancia y egos personales. Aun así, los ocho millones de votos por Gustavo Petro serán un referente de aquí a la eternidad ya que, pese al más que probado fraude, la izquierda logró mostrarse como una alternativa viable y seria de poder en Colombia.

Por otra parte, la alianza en la segunda ronda de las elecciones de todos los sectores políticos tradicionales alrededor de Álvaro Uribe es un hecho al menos vergonzoso. Todos recordamos los debates realizados por senadores como Roy Barreras y Armando Benedetti en favor del acuerdo de paz de la Habana, la resistencia de más de 16 años del liberalismo para no dejarse absorber por los movimientos uribistas, las posturas “progresistas” sostenidas por senadores conservadores como David Barguil y Efraín Cepeda que incluso iban en contravía de las posturas del Centro Democrático… y en fin, no vale mucho la pena nombrar todo; si una lección nos dio la segunda ronda de las elecciones es que ellos son los dueños del país, y cuando alguien de fuera de su círculo se levanta para cuestionarlo todos cierran filas para proteger sus privilegios de clase (leer el Golpe de Melo de 1854).

Tener cualquier esperanza en que fueran estas elites tradicionales las que defendieran el proyecto de una Colombia democrática era algo ingenuo. En el congreso hablaban de paz y reconciliación, mientras le regalaban el páramo de Santurbán a consorcios extranjeros; le montaban debates a Uribe, cuando por debajo de la mesa negociaban con él contratos y títulos mineros; proclamaban el “fin del paramilitarismo” mediante un proyecto de ley, y al mismo tiempo se hacían los ciegos cuando los contradictores de los proyectos que ellos promovían eran misteriosamente asesinados en “casos aislados” por bandas criminales como las “Águilas Negras”, “Rastrojos”, “Urabeños”, “Usugas”, “Clan del Golfo” o como se les quiera llamar, porque eso si, en Colombia “el paramilitarismo no existe” y a quien diga lo contrario, pues simple, lo matan y se dice que es otro “caso aislado”. En el presente año ya van más de 123 casos aislados…

Le hablo ahora a usted, a quien lee esta columna. Recuerde que los últimos “casos aislados” fueron los de Frank Darío Rincón y Ana María Cortés, coordinadores de la campaña de la Colombia Humana en Pitalito y Cáceres respectivamente.

Tenga en cuenta que a los que sabemos, les costó ganar estas elecciones y ahora están asustados de usted y de mí. Pero ¿cómo es eso posible? ¡Ellos tienen el dinero, las armas y la gente que las empuña mientras usted y yo solo tenemos nuestro trabajo, los bolsillos vacíos y la conciencia limpia! ¿Por qué, entonces, nos tienen miedo? Por algo muy simple, porque sienten como una amenaza nuestra firme DIGNIDAD.

A pocas horas de la sanción del estatuto de la oposición ya ellos están siguiendo las indicaciones que daba José Obdulio Gaviria (al mejor estilo de su primo Pablo) con respecto a Daniel Coronell, ya están “neutralizando a la oposición”.

¿Debemos tener miedo? Es apenas natural, no lo podemos decir en voz alta por temor a convertirnos en un “caso aislado”, pero sabemos que ellos, los que después de ocho años volverán al gobierno, son los mismos de los diez mil falsos positivos, los doscientos mil homicidios confirmados cometidos por los grupos paramilitares y las innumerables desapariciones forzadas que todavía están por confirmar. Somos conscientes que ellos saben bien cómo hacer daño. Pero por Frank Darío, Ana María y los otros 123 que van este año, los más de 500 que van desde 2012 y los miles de los que nunca vamos a saber, debemos tener firmeza, no claudicar en nuestros ideales y trabajar, con convicción e integridad. Los cambios estructurales, la misma Colombia Humana, llegarán por si mismos…

9 de julio de 2018