Juego: Realidad y fantasía.

Juego Cultura

Por:Arturo Neira Gómez.

La prehistoria y la historia de la humanidad registran la actividad del juego en sus diversas manifestaciones, acompañando siempre la edificación y organización del hábitat, la comunidad, la sociedad y la diversidad cultural.

Los seres humanos, en medio de la urgencia de prodigarse con su trabajo los medios de vida; de proteger, reproducir, desarrollar y evolucionar, socioeconómica, cultural y políticamente, se han valido de lo placentero, agradable, alegre y esparcivo, para recuperar energías, fortalecerse y estrecharse fraterna y amorosamente.

Es invaluable lo que debemos al ejercicio del goce, como medio de aliviar el peso de lo serio y fugarse por momentos del tedio propio de lo rutinario, a través del deporte, la recreación, las expresiones artísticas, el humor, la fiesta, el carnaval… Diríamos que la distracción y en ella la lúdica, contribuyó y participó en la filogenia para el salto evolutivo de la hominización a la humanización. Igualmente, si reflexionamos sobre la ontogenia de cada ser (gestación, nacimiento, crecimiento y desarrollo), veremos que de la mano del afecto, la estimulación adecuada y la socialización, está lo ameno desempeñando un papel trascendente. De ahí que el juego sea considerado por connotados pedagogos como una herramienta valiosa e irremplazable para la educación y la formación cultural de los niños, jóvenes y adultos.

Entre los investigadores sobre esta materia citamos a Johan Huizinga quien nos legó su libro Homo ludens; de él se extrae: “El juego fue el artífice de la cultura; por consiguiente, el mundo de la vida no se constituyó con el trabajo tan solo, sino en manifestaciones lúdicas también...” (Buenos Aires: Emecé Editores, 1968). Esta afirmación nos alienta, en medio de las dificultades, algunas al parecer insolubles, sobre la urgencia de encarar, estar siempre alertas y luchar por derrotar posturas que privilegian el Principio de Realidad, las cuales han llegado, en muchas circunstancias, al extremo de desconocer y borrar la importancia del Principio del Placer. Y viceversa, cuando el juego llega a niveles enfermizos hasta aislar al individuo de su entorno. Ideal sería en todos los escenarios y momentos de la vida la presencia de la magia del juego y el humor; de modo que se garantizara el equilibrio entre estos dos principios.

Cuando hay notorios desbalances entre estos dos principios (realidad y placer), la existencia se torna insoportable, como un fardo interiorizado excesivamente pesado sojuzgando a hombres y mujeres. Ese fardo puede tener varias caras o presencias con sus matices de intensidad, pudiendo su peso ser leve, moderado o extremo, marcado por ideas fijas e impulsos incontrolables, cuyo origen casi siempre se sitúa en vicisitudes de la vida personal (infancia y adolescencia) padecidas por el afectado. Veamos dos variantes que engloban a nuestro modo de ver estas presencias:

1) Dificultad impuesta por el rigor del mundo con sus afanes y preceptos inamovibles, en donde el sometimiento al deber lo es todo y lo lúdico y esparcivo nada. Traemos a colación una situación dolorosa e imborrable en Colombia, la muerte del periodista y humorista Jaime Garzón ocurrida a finales de los años 90 del siglo XX, inmolado en un momento de terror (lamentable que aún prevalezca), en que fueron asesinados sistemáticamente por fuerzas de extrema derecha, librepensadores y demócratas, por el simple hecho de expresar públicamente sus ideas y proponer en forma directa o valiéndose del arte y del humor (“pecado” de Jaime), la necesidad y los medios para reconstruir la nación sobre la base del respeto a la dignidad humana, los derechos fundamentales y la justicia social para todos.

2) Con menor frecuencia suele ocurrir lo contrario, cuando el goce empuja desde adentro en forma invasiva, llegando en ocasiones a mermar y agotar las aptitudes y capacidades del individuo, con efectos muy negativos para funcionar familiar, laboral y socialmente. Aunque hay distintas afecciones con esta característica, aquí nos estamos referimos a la adicción al juego de azar o ludopatía. Llama la atención el caso del escritor Fedor M. Dostoyevski. Atrapado por esta afección en la que recayó en varias oportunidades sufriendo según sus biógrafos agudos episodios obsesivo compulsivos. A esta patología se le sumaron esporádicos ataques epilépticos y siempre, hasta su muerte, la adicción al tabaco. Pero por fortuna para él y para la humanidad fue más fuerte su inclinación y pasión desbordada por la literatura, que lo llevaron a convertirse en el máximo exponente de la novela rusa, y con Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare, a descollar y ser considerados aún en nuestros días como los tres más grandes genios de la literatura universal.

Pero mejor observemos y aprendamos de los niños y las niñas: ellos y ellas siempre juegan y no dejan de sonreír, y lo hacen con elementos de la realidad que ordenan adecuadamente, y como nos enseña Freud no les da pena hacerlo, se valen de ello y de su capacidad imaginativa y creadora, para poner en escena, para aterrizar vivencias, para solazarse; actividad para ellos imprescindible. En tanto el adulto juega con sus ensoñaciones diurnas y nocturnas que, la más de las veces, le da vergüenza develar. Fantasear alimentado desde lo hondo del ser por cargas psíquicas incomprensibles, compuestas de deseos, recuerdos e intereses, en muchas ocasiones inaceptables socialmente. Sólo los creadores (artistas y científicos) toman en serio esas ensoñaciones como materia prima para después pulir y materializar sus obras, que una vez perfeccionadas exhiben gustosos. A este grupo agregamos, con merecida justicia, los quijotes, los locos (en términos no peyorativos) y en general las personas en estados efusivos (de extraversión o de desinhibición). Parafraseamos al Padre del Psicoanálisis: las ensoñaciones de los adultos y la producción poética concomitante de los creadores, son la continuidad del juego de los pequeños. (Ver ensayo de Sigmund Freud El Poeta y el Fantasear - Der Dichter und das Phantasieren, 1907-1908).
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Mención aparte merece el ajedrez, dada su lógica, estrategia y táctica, aplicable a las distintas facetas de la vida. Deporte milenario de origen árabe, que hace parte de los currículos educativos de algunos países. Este juego despliega y potencia la inteligencia como ningún otro; obliga a los contendientes a hacer el máximo de relaciones (abstracciones); anticipa jugadas, combina múltiples variables; suscita emociones; y, al mismo tiempo, genera los mecanismos mitigadores y controladores de estas; ingrediente básico y determinador de la calidad de cada partida.

1 Psicólogo. Autor del libro de poesía y memoria EN LA NOCHE: Desarraigo, Calandayma y otros textos, Colibrí Ediciones 2014, y de la investigación La Adicción al Juego de Azar en Dostoyevski, Tunja - Bogotá 2003.