Julián de Zubiría Samper

¿A quién benefician los encapuchados en las protestas?

Por *Julián De Zuburía

    Los encapuchados no representan a los estudiantes universitarios. Sin embargo, rectores, profesores y alumnos no han respondido con suficientes mecanismos para aislarlos. El pedagogo Julián De Zubiría propone algunas estrategias para la defensa de las universidades oficiales.

Las protestas son justas y necesarias en una democracia si son masivas, argumentadas y pacíficas. En este sentido, hay que reconocer que los estudiantes nos dieron, entre octubre y diciembre del año anterior, una gran lección al garantizar que se cumpliera a cabalidad con esas condiciones en las gigantescas manifestaciones que convocaron en defensa de la educación oficial.

Los estudiantes crearon mecanismos excepcionales de protección de la fuerza pública y expulsaron a los encapuchados de sus marchas. Lograron, de esta manera, establecer un estilo de protesta más creativo, simbólico y masivo. Por eso, por primera vez, la población respaldó masivamente sus luchas.

Los diversos sondeos de opinión señalaron que entre un 92 y un 94 por ciento de los colombianos estábamos de acuerdo, ya que consideramos justas sus causas y muy bien argumentados sus motivos. Bastaba ver un debate televisivo para darnos cuenta de que estábamos ante la presencia de un movimiento estudiantil más maduro, reflexivo y propositivo que el que habíamos encontrando en las décadas anteriores.

La consecuencia inmediata de esas protestas estudiantiles las conoce la nación: por primera vez en la historia, se sentaron a dialogar y a resolver los problemas educativos el equipo del Ministerio de Educación (MEN), los profesores y los líderes de estudiantes. Al final, el gobierno cedió a las presiones y se comprometió a transferir 5,9 billones adicionales para la educación superior y la ciencia, algo que marcará un hito en la defensa de la educación oficial del país. Las próximas generaciones tendrán que agradecerles por su lucha.

Sin embargo, fueron diferentes las imágenes que nos mostraron los medios masivos de comunicación del paro nacional realizado el pasado 25 de abril. Allí vimos grupúsculos aislados de estudiantes lanzando piedras a un pequeño grupo de policías arrinconados en la Plaza de Bolívar y otros pintando las paredes y la puerta de la catedral. En total no eran más de 50 jóvenes, pero ellos sembraron el caos e impidieron que los oradores se expresaran ante unas 10.000 personas que se aglutinaban para protestar contra el Plan de Desarrollo.

Los encapuchados no representan a los estudiantes, ni defienden los intereses de las universidades públicas. Nunca han generado ningún impacto positivo para la educación; por el contrario, sus refriegas con la fuerza pública han conducido al cierre de las universidades oficiales, a la pérdida de servicios complementarios y a la detención de algunos de los estudiantes que observan un grotesco espectáculo en el que un pequeñísimo grupo de estudiantes lanza piedras y “papas bomba” a la fuerza pública, mientras que otros observan el enfrentamiento como si se tratara de un juego rutinario.

Un país que ha convivido con las masacres, las desapariciones y los desplazados, es probable que, por tradición, se haya acostumbrado a las pedreas en sus universidades oficiales. No obstante, no hay que olvidar que en ellas se tendrían que lanzar ideas, hipótesis, investigaciones y propuestas, ¡y no explosivos! Absolutamente todas tendrían que ser territorios de paz, de diálogo y de rechazo a la violencia, venga de donde venga. El pensamiento crítico y la formación de mejores ciudadanos, dos de las prioridades actuales de formación en las universidades, son la antítesis de las pedreas entre estudiantes y fuerza pública.

“EN COLOMBIA HAY UNA GUERRA CONTRA LA EDUCACIÓN PÚBLICA”

Por: Carlos Castelblanco Pinedo – Redacción Pares

“Colombia se ha movido con la idea de que uno va al colegio y le transmiten datos, llena cajoncitos. Ese concepto hay que sustituirlo por el de enseñar a pensar. En nuestro país no lo hemos logrado, y no por culpa de los maestros, sino por un Estado que no invierte en sus maestros, que estigmatiza a sus maestros, que no entrega textos y no hace cambios curriculares. Lo que tenemos es un Estado que abandona la educación y en los últimos 20 años no ha habido ningún avance en calidad educativa.”

Pares habló con Julián de Zubiría Samper, Magíster Honoris Causa en Desarrollo Intelectual y Educación de la Universidad Católica del Ecuador. Economista de la Universidad Nacional e investigador pedagógico. Ha sido Consultor del Ministerio de Educación y Cultura del Ecuador, de la Universidad del Parlamento Andino y del Convenio Andrés Bello.

Profesor de maestrías en México, Chile, Ecuador y Colombia y de cursos postdoctorales en Universidades de Venezuela.

Miembro fundador y director desde 1991 de la innovación pedagógica del Instituto Alberto Merani en Bogotá, en la cual se creó y validó la Pedagogía Dialogante.

Varios de sus libros son usados como textos en quince países de América Latina; en especial en Perú, Ecuador, México y Venezuela. Su obra más divulgada es “Los modelos pedagógicos”.

Ha investigado y publicado diversos libros y ensayos sobre las temáticas del desarrollo del talento, los fundamentos del currículo, la investigación en educación, las competencias argumentativas, las teorías de la inteligencia y los diversos modelos pedagógicos.

Pares: ¿De qué manera el conflicto armado en Colombia ha penetrado en la cultura, en la forma de ser de nosotros como pueblo?

Julián de Zubiría Samper: En 2009 se firmaron unos acuerdos, pero hay que diferenciar estos acuerdos de la paz; la paz implicaría múltiples tipos de procesos y quisiera enfatizar en uno en particular, el cambio cultural.

Páginas