Internacional

EL DESPERTAR DEL LEÓN DURMIENTE: ¿PACÍFICO, BONDADOSO Y CIVILIZADO?

Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Magister en Educación Superior, Pontificia Universidad Javeriana
Profesor Asociado con Tenencia del Cargo, Universidad Nacional de Colombia

Geopolíticamente hablando, tratar de hacer pronósticos plantea una inevitable incertidumbre habida cuenta de que las sociedades humanas son sistemas complejos como los que más. Además, como precisaba Herbert George Wells, uno de los padres conspicuos de la ciencia ficción, las sociedades humanas no son sistemas estables inmersos en medios estables. Todo lo contrario, cuestión que pone en jaque a las utopías. De ahí que, por ejemplo, los nazis estuviesen errados de cabo a rabo cuando pretendieron que su Reich durase mil años. De hecho, si reparamos en ello, la mayoría de los imperios que han existido han terminado por desaparecer al incurrir en un error craso señalado por el historiador británico Henry A. Kamen, a saber: sus clases dominantes acometieron la aventura rocambolesca de forjar un imperio sin contar con los recursos necesarios. Fue el caso del imperio romano, como también lo fue el del imperio español, intrínsecamente frágiles. Más aún, señala Kamen que casi todos los imperios han incurrido en tamaño error, a excepción de los Estados Unidos… hasta que cometió el error de Iraq.

En la actualidad, llama poderosamente la atención el auge de China como potencia emergente, al punto que es uno de los países BRICS (acrónimo por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), un auge que, como en el caso de las potencias de más vieja data, solo ha sido posible a expensas de la explotación inmisericorde del ser humano y la naturaleza, lo cual connota per se una dimensión bioética insoslayable habida cuenta de que la explotación de marras va de la mano con un manejo irresponsable del enorme poder otorgado por la tecnociencia a los seres humanos. Incluso, el filósofo alemán Hans Jonas, en su lúcido libro titulado El principio de responsabillidad (Jonas, 2004), ha dejado claro que tanto el modo de producción capitalista como el marxismo no se prestan para el fomento de la bioética, por lo que el camino correspondiente va por otro lado, el de las sociedades convivenciales, con su típica impronta biofílica. Sencillamente, las utopías son inviables. En esta perspectiva, cabe afirmar que la humanidad en general persiste en una fase de adolescencia tecnológica, de lo cual China no es la excepción, algo fácil de advertir si reparamos, por ejemplo, en la contaminación enorme que caracteriza a diversas urbes del gigante asiático, consecuencia inevitable, al menos en parte, de la menor eficiencia termodinámica de sus máquinas térmicas, insertas en un proceso de industrialización acelerada cual expresión imperfecta de la paradoja de Jevons, o efecto rebote.

El retorno de la derecha en América Latina

Por: Alexander Main*

Dos días después de las elecciones de noviembre de 2016 que lo llevaron al poder, el presidente electo Donald Trump tuvo una reunión de 90 minutos con el presidente Barack Obama en la Oficina Oval de la Casa Blanca. "Discutimos muchas situaciones diferentes, algunas maravillosas, otras difíciles", dijo Trump a los medios de comunicación después. Más tarde reveló que la mayor "dificultad" que se discutió fue la amenaza nuclear norcoreana.

No sabemos mucho más sobre la conversación de esos dos hombres ese día, pero es probable que una "situación particularmente maravillosa" que mencionaron fuera una parte del mundo en la que Estados Unidos había ganado mucho terreno durante la presidencia de Obama: América Latina.

Cuando Obama asumió el cargo por primera vez en enero de 2009, gran parte de América Latina y el Caribe estaba dominada por gobiernos izquierdistas independientes, a pesar de los agresivos intentos de la anterior administración republicana de revertir la "marea rosa" de movimientos progresistas que habían llegado al poder a principios del siglo XXI.

Pero al final de los dos mandatos de Obama, América Latina había regresado decisivamente a la derecha. Los innovadores esquemas de integración regional encabezados por gobiernos de izquierda, como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), se paralizaron o se tambaleaban. Mientras tanto, había surgido un bloque respaldado por Estados Unidos: la Alianza del Pacífico, integrada por Chile, México, Colombia y Perú, todos signatarios de acuerdos de "libre comercio" con Estados Unidos. Despreciando abiertamente a UNASUR y a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) liderada por Venezuela y Cuba, la Alianza del Pacífico ha adoptado muchas de las políticas neoliberales que condujeron a dos décadas de estancamiento económico y a un aumento de la desigualdad en la región durante los años ochenta y noventa (y que posteriormente impulsaron el apoyo a las alternativas de política de la "marea rosa").

Hay una serie de factores que llevaron al retorno de la Derecha en América Latina, incluyendo las recesiones económicas que resultaron en gran parte de los efectos de la crisis financiera mundial, los escándalos de corrupción politizada, la influencia política de los poderosos movimientos evangélicos ultraconservadores, y la creciente influencia del capital financiero. Los golpes antidemocráticos también derribaron gobiernos de izquierda: un golpe militar, en el caso de Honduras en 2009; y los golpes parlamentarios que resultaron en la destitución inconstitucional del presidente Fernando Lugo de Paraguay en 2012 y de la presidenta Dilma Rousseff de Brasil en 2016.

William Hinton sobre la Revolución Cultural

Por: Dave Pugh*

Desde los grandes retrocesos del socialismo en el siglo XX, primero en la Unión Soviética y luego en China, los izquierdistas de todo el mundo se han enfrentado a un serio problema: Después de la victoria inicial de las fuerzas revolucionarias populares, ¿qué se puede hacer para seguir en el "camino socialista"? ¿Qué medidas se pueden tomar para restringir las diferencias de clase heredadas de la vieja sociedad, defenderse de la hostilidad y la intervención imperialista e impedir que una nueva clase capitalista se desarrolle dentro de la propia sociedad socialista?

La respuesta de China a esta pregunta fue la Gran Revolución Cultural Proletaria. Fue una primicia histórica: una serie de sublevaciones revolucionarias de masas en un país socialista. Tuvo lugar en el espacio de once años, 1966-76. Iniciada por Mao Zedong y sus partidarios del Partido Comunista Chino, la Revolución Cultural tenía como objetivo derrocar a los "seguidores capitalistas" en los niveles más altos del partido que dirigían a China hacia la restauración capitalista a gran escala. Esta forma sin precedentes de lucha de clases involucró a decenas de millones de obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales.

En un discurso pronunciado en la Conferencia de Eruditos Socialistas de 1999 en la ciudad de Nueva York, William Hinton explicó que el método de la Revolución Cultural era "movilizar a la gente común para tomar el poder desde abajo con el fin de establecer nuevos órganos de dirección representativos, órganos de poder elegidos democráticamente". En toda China se construyeron decenas de miles de comités revolucionarios en fábricas, granjas y escuelas. Inspirados por la visión de Mao, el pueblo desarrolló otras cosas nuevas socialistas que revolucionaron la sociedad, como médicos descalzos en el campo y obras culturales basadas en las ricas experiencias de vida de los obreros y campesinos chinos.

Mao comprendió que la Revolución Cultural era una batalla de alto riesgo para impedir el surgimiento del capitalismo de estado en China. Había estudiado la economía política y las relaciones sociales en la Unión Soviética y estaba convencido de que el capitalismo había sido restaurado allí. En última instancia, Mao y sus aliados fracasaron, pero eso no significa que no debieran haber iniciado esta lucha histórica. Escribiendo a principios de la década de 1970, Hinton hizo una observación profunda: "La revolución socialista es mucho más compleja y difícil de lo que la mayoría de los revolucionarios han supuesto hasta ahora, que la toma del poder... es sólo el primer paso en un proceso revolucionario prolongado..."

Muchas personas de la izquierda, tanto en Estados Unidos como a nivel internacional, han tenido una visión negativa de la Revolución Cultural. Los medios de comunicación corporativos han desempeñado un papel activo en este sentido. En los años 80 y 90, un nuevo libro apareció cada mes sobre el tema "cómo mi familia y yo fuimos perseguidos durante la Revolución Cultural". Por supuesto, falta el contexto para estas historias de persecución. Es imposible decir si los autores fueron señalados incorrecta (o correctamente) como seguidores del camino capitalista. No se nos dice qué facciones de la Guardia Roja estaban involucradas: las que honestamente tratan de llevar a cabo las políticas de Mao, los ultraizquierdistas o los falsos Guardias Rojos organizados por Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, los principales proponentes del partido de tomar el camino capitalista.

Nuevo informe encuentra que el programa de austeridad del FMI de Ecuador podría desembocar en una recesión económica y un mayor desempleo

Por: Dan Beeton

Washington, DC — Un nuevo informe del Centro para la Investigación en Economía y Política (CEPR) analiza el acuerdo de Ecuador con el Fondo Monetario Internacional (FMI) firmado en marzo de 2019, y encuentra que el país sudamericano experimentaría una reducción de su PIB per cápita, un mayor desempleo y una mayor inestabilidad macroeconómica como producto del acuerdo. El propio programa proyecta, como señalan los autores, que Ecuador sufrirá una recesión este año y un incremento del desempleo en cada uno de los tres primeros años del acuerdo. Incluso así, estas proyecciones son optimistas, concluye el presente informe.

“El programa del FMI para Ecuador exige eliminar un conjunto de políticas que a lo largo de los últimos años han tenido mucho éxito en estimular el crecimiento económico, reducir el desempleo y reducir la desigualdad y la pobreza”, declaró Mark Weisbrot, codirector de CEPR y uno de los autores del informe. “Desafortunadamente, incluso el mismo FMI pronostica una disminución de estos y otros indicadores sociales y económicos a medida que, junto al actual Gobierno ecuatoriano, vaya revirtiendo estas políticas”.

El programa requiere un amplio ajuste fiscal con el fin de crear un gran superávit fiscal, el que sería producto de la combinación de recortes salariales y despidos de hasta 140 mil empleados del sector público; del aumento de los precios de los combustibles y la electricidad al reducir los subsidios; del incremento de las tarifas de servicios públicos; de la subida de los impuestos indirectos: probablemente el Impuesto al Valor Agregado (IVA, un impuesto sobre el consumo); y de la eliminación de las exenciones del IVA que actualmente benefician a la mayoría de los hogares.

“El programa del FMI está basado en reformas del lado de la oferta, con el objetivo de que el tipo de cambio real del Ecuador sea internacionalmente más competitivo y, por lo tanto, mejore el saldo de la cuenta corriente del país”, apunta el informe. “Esta estrategia se conoce como ‘devaluación interna’” y equivale a mantener el desempleo alto y reducir los salarios para supuestamente conseguir que la economía de un país sea más competitiva a nivel internacional. Esta estrategia ha sido aplicada por el FMI y las autoridades europeas en Grecia y en otros países de la eurozona.

Imperialismo tardío

Por: John Bellamy Foster

La obra más influyente sobre el imperialismo sigue siendo el estudio clásico de V. I. Lenin de hace un siglo, el imperialismo: La Última Etapa del Capitalismo (más conocida por el título que se le dio después de su primera publicación, Imperialismo)(1): Lenin empleó el término imperialismo moderno o simplemente imperialismo para referirse a la era del capital concentrado, durante la cual el mundo entero estaba siendo dividido por los Estados dirigentes y sus corporaciones, distinguiendo la etapa imperialista del colonialismo/imperialismo de las etapas mercantilistas y de libre competencia del capitalismo que la precedieron. "La política colonial y el imperialismo", insistió Lenin, "existían antes de esta última etapa[imperialista] del capitalismo, e incluso antes del capitalismo".(2)

La nueva etapa imperialista, que comenzó en el último cuarto del siglo XIX y se extendió hasta el siglo XX, fue vista como un producto del crecimiento de gigantescas empresas capitalistas con poder monopólico, la estrecha conexión forjada entre estas corporaciones y los Estados-nación en los que surgieron, y la consiguiente lucha por el control de las poblaciones y los recursos del mundo, que condujo a la competencia y la guerra intercapitalista. "Si fuera necesario dar la definición más breve posible del imperialismo [como una "etapa especial"]", escribió Lenin, "tendríamos que decir que el imperialismo es la etapa de monopolio del capitalismo".(3)

El análisis general de Lenin sobre el imperialismo pertenecía a un grupo de teorías en gran medida complementarias en la tradición marxista que incluía obras como La capital financiera de Rudolf Hilferding (1910), La acumulación del capital de Rosa Luxemburg (1913) y El imperialismo y la economía mundial de Nikolai Bujarin (1915).(4) Sin embargo, el propio análisis de Lenin no tenía rival en su capacidad de capturar las condiciones mundiales dominantes a través de la Segunda Guerra Mundial, ni siquiera en su capacidad de rendir cuentas de las guerras mundiales mismas. Un punto fuerte de su análisis fue su carácter concreto, histórico, divorciado de las rígidas fórmulas teóricas. Abarcaba fenómenos tan variados como el crecimiento del capital monopolista y financiero, la "división del mundo entre los trusts internacionales", la exportación de capital, la carrera por la energía y las materias primas, la lucha de clases, la rivalidad geopolítica en la lucha por el territorio económico y las esferas de influencia, el surgimiento de una aristocracia obrera en el núcleo capitalista, y la lucha por la hegemonía global y regional.(5)

Al enfatizar la competencia intercapitalista, Lenin también señaló la jerarquía de los Estados-nación, que servía para dividir los poderes centrales de las naciones más pobres de la periferia que caían dentro de sus órbitas imperiales. Su análisis fue más allá del colonialismo para discutir el neocolonialismo en relación con América Latina. En la década de 1920, alerta a las luchas revolucionarias en México, Turquía, Persia, China e India, Lenin fue pionero en extender su análisis a la consideración de todas las "colonias y países oprimidos por el imperialismo" y de todos los "países dependientes", dando lugar a una revolución en la periferia contra el "imperialismo internacional "(6)

Sin embargo, la historia en la concepción marxiana es una dialéctica de continuidad y cambio. En la década de 1960, el análisis de Lenin, a pesar de su amplitud, necesitaba ser actualizado. En la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emergió con una hegemonía casi absoluta sobre la economía mundial capitalista. Al mismo tiempo, el mundo vio la mayor ola revolucionaria de la historia asociada con la ruptura con el colonialismo, el surgimiento del neocolonialismo y el surgimiento de una esfera rival de la sociedad posrevolucionaria, incluidos los Estados con aspiraciones socialistas.(7) En esta atmósfera cambiada, correspondiente a la Guerra Fría, Estados Unidos y sus aliados presentaron una nueva ideología de crecimiento económico, desarrollo, ayuda y modernización dentro del marco ideológico capitalista. Un ejército de intelectuales liberales y socialdemócratas, incluyendo figuras como Mark Blaug, Benjamin J. Cohen, Robert W. Tucker y Barrington Moore Jr. fueron reclutados en los años sesenta y setenta para negar la existencia del imperialismo económico, si no del imperialismo en general, dirigiendo su análisis a varias figuras de la izquierda y en los Estados Unidos en particular, incluyendo a Paul Baran, Paul Sweezy, William Appleman Williams y Harry Magdoff.(8).

«Oh, Jeremy Corbyn…» El giro a la izquierda del laborismo británico

La victoria de Jeremy Corbyn en 2015 provocó un giro a la izquierda en el Partido Laborista. En estos años, Corbyn ha logrado sortear los esfuerzos del ala parlamentaria para retomar el control partidario y atrajo a nuevas generaciones con un discurso más combativo. Aunque los obstáculos son muchos, el corbynismo se ha erigido en un movimiento político y cultural con efectos fuera del laborismo y ha desafiado el poder de la maquinaria política y mediática conservadora.

Por: Richard Seymour

I. El dominio de Jeremy Corbyn (y del corbynismo) dentro del Partido Laborista británico parece inquebrantable. Pero ¿qué es el corbynismo? ¿Es la restauración del laborismo como ala política del sindicalismo? ¿Es un proyecto dirigido a transformar el laborismo en un partido democrático y socialista? ¿Es una socialdemocracia radicalizada? ¿Existe acaso, como algunos desean, espacio para un «corbynismo azul», que combine políticas de izquierda con otras de corte antiinmigratorio y socialmente conservadoras?1

Durante casi cuatro años, la izquierda británica ha estado luchando para decidir cuál es la respuesta a estas preguntas. El proceso se vio oscurecido por la energía que debió destinarse a la defensa del liderazgo de Corbyn. Desde el mismo segundo en que mostró sus aspiraciones, una variopinta asociación de partidarios de Tony Blair, viejos laboristas de derecha, medios periodísticos liberales y tories, académicos hostiles, apologistas de Israel e incluso un extraño grupo de militares emprendió una feroz campaña para debilitarlo y destronarlo. El hecho de haber resistido cada oleada de ataques, un golpe fallido por parte de parlamentarios laboristas y la perniciosa –pero finalmente decepcionante– ruptura llevada a cabo por un puñado de parlamentarios de la centroderecha del partido dice mucho sobre sus condiciones de líder. En todo momento Corbyn se apoyó con serenidad en sus conocidas fortalezas, fundamentalmente en el intenso respaldo de los militantes del partido y el movimiento sindical.

Por ahora, Corbyn está seguro. La base de afiliados del laborismo sigue siendo muy sólida, con más de medio millón de miembros (540.000 registrados a abril de 2018). Para aproximarse a un número tan alto, hay que retrotraerse a antes de 1980, cuando las secciones del partido inflaban sistemáticamente sus cifras de afiliados. Momentum, el grupo de campaña pro-Corbyn, vio cómo sus miembros crecían a 40.000 en 2018. Tras haber reconstruido su caudal de votos en 2017 con una remontada histórica, el panorama electoral del laborismo parece ser relativamente estable pese al clima volátil. Bajo el liderazgo de Corbyn y con un programa de carácter radical según los criterios británicos contemporáneos, el partido se ha recompuesto. Es poco probable que se dé marcha atrás en las políticas incorporadas en la última plataforma laborista –educación gratuita, nacionalización de los servicios públicos, fin de la austeridad, construcción de viviendas sociales y freno al proceso de privatización del Servicio Nacional de Salud–, aun si Corbyn resulta desplazado.

La depresión global: el gatillo comercial y tecnológico

Por: Michael Roberts

A pesar de todos los discursos optimistas del presidente de Trump sobre el estado de la economía estadounidense, los últimos datos sobre la actividad económica y la producción industrial sugieren que Estados Unidos se suma a Europa y Japón en una fuerte desaceleración al entrar en la segunda mitad de 2019. Y ello ocurre cuando la guerra comercial y tecnológica entre los EE.UU. y China ha subido un nuevo escalón y amenaza con desencadenar una recesión global antes de que termine el año.

informan los economistas de JP Morgan de que el avance de mayo del PMI de los EE.UU., Europa y Japón (G-3) apunta una disminución de 0,7 puntos, consistente con un crecimiento anual de sólo un 2,5% del PIB mundial. Los índices de compras de los gerentes (PMI) son encuestas de opinión de las compañías sobre sus compras y ventas actuales y futuras. Han demostrado ser orientadores razonables de la producción real. Y un crecimiento del 2,5% a nivel mundial se considera una ‘perdida de velocidad' de la economía mundial, por debajo de la cual se avecina una recesión.

Según JP Morgan la fabricación mundial de manufacturas está sufriendo la peor parte - de estar casi en 50 en el PMI (por debajo de 50 significa una contracción). Pero los servicios, que constituyen el 70-80% de la mayoría de las principales economías (al menos en la definición oficial), también se deslizan hacia los niveles de la mini-recesión de 2015-6.

Más preocupante aún, “los índices mundiales de expectativas de manufacturas y servicios parecen caer alrededor de 2 puntos en mayo y arrastraría los índices por debajo de los mínimos establecidos a principios de 2016.” (JPM).

POSITIVA LA INTROMISIÓN DEL GRINGO EN EL PAÍS

Por: Marcelo Torres
La Picota, 10 de mayo de 2019

Me parece positiva la abierta intromisión gringa que se viene ejecutando en Colombia y cuya más reciente manifestación es el retiro de visas a magistrados colombianos.

Positiva: porque podría poner en el centro de la atención pública la intromisión gringa en la vida nacional, cosa que dista mucho de ser asunto característico de las primeras planas, titulares o temas recurrentes de los grandes medios colombianos. Debate que sería enormemente saludable, cuanto más generalizado, mejor.

Positiva: porque tanto la presión ejercida sobre las Cortes Constitucional y Suprema, como la descarada intromisión del embajador Whitaker sobre el Congreso, revelan sin confusión o duda alguna, con toda claridad, la inadmisible intrusión gringa en los asuntos del país. Dejan al descubierto, sin posibilidad de disimular su fondo, que el gobierno gringo también es partidario de deformar o imponer regresivas enmiendas a los acuerdos de paz. Cuanto más asimilen amplios sectores del país esta acción inaceptable de Estados Unidos quien se proclama “salvador de la democracia”, como lo propala respecto de Venezuela en medio de extendida credulidad inducida por el complejo mediático internacional progringo, más terreno se habrá ganado para las luchas democráticas en curso.

Positiva: porque deja al gobierno en el lugar que le corresponde por su actitud y políticas concretas frente a Estados Unidos: como un gobierno sumiso, servil, que se desvive por satisfacer los mandatos de Washington pero ni por asomo defiende la soberanía colombiana ni los intereses del pueblo. El uribismo ha instaurado el gobierno de los yesmen por antonomasia cuya divisa es “mi presidente Trump”. Pero en definitiva, el fallo del pueblo no dejará impune esta afrenta a la soberanía y al interés colombiano.

En la primavera del 28A: not today

Por: Rocío Segura

Han pasado ya varios días tras el 28A y si algo se puede afirmar de la reflexión y conclusiones que nos arrojan los resultados electorales, son básicamente dos premisas:

La primera es que se consolida un sistema multipartidista acabando con el bipartidismo como eje central de la política española, que suma un 45,5% de los votos frente al 55,7% de 2016. Por primera vez los dos partidos tradicionales obtienen menos de la mitad de los votos, algo que aun así no se traduce en escaños debido al sistema electoral que continúa funcionando en beneficio del bipartidismo.

Esto es una noticia buena para España. Cualquier país que se preste a ser democrático entiende que los equilibrios en el Gobierno permiten ejercer más control entre unos y otros, exigen más necesidad de llegar a acuerdos y, en definitiva, aumenta la capacidad de que gobierne el sentido común.

A pesar de esto hay gente en el Partido Socialista que se empeña en no asumir los nuevos tiempos insistiendo en conformar Gobiernos en solitario, primando la clásica estrategia de anteponer la conquista y mantenimiento del poder por encima del proyecto político, hipotecando la construcción de un futuro progresista a su ambición particular.

El PSOE (como en GOT), quiere ser la reina Cersei, capaz de pactar en cada momento con quien sea, hacer lo que tenga que hacer por tal de mantenerse en el Trono, incluso si para ello debe permitir que los caminantes blancos arrasen con todo. Y esto nos lleva directamente a la segunda premisa.

Esta es que la participación del electorado, activado por el voto del miedo, ha conseguido frenar el avance de la extrema derecha en nuestro país. Pero, al mismo tiempo, ha iniciado una nueva etapa en la que el escenario dibujado de bloques permite a la derecha de Ciudadanos, Partido Popular y Vox irrumpir en el Congreso con una fuerza de 149 escaños frente a los 123 que ha conseguido obtener el Partido Socialista y los 42 de Unidas Podemos. Unos bloques que se sitúan muy a la par en cuanto al número de diputados que los componen y que demuestra que se han salvado los muebles del bloque progresista pero por los pelos.

Un recorrido por las elecciones de España

Por: Manuel Guillermo Jaimes Roa

El 15 de mayo de 2011, diferentes personas, de distintas edades y expresiones políticas, empezaron de forma un tanto espontánea a llegar y acampar en las principales plazas de las ciudades de España. Respondían al llamado de indignarse con la situación de crisis económica que se imponía como resultado de las malas decisiones políticas. Y así, aquellas plazas se convirtieron en auténticas ágoras en donde se reflexionaba sobre la situación del país y las posibles alternativas.

Ese mismo año 2011, en noviembre, tendrían lugar en medio de las movilizaciones populares las elecciones generales que debían dar como resultado un nuevo gobierno. Y así fue, pero el resultado fue que el PP (Partido Popular, de derecha) ganó y con mayoría absoluta las elecciones. Obtuvo 186 escaños, es decir 36 más que en las anteriores. Por su parte, el Psoe obtuvo 110 diputados, es decir 59 escaños menos. A su vez, los otros partidos que participaron en aquella contienda aumentaron su representación. Pero hasta ahí, todo normal. El análisis consistía en que el Psoe había sufrido un duro golpe en las urnas como resultado de su mala gestión en el gobierno frente a la crisis económica que sacudía Europa. Nadie parecía ver con precisión los cambios que se aproximaban.

Uno de los principales actores de ese cambio nació en el 2014. Podemos, partido que en gran parte heredó su fuerza y su discurso político del deseo de cambio que se había expresado en las plazas. Así el partido recién nacido se presentó a las elecciones europeas y sorprendió al ganar 5 escaños. El panorama político en España comenzaba a cambiar.

Sanciones económicas como castigo colectivo: El caso de Venezuela

Universidad de Columbia. CEPR

CENTER FOR ECONOMIC AND POLICY RESEARCH

Por Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs*

Mayo 2019

Índice

Resumen ejecutivo
Introducción
Las sanciones de agosto de 2017
Sanciones en 2019
El impacto de las sanciones en la vida humana y la salud
La ilegalidad y la intención de las sanciones económicas unilaterales
Depresión, hiperinflación y sanciones: Bloqueando la recuperación económica
Referencias

Resumen ejecutivo

Este estudio analiza algunos de los impactos más importantes de las sanciones económicas impuestas a Venezuela por el Gobierno de EEUU desde agosto de 2017; y encuentra que la mayor parte del impacto de estas sanciones no se ha producido en el Gobierno, sino en la población civil.

Las sanciones redujeron la ingesta calórica de la población, aumentaron las enfermedades y la mortalidad (tanto para adultos como para menores) y desplazaron a millones de venezolanos que huyeron del país como producto del empeoramiento de la depresión económica y la hiperinflación. Las sanciones agudizaron la crisis económica de Venezuela e hicieron casi imposible estabilizar la economía, lo que contribuyó aún más a un mayor número de muertes. Todos estos impactos perjudicaron de manera desproporcionada a los venezolanos más pobres y más vulnerables.

Incluso más severas y destructivas que las amplias sanciones económicas de agosto de 2017 fueron las sanciones impuestas por una orden ejecutiva el 28 de enero de 2019 y las órdenes ejecutivas posteriores de este año; junto con el reconocimiento de un Gobierno paralelo, que, como se muestra a continuación, creó un nuevo conjunto de sanciones financieras y comerciales que son incluso más asfixiantes que las propias órdenes ejecutivas.

Encontramos que las sanciones han infligido, y progresivamente infligen, daños muy graves a la vida y la salud humanas, incluidas más de 40 000 muertes entre 2017 y 2018; y que estas sanciones encajarían
en la definición de castigo colectivo de la población civil, tal como se describe en las convenciones internacionales de Ginebra y La Haya, de las cuales Estados Unidos es signatario. Estas sanciones también son ilegales según el derecho internacional y los tratados que ha firmado EEUU, y parecería ser que también violan la legislación estadounidense.

Las sanciones de agosto de 2017

Las sanciones de agosto de 2017 prohibieron al Gobierno venezolano pedir préstamos en los mercados financieros de Estados Unidos. Esto evitó que el Gobierno pudiera reestructurar su deuda externa, ya que cualquier reestructuración de deuda requiere la emisión de nuevos bonos a cambio de la deuda existente. Por lo tanto, estas sanciones impidieron que la economía se recuperara de una profunda recesión que ya había cobrado un alto precio a la población, la que junto con la economía era más vulnerable a estas sanciones y a las que siguieron como consecuencia de la crisis económica.

El PIB real ya había disminuido en aproximadamente un 24.7% desde 2013 hasta 2016, y la inflación de precios al consumidor de enero a agosto de 2017 estaba aproximadamente entre el 758% y 1350% a una tasa anual.

El TLCAN en los tiempos de AMLO

Por: Rebecca Watts

¿Qué significa el TLCAN 2.0 en la agenda reformista del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador?

“México está haciendo una fortuna con el TLCAN ... Con todo el dinero que recibe de EEUU, espero que impidan que la gente venga a través de su país y entre en el nuestro”, tuiteó el presidente Donald Trump en abril del año pasado. Desde el inicio de su campaña, y durante su presidencia, Trump ha tratado de canalizar el resentimiento que muchos trabajadores estadounidenses sienten hacia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pintando a los mexicanos como “hombres malos” que establecen los términos del pacto comercial para beneficiar a México a expensas de Estados Unidos. Desde 2015 se comprometió a renegociar o salirse del TLCAN, y se ha referido a él como “uno de los PEORES tratados comerciales jamás realizados. Estados Unidos perdió miles de negocios y millones de empleos”.

Si bien es cierto que la pérdida de casi un millón de empleos en EEUU se ha adjudicado al TLCAN, según el Instituto de Política Económica (EPI, por sus siglas en inglés), el tratado comercial no relata la historia de trabajadores estadounidenses versus trabajadores mexicanos, sino de los intereses corporativos versus los trabajadores en ambos países; y también en Canadá, el tercer país partícipe del tratado. En México, el TLCAN no ha logrado mejorar el nivel de vida del país, lo que ha hecho es diezmar al sector agrícola y contribuir a un auge en la migración.

El TLCAN 2.0 tiene muchos nombres. En inglés, oficialmente es el “United States, Mexico, and Canada Agreement”, o USMCA. Trump ha dicho: “No se ha reformado el TLCAN, este es un tratado completamente nuevo”, aunque en muchos aspectos el tratado es tan solo un cambio de imagen del original. Canadá se refiere a él como CUSMA, poniendo el nombre de Canadá en primer lugar; mientras que México lo llama el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá o T-Mec. Como sea que se llame, se firmó el 30 de noviembre y, en el momento de redactar este informe, está pendiente su ratificación por los tres países.

Las cadenas globales de commodities y el nuevo imperialismo

Por: Intan Suwandi, R. Jamil Jonna y John Bellamy Foster

La producción capitalista del siglo XXI ya no puede entenderse como una mera agregación de las economías nacionales, que debe analizarse simplemente en términos del producto nacional bruto (PIB) de las distintas economías y de los intercambios comerciales y de capital que se producen entre ellas. Más bien, está cada vez más organizada en cadenas mundiales de commodities (también conocidas como cadenas mundiales de suministro o cadenas de valor mundiales), gobernadas por empresas multinacionales que se extienden a ambos lados del planeta, en las que la producción está fragmentada en numerosos eslabones, cada uno de los cuales representa la transferencia de valor económico. Con más del 80 por ciento del comercio mundial controlado por multinacionales, cuyas ventas anuales equivalen ahora a alrededor de la mitad del PIB mundial, se puede considerar que estas cadenas de commodities están atadas en el centro de la economía mundial, conectando la producción, ubicada principalmente en el Sur global, con el consumo final y las arcas financieras de las empresas multinacionales monopolísticas, ubicadas principalmente en el Norte global(1).

La cadena de commoditie de General Motors incluye veinte mil empresas en todo el mundo, la mayoría en forma de proveedores de piezas. Ningún fabricante de automóviles estadounidense importa menos del 20 por ciento de sus piezas del extranjero para ninguno de sus vehículos, y las piezas importadas representan a veces alrededor del 50 por ciento o más del vehículo ensamblado.(2) Asimismo, Boeing compra en el extranjero alrededor de un tercio de las piezas que utiliza para sus aviones.(3) Otras empresas estadounidenses, como Nike y Apple, deslocalizan su producción a subcontratistas, principalmente en la periferia, y la producción se lleva a cabo de acuerdo con sus especificaciones digitales exactas, lo que se conoce como "arm's length contracting" (contratación tercerizada), o lo que algunas veces se conoce como modos de producción no equitativos. Esta deslocalización de la producción por parte de las corporaciones multinacionales de hoy en día en el centro de la economía mundial ha llevado a un vasto cambio en la ubicación predominante del empleo industrial, desde el Norte global hasta la década de 1970, hacia el Sur global de este siglo.(4)

Los estudios han revelado que el ritmo acelerado de la deslocalización está estrechamente relacionado con la inversión extranjera directa (IED) en las zonas de bajos salarios de la periferia, asociada al comercio entre empresas. En 2013, las entradas mundiales de IED a las "economías en desarrollo" alcanzaron un nivel récord del 52 por ciento del total de la IED, "superando por primera vez los flujos a las economías desarrolladas en 142.000 millones de dólares".(5) Pero de igual importancia hoy en día es la contratación tercerizada.

Comercio tercerizado: Una fuente de debilidad comercial después de la crisis.

Por: Csilla Lakatos y Franziska Ohnsorge*

El crecimiento del comercio se ha ralentizado considerablemente desde la crisis mundial. Utilizando un conjunto de datos único sobre el comercio de EE.UU., esta columna argumenta que el comercio tercerizado entre empresas no afiliadas, a diferencia del comercio intraempresarial entre empresas vinculadas por el control o la propiedad, explica de manera inequívoca la desaceleración general del comercio después de la crisis.

El crecimiento del volumen del comercio mundial alcanzó un mínimo después de la crisis del 2,4% en 2016, muy por debajo de la media anterior a la crisis del 7,6%. Factores cíclicos, como la debilidad de la demanda mundial, los bajos precios de los productos básicos y la ralentización del crecimiento en China, han contribuido a la desaceleración del comercio. Además, los factores estructurales han reducido la capacidad de respuesta del mercado a la expansión de la producción mundial (Aslam et al. 2017, Constantinescu et al. 2016, Hoekman 2015, FMI 2016, Banco Mundial 2016).

La maduración de las cadenas de valor mundiales es uno de los factores estructurales clave que han contribuido a la reciente desaceleración del comercio. Las cadenas de valor globales a menudo implican numerosas operaciones transfronterizas, realizadas ya sea dentro de una misma empresa (es decir, entre empresas relacionadas a través de la propiedad o el control) o entre empresas no afiliadas o "tercerizadas". La decisión de una empresa entre transacciones tercerizadas o intraempresa tiene sus raíces en la motivación subyacente para la integración vertical y la inversión extranjera directa. Las empresas optan por internalizar las transacciones si el coste de realizarlas a través del mercado es superior a los costes internos. En particular, la aplicación de los contratos impone costos cuando los contratos están incompletos (Grossman y Hart 1986). Cuando los contratos están incompletos y su cumplimiento es costoso, las empresas pueden preferir la integración vertical y la propiedad interna de los activos (Hart y Moore 1990, Antras 2015).

Ha llegado el momento de una nueva movilización mundial en favor de la paz y contra el imperialismo yanqui.

Por: Monthly Review

Mientras escribimos estas notas en la primera semana de febrero de 2019, Estados Unidos está dirigiendo abiertamente un golpe político-económico en Venezuela. Al mismo tiempo, ha anunciado que se retira unilateralmente del Tratado INF -fuerzas nucleares intermedias-. Juntos, estos eventos, que se llevan a cabo a finales de enero y principios de febrero, marcan una nueva escalada del imperialismo yanqui, amenazando al mundo entero.

El 23 de enero, pocas semanas después de la toma de posesión de Nicolás Maduro para un nuevo mandato como presidente de Venezuela, Juan Guaidó, un político de derecha que nunca se había postulado a la presidencia y cuyo nombre era desconocido para más del 80 por ciento de la población venezolana, se proclamó presidente de Venezuela. Denunció al presidente electo Maduro, para quien más de dos tercios de los votantes y el 31 por ciento del electorado venezolano emitieron sus votos en las elecciones venezolanas de 2018 (frente a una minoría de votantes y sólo el 26 por ciento de los estadounidenses a favor de Donald Trump en las elecciones de 2016 en Estados Unidos) como un "usurpador" (Ben Norton, "Documento interno del gobierno de Estados Unidos describe el programa de'guerra económica' en Venezuela", Grayzone, 30 de enero de 2019; Joe Emersberger, "When Is a Democracy Not a Democracy? Mint Press News, 28 de enero de 2019). Guaidó fue inmediatamente declarado presidente legítimo de Venezuela por los Estados Unidos. Washington procedió a imponer lo que era, en efecto, un embargo sobre el petróleo venezolano que llegaba a los Estados Unidos, mientras tomaba el control de los activos de Citgo, la compañía petrolera de propiedad venezolana en los Estados Unidos, en nombre de los golpistas. Mientras tanto, el Banco de Inglaterra, a instancias de Estados Unidos, eliminó el acceso del gobierno venezolano a sus reservas de oro de $1.2 billones de dólares.

El actual intento de golpe de estado organizado en Washington es simplemente el último de una serie de intentos del gobierno de Estados Unidos para derrocar a la República Bolivariana de Venezuela en las últimas dos décadas. Puede considerarse que tiene tres motivos interrelacionados: (1) la destrucción del socialismo venezolano, (2) recuperar el control del petróleo venezolano (las mayores reservas de petróleo del mundo), y (3) reafirmar la hegemonía de Estados Unidos sobre América Latina. Estados Unidos ha respaldado tres exitosos golpes de Estado en América Latina en la última década: Honduras (2009), Paraguay (2012) y Brasil (2016). Venezuela, sin embargo, es el país más difícil de quebrar ya que está gobernado por un gobierno socialista electo y respaldado por la mayor masa de la población y la mayoría de los pobres de Venezuela, que apoyan firmemente el proceso revolucionario y se oponen virulentamente al imperialismo de Estados Unidos.

La realidad tras la Coalición de Trump para cambiar el régimen en Venezuela.

Por: Mark Weisbrot

Ah principio de los 70’s, los Sandinistas estaban en las montañas combatiendo para tumbar la brutal dictadura de la familia Somoza, de unos 40 años de duración y con el apoyo de Estados Unidos. Cuando una potente erupción volcánica golpeó a Nicaragua, Omar Cabezas, sandinista, cuanta que estos le dijeron a los campesinos que encontraron que fue un castigo de Dios por no haberse librado de Somoza.

Cuando los Sandinistras triunfaron en 1979, Estados Unidos inició una sangrienta guerra para recuperar el país mediante el grupo terrorista paramilitar de ‘los contras’, quienes asesinaban civiles regularmente. El Presidente George H.W Bush lo dejó muy claro durante la segunda elección de los sandinistas en 1990, que aunque no fuera Dios, el continuaría castigando a los nicaragüenses con un embargo comercial y la guerra si no se desasían de los sandinistas. Cansados de la guerra, la hiperinflación y el colapso económico, los nicaragüenses votaron por la oposición: Los sandinistas perdieron.

Hoy el gobierno de Trump está repitiendo la estrategia de castigo colectivo contra Venezuela con un embargo financiero paralizante desde agosto de 2017 y desde enero, un embargo comercial. El embargo financiero impidió cualquier posible medida del gobierno para acabar con la hiperinflación o generar una recuperación económica, mientras se pierden billones de dólares de la producción de crudo. El embargo económico está proyectado para cortar el 60% de las exiguas ganancias en divisas, necesarias para comprar medicina, comida, suministros médicos y otros bienes esenciales para la supervivencia de muchos venezolanos.

Buscando promover un golpe militar, una rebelión popular o una guerra civil, la administración Trump ha sentenciado que el castigo continúa hasta que destronar al actual gobierno. “Maduro debe irse” dijo el Vicepresidente Pence nuevamente en marzo.

Todo esto es ilegal bajo numerosos tratados firmados por Estados Unidos, incluido el Capítulo de la Naciones Unidas, el capítulo de la Organización de Estados Americanos y otros convenios y leyes internacionales. Para legitimar esta brutalidad, que probablemente ya ha matado a miles de venezolanos al restringirles el acceso a bienes y servicios e

El ascenso de China como potencia mundial. Entrevista.

Por: Au Loong-Yu

El rápido ascenso de China como un nuevo centro de acumulación de capital ha aumentado el conflicto con los Estados Unidos. Ashley Smith, de ISR, entrevistó al activista y académico Au Loong Yu sobre la naturaleza de la emergencia de China como un nuevo poder imperial y sobre qué significa para el sistema-mundo.

Uno de los más importantes desarrollos en el sistema-mundo de las últimas décadas ha sido el ascenso de China como nuevo poder en el sistema-mundo. ¿Cómo ha ocurrido esto?

El crecimiento de China es el resultado de una combinación de factores desde su reorientación en la producción dentro del capitalismo global en la década de 1980. Primero, en contraste con el bloque soviético, China encontró un camino para beneficiarse, con un giro de ironía histórica, de su legado colonial. Gran Bretaña controló Hong Kong hasta 1997, Portugal controló Macau hasta 1999 y los EE. UU. continúan usando Taiwán como un protectorado.

Estas colonias y protectorados conectaron a China con la economía-mundo incluso antes de su entrada total dentro del sistema-mundo. En la era de Mao, Hong Kong proveyó alrededor de un tercio de la moneda extranjera de China. Sin Hong Kong, China no habría sido capaz de importar tanta tecnología. Tras el final de la Guerra Fría, durante el mandato de Deng Xiaoping, Hong Kong fue muy importante para la modernización de China. Deng usó Hong Kong para conseguir mayor acceso aún a moneda extranjera, para importar todo tipo de cosas, incluyendo alta tecnología, y tomar ventaja de su fuerza de trabajo cualificada, como directivos profesionales.

China usó Macau primero como un sitio ideal para contrabando de bienes dentro de la China continental, aprovechando la notoria falta de aplicación legal de la isla. Y así China utilizó la Casino City como plataforma ideal para la importación y exportación de capital. Taiwán fue muy importante no solo en términos de inversiones de capital, sino que más significativa en la larga carrera fue su transferencia de tecnología, primera y principalmente en la industria de semiconductores. Los inversores hongkoneses y taiwaneses fueron también una de las razones clave para el rápido crecimiento de las privincias chinas de Jiangsu, Fujian y Guandong.

¿Quién fue responsable del incendio de la ayuda humanitaria para Venezuela?

Por: NICHOLAS CASEY , CHRISTOPH KOETTL y DEBORAH ACOSTA

CÚCUTA, Colombia – Era una narrativa que cuajaba bien con las críticas por autoritarismo contra el gobierno venezolano: las fuerzas de seguridad, bajo órdenes del presidente Nicolás Maduro, prendieron fuego a un convoy de ayuda humanitaria mientras millones de personas en su país padecen enfermedades y hambruna.

El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, escribió que el “tirano en Caracas bailó” mientras sus secuaces “quemaban comida & medicinas”. El Departamento de Estado estadounidense publicó un video en el que se afirmaba que Maduro ordenó la quema de los camiones. La oposición venezolana se refirió a las imágenes de la ayuda en llamas, reproducidas por medios y televisoras en toda América Latina, como evidencia de la crueldad de Maduro.

Pero hay un problema: parece que fue la misma oposición —y no los hombres de Maduro— quien accidentalmente prendió fuego al camión.

Grabaciones no publicadas y obtenidas por The New York Times, así como filmaciones que sí se difundieron —incluidas tomas compartidas por el gobierno colombiano, que ha culpado a Maduro del incendio—, permitieron hacer una reconstrucción de lo sucedido. Esta sugiere que un coctel Molotov lanzado por un manifestante en contra del gobierno es el causante más probable del incendio.

En algún momento, una bomba casera hecha con una botella fue lanzada a las fuerzas de seguridad que bloqueaban un puente que conecta a Colombia y Venezuela para impedir que los camiones con la ayuda pudieran cruzar.

La otra “emergencia nacional” de Trump: sanciones que matan a los venezolanos

Por: Mark Weisbrot*

Mientras que los estadounidenses han protestado y se han rebelado legítimamente en contra de la declaración de emergencia nacional del presidente Trump para construir su preciado muro, lo que privaría al Congreso de ejercer su autoridad constitucional sobre el gasto; el presidente ha usado otra falsa declaración de emergencia nacional ­―en esta última semana― que ha pasado ampliamente desapercibida.

Cada orden ejecutiva anunciada por Trump en la que se imponen sanciones económicas a Venezuela incluye una frase que declara que Venezuela está causando una "emergencia nacional" para Estados Unidos y que representa "una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional" de Estados Unidos.

El hecho de que estas absurdas afirmaciones hayan pasado desapercibidas en los principales medios de comunicación muestra cuán débil es el Estado de derecho en Estados Unidos en lo referido a la política exterior, tal y como han señalado expertos legales. Esto es especialmente cierto para aquellas medidas de agresión perpetradas por nuestro gobierno y que tienen como consecuencia la muerte de personas en otros países.

Y no hay que equivocarse al respecto: las sanciones de Estados Unidos a Venezuela están matando personas y han estado matando personas ya por algún tiempo, como ha señalado el economista de la oposición Francisco Rodríguez, el principal experto en el mundo en economía venezolana.

No existen estimaciones de la cantidad de muertos ocasionados por las sanciones, pero dada la experiencia en países con situaciones similares, es probable que haya miles o decenas de miles hasta el momento. Y empeorará rápidamente si las recientes sanciones persisten.

¿Cómo es que las sanciones matan gente? En general, lo hacen dañando la economía. Esto incluye pérdidas de empleo e ingresos de quienes ya enfrentan una situación desesperada; pero sobre todo, incluye la disminución del acceso a bienes esenciales para salvar vidas, como medicamentos, suministros médicos y atención médica.

Qué hay detrás del discurso del odio

  • La xenofobia, el rechazo de la pluralidad, la mentalidad paranoica frente al mundo exterior y la construcción de chivos expiatorios se han convertido en tendencia mundial. Hay que tomar en serio la cuestión nacional, no dejarla en manos de los extremistas. Es necesario fortalecer la cohesión colectiva

Por: SAMI NAÏR

Lamentablemente, en el panorama europeo de renacimiento del neofascismo, España ya no es una excepción. Se acaba de teñir, casi por sorpresa, de las pinceladas del color oscurantista y xenófobo que avanzan por doquier en el Viejo Continente, el color de la ultraderecha. Se demuestra, una vez más, la sagacidad de la afirmación del gran Quijote: “No hay memoria a quien el tiempo no acabe”.

Si bien España solo cuenta ahora con un grupúsculo —Vox—, este se inscribe de lleno en una ola de nacionalpopulismo neofascista que se extiende de modo alevoso por todo el mundo; sin duda, una nueva época se está abriendo, de importantes y graves retos que las democracias tendrán que afrontar, probablemente durante unas décadas. Es innegable que la globalización liberal que se puso en marcha a final del siglo pasado ha entrado en una fase crítica, debida a su patente y consciente desregulación caótica, responsable de sus contradicciones actuales. La búsqueda de un nuevo equilibrio económico-social planetario se hace, pues, imprescindible. Afrontar el desafío de este nuevo periodo exige imperativamente a las democracias encontrar modelos económicos y sociales que apuesten, de modo efectivo, por eliminar la gran brecha actual de la desigualdad, por la solidaridad, expectativas que son de la inmensa mayoría de la población arraigada en la civilización del respeto mutuo y de la dignidad. Al mismo tiempo, sin embargo, resulta llamativa la aparición —como consecuencia de los efectos disgregadores de la globalización— de capas sociales reacias étnica, cultural y políticamente, que se identifican con un discurso de odio de remota experiencia. Se trata de una tendencia mundial, cuyas características comunes son tan importantes como sus diferencias.

En EE UU, la irrupción de Donald Trump ha venido acompañada de una mutación de fondo, a la vez demográfica y racial: los trabajadores blancos de Kansas, Detroit, Texas y otros lugares del país apoyan al magnate inmobiliario porque promete frenar la llegada de los latinos, no pagar servicios sociales a los afroamericanos, acabar con el relativismo de los valores. Ellos temen no solo perder el empleo por competir con otros países, sino que su miedo se resiste también a los fundamentos de la igualdad institucionalizada, así como a la mezcla demográfica y étnica que encarnaba la política de Barack Obama. Un temor transformado en gasolina política por Trump, con una ideología ultrapopulista. Es, en definitiva, un nacionalpopulismo new wave, que retoma muchos de los ingredientes del fascismo clásico: rechazo del mestizaje (del que subyace, para muchos, la defensa de la “raza blanca”), oposición de los de abajo a los de arriba, xenofobia, mentalidad paranoica frente al mundo exterior, política de fuerza como método de “negociación”, denuncia del otro y de la diversidad, hostilidad frente a la igualdad de género, etcétera.

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