La justicia sesgada.

Nota: 
Las opiniones de las columnas son del autor y no representan la línea editorial de Nueva Gaceta.

Por: Mauricio Vargas González.

La orden de captura contra Anibal Gaviria evidencia la persecución y el ajuste de cuentas de la dictadura uribista. Están gobernando por decreto, traen tropas gringas, respaldan invasiones con mercenarios a Venezuela, persiguen a Claudia López, subsidian al sector financiero, dejan arruinar las mipymes y con un desempleo que sube al 25% ni se inmutan, y solo invierten 4% del PIB para paliar la crisis económica y social, el sector salud está quebrado, precarizado y además empujan a 21 millones de personas al contagio para preservar los privilegios del capital extranjero y las ganancias del capital financiero.

Chuzadas, perfilamientos contra periodistas, sindicalistas, a la oposición. También hay vínculos de sectores del ejército con las bandas criminales según la Operación Bastón.
Todo un estado de cosas que hacen muy sospechosa esa orden de captura contra Aníbal, que parece más una jugada política para eliminar una importante voz regional que ha tenido una postura propia sobre la cuarentena y la emergencia social.

Me parece gravísimo. Es un mensaje para acallar a los gobernantes locales y regionales frente a la nueva dictadura uribista. Duque gobierna para la oligarquía financiera, a costa de la quiebra de las empresas nacionales, del empleo y de la vida de los colombianos. ¿Es un crimen que Aníbal Gaviria, desobedeciendo la postura irresponsable de Duque, implementara la Cuarentena por la Vida?, abrió una brecha en la autoridad del gobierno nacional, que después fue secundada por la Alcaldía de Bogotá y por otros mandatarios locales.

Antioquia es un departamento con mucha importancia económica y política en Colombia y no le conviene al uribismo que exista allí una voz con autoridad propia, más cuando el gobierno sabe de la crisis que se viene y que irremediablemente la van a reprimir por la fuerza y la violencia, destruyendo el Estado de derecho, las libertades y la democracia.

La labor de Claudia López ha sido ejemplar, ha enfrentado al Gobierno Nacional en grandes decisiones como en el simulacro de cuarentena, ha peleado como ningún mandatario local contra la impopular y lesiva medida de levantar el confinamiento obligatorio para reactivar la construcción y la manufactura y ha denunciado la irresponsabilidad de Duque de mantener abierto el aeropuerto El Dorado para favorecer intereses privados a costa de la vida de la ciudadanía capitalina.

Duque tiene rabo de paja, la mayor proporción de recursos apropiados en esta emergencia han sido para el sector financiero, le ha transferido 11 billones de pesos, y el mísero subsidio del 40% del salario mínimo solo cubrirá a las empresas grandes que han podido seguir funcionando y manteniendo la nómina, es decir, no incluirá a las mipymes que ya se quebraron y ya cerraron por la falta de apoyo gubernamental.

Ahora el desempleo está por las nubes, en 20% y puede subir al 30%, hay 5 millones de desempleados y podrán ser 7 millones. Enemigos de la clase obrera como Vargas Lleras que llaman a atentar contra los derechos de los trabajadores con el no pago de primas y salarios mínimos por horas. La ciudadanía se pregunta por qué si Perú, Chile, Argentina, gastan más del 10% del PIB en atender las consecuencias de la pandemia, el presidente apenas destina un magro 4%.

Estamos en la olla, y ahora, el Gobierno, siguiendo los consejos de quienes piden "Mano dura, mano firme, corazón grande, jefe único y comandante en jefe" es decir dictadura, con el fiscal Barbosa de bolsillo, le dictan orden de captura al gobernador Aníbal Gaviria, uno de los mandatarios rebeldes que decretó la Cuarentena por la Vida pasando por encima de la criminal y negligente actitud irresponsable de Duque, el gobierno nacional y el Centro Democrático. Todo para esconder los escándalos de la Ñeñe Política y Odebrecht.

Y ahora nos meten tropas gringas, sin autorización del Congreso, sin discusión, sin debate.

Nos quieren condenar a una guerra con Venezuela, ¡son unos dichosos sinvergüenzas!

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