¿Hasta qué punto la pedagogía social converge con las competencias del aprendizaje social y emocional?

Por: Hernán Augusto Tena Cortés

Exámenes estandarizados, ponderaciones excesivas, contenidos desmesurados y metodologías basadas en indicadores de desempeño han ocasionado que las emociones y el sujeto como actor social se olviden dentro y fuera del aula. El sistema educativo se ha dedicado a ponderar asignando números y códigos a los estudiantes como etiquetas de un producto, dejando a un lado lo humano y obteniendo resultados inesperados que incrementan los niveles de desmotivación escolar.

En la otra cara de la moneda se encuentran estudiantes abrumados por tener que responder de memoria a varias materias y metodologías de enseñanza. Cansados también por permanecer largas horas en incómodas sillas y por tener que simular unas vidas perfectas porque simplemente no pueden llevar sus problemas personales a clase. Muchas veces un consejo a tiempo o unas simples palabras de aliento, serían de más utilidad que la explicación de una clase de derivadas o del movimiento rectilíneo uniforme.

El fracaso escolar en el mundo es cada vez más alto. El número de estudiantes en “homeschooling(1)” no se queda atrás, los índices de acoso escolar también incrementan y la educación virtual cada vez gana más adeptos. Lo anterior, se puede interpretar como una derrota para la educación presencial o por lo menos para las metodologías de aula. Se podría inferir que si los estudiantes prefieren cambiar de modalidad, es porque no encuentran ese diferencial que los motive a permanecer en clase de tiempo completo.

Reflexiones, evaluaciones, replanteamientos e innovaciones se hacen necesarias dentro de la práctica docente. Julián de Zubiría, pedagogo colombiano expone en una de sus charlas que la educación actual es una trilogía de estudiantes del siglo XXI, con profesores del siglo XX y metodologías del siglo XIX. Quizá eso resuma los párrafos anteriores y se aproxime a aportar una explicación de por qué los niveles de motivación en los estudiantes cada vez son menores mientras que la frecuencia de fracaso cada vez es mayor.

Dentro de las tendencias recientes en educación se encuentran dos que al parecer están aportando grandes transformaciones en Norteamérica y Europa. Y es que precisamente son dos vertientes que no han olvidado la importancia social y emocional del sujeto, pero que al mismo tiempo no descuidan la parte académica y logran formar seres íntegros, equilibrados y preparados para enfrentar el mundo contemporáneo que cada vez trae más sorpresas y acontecimientos inesperados. Así entonces, surge el siguiente cuestionamiento ¿hasta qué punto la pedagogía social converge con las competencias del aprendizaje social y emocional? Para dar respuesta debemos tener en cuenta los siguientes aspectos.

¿Qué es la pedagogía?

Se podría dedicar un capítulo entero o quizá un libro completo a la definición y profundización de esta ciencia que en síntesis estudia a la educación y al método para la enseñanza. Pertenece a las ciencias sociales y humanidades y mantiene una relación estrecha con la psicología, la sociología y la antropología. El término se deriva del griego “paidos” que significa niño y “agein” que significa guiar y conducir; así un pedagogo es la persona que se dedica a educar a los niños, aunque con la evolución del concepto hoy se utiliza para educar en general.

El campo de la pedagogía es bastante amplio con autores como Lev Vygotsky, María Montessori, John Dewey, John Locke, Julián de Zubiría y muchos más que han influido en su desarrollo e historia. De la misma manera se conocen diferentes tendencias o corrientes como el conductismo, el constructivismo, el cognitivismo, el conectivismo y otros. En esta ocasión se pretende profundizar sobre una teoría que se escucha con poca frecuencia y cuyo impacto comunitario ha crecido de manera ostensible, la pedagogía social.

¿Qué es la pedagogía social?

Paul Natorp, es un filósofo alemán conocido como el padre fundador de la Pedagogía Social. En pocas palabras su fundación formula y aplica soluciones pedagógicas a las prácticas sociales, no limitándose a la resolución de problemas sino manteniendo el bienestar y el nivel de vida. Además esta disciplina tiene como objetivo fomentar las relaciones prosociales y de cooperación entre los jóvenes para censurar el comportamiento antisocial y recompensar la interacción amigable. Se caracteriza como una disciplina con tres dimensiones: práctica, teórica y profesional.

Teniendo en cuenta la esencia de lo que es la pedagogía y recordando que lo social, de acuerdo con la sociología se refiere a un sentido de un grado mínimo de solidaridad que une a los seres humanos haciendo imposible ignorarse mutuamente; existe una fuerte relación entre estos dos términos que juntos hacen referencia a aprender a vivir cooperativamente con la sociedad. Por lo tanto, la pedagogía social busca preservar o revitalizar la solidaridad social de una manera que "nos predisponga sin dificultad a la devoción y al sacrificio" (Durkheim, 1994, p. 107) en nuestra relación con el otro.

Esta disciplina es aplicable o puede converger fácilmente en la enseñanza de otras materias. Pues es un complemento ideal porque de manera usual la cátedra específica involucra la cabeza y la pedagogía social el corazón. En efecto, los profesionales en pedagogía social se interesan en la cabeza (aprendizaje instruido o académico), en el corazón (aprendizaje social y moral), y en las manos (aprendizaje práctico). Sin embargo, su especialidad siempre será el segundo.

Desde su fundación, Natorp (1904) estableció su misión principal de servir al bien común. Esto requiere nada menos que una transformación moral y, según Platón y Aristóteles, mientras que lo intelectual es enseñable, lo moral no. Ellos argumentaban que lo moral surge de la conciencia y no del tablero, así que lo primero es habituado en vez de instruido. En ese sentido las acciones morales son la aceptación de los valores sociales, variando estos últimos de situación en situación. De ahí la importancia de involucrar el corazón y la cabeza o lo que es lo mismo, la razón y el afecto en la práctica, pues mientras algunas cosas se aprenden, otras como lo moral o afectivo, se sienten.

¡Pedagogía Social en los colegios!

La pedagogía social en los colegios mejora la experiencia de socialización para los estudiantes a través del fomento del altruismo y el alivio del comportamiento egocéntrico. En ese sentido, la misión en las instituciones es ayudar a los jóvenes, niños y niñas a transformar el egocentrismo por el principio moral de mostrar consideración por los demás. Se invita así a la socialización y la resocialización, siendo muy cautos en no atentar contra la dignidad humana del otro. Por último, se promueve la interacción positiva entre diferentes grupos étnicos, pues estudios comprueban que esta interrelación cultiva la tolerancia (Allport, 1979) y reduce el racismo.

Uno de los principales desafíos de la pedagogía social en los colegios y en general en todos los escenarios, es la reducción o eliminación del matoneo escolar(2). En este sentido es importante mencionar dos programas internacionales de anti-matoneo. El primero, es el “Olweus Programme Against Bullying and Antisocial Behaviour”, desarrollado por Dan Olweus (2001) en la Universidad Bergen. Y el segundo, el “Zero Programme”, desarrollado por Erling Roland (Roland & Sorensen Vaaland, 2003) en la Universidad Stavanger.

Los dos programas están respaldados por el gobierno noruego y basados en el modelo de pedagogía social. Aunque tienen enfoques diferentes, en ambos casos los desarrolladores otorgan un gran valor a la concentración del comportamiento de los espectadores prosociales. Es decir, muchos actores externos intentan no involucrarse en incidentes de matoneo, ya que no es asunto de ellos o, lo que es peor, no es un deporte para espectadores. (cf. Smith y Shu, 2000; Salmivalli et al, 2004)

Entonces, ¿cuál es el papel del pedagogo social o de los espectadores en los incidentes de matoneo? El de aplicar soluciones pedagógicas a problemas sociales. En este caso, están persuadidos de hablar en contra del acoso escolar y de creer que pueden ayudar a las víctimas, evitando ponerse en peligro. Aquí dos desafíos se destacan; primero, desbloquear el potencial del comportamiento de ayuda; segundo, aumentar la eficacia colectiva percibida entre los protectores. Olweus utiliza el juego de roles y la visualización de incidentes de intimidación organizados (en video) para fomentar una comprensión agradable del dolor y la situación de la víctima; mientras que el Programa Cero recomienda el uso de patrullaje estudiantil durante el recreo como un complemento a la supervisión de un adulto. Se ha encontrado que ambos programas reducen los problemas de intimidación en las escuelas (Sephens, 2011a).

¿Qué es el aprendizaje social y emocional (SEL)?

El aprendizaje social y emocional es un modelo que busca mejorar la capacidad de los estudiantes para integrar habilidades, actitudes y comportamientos que ayuden a abordar de manera efectiva y ética las tareas y desafíos diarios. Este marco a través de cinco competencias promueve la competencia intrapersonal, interpersonal y cognitiva. Actualmente se implementa en varias instituciones de Estados Unidos. Los resultados hasta el momento han sido positivos y allá se puede encontrar un grupo colaborativo que apoya a educadores y líderes en la implementación y mejora de resultados (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

La primera competencia que apoya este modelo es el autocontrol. Se define como la capacidad de regular sus emociones, pensamientos y comportamientos de manera efectiva en diferentes situaciones. Esto incluye manejar el estrés, el control de los impulsos, motivarse a sí mismo y trabajar hacia las metas personales y académicas. Algunos beneficios de este desarrollo son el control de los impulsos, el manejo del estrés, la disciplina personal, la motivación personal, el establecimiento de metas y las habilidades organizativas. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

En segundo lugar se encuentra la conciencia de sí mismo. Se define como la capacidad de reconocer con precisión sus emociones y pensamientos y saber cómo influyen en el comportamiento de uno. Esto incluye evaluar con precisión sus propias ventajas y limitaciones. Una persona que es consciente de sí misma tiene un sentido bien fundamentado de optimismo y confianza logrando identificar las emociones, reconocer fortalezas y confiar en sí misma. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

En tercer lugar se encuentra la toma de decisiones de manera personal. Esta se refiere a tener la capacidad de tomar decisiones constructivas y respetuosas en su comportamiento personal y en la interacción social. Permite identificar problemas, analizar situaciones, resolver problemas, evaluar, reflexionar y adquirir una responsabilidad ética. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)
En cuarto lugar se encuentran las habilidades relacionales. Hacen referencia a tener la capacidad para establecer y mantener relaciones gratificantes con amigos, familiares y otras personas de diferentes ámbitos. Quien desarrolla estas habilidades se caracteriza por tener buena comunicación, buen compromiso social, por construir buenas relaciones y por trabajar en equipo. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

En el quinto lugar, pero no menos importante, se ubica la conciencia social. Esta es la capacidad de entender y respetar el punto de vista de los demás y de aplicar este conocimiento a interacciones sociales con personas de diferentes ámbitos. Aquí es muy importante considerar la toma de perspectiva subjetiva del otro, la empatía, la apreciación de la diversidad y el respeto hacia los demás. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

Al igual que la pedagogía social, el aprendizaje social y emocional más eficaz (SEL) requiere un enfoque estratégico y sistémico que involucre a todos, desde los líderes hasta los socios de la comunidad y los miembros de la familia. Así se puede concluir que estos dos modelos se complementan y convergen hasta el punto de poder ser implementados en la comunidad con posibilidades de obtener resultados muy interesantes, pues ambos entienden la importancia del sujeto en la sociedad y del manejo de emociones con el fin de evitar dificultades comunitarias. Por último, de una u otra manera, los dos extienden la invitación a utilizar la cabeza, el corazón y las manos en la práctica educativa aplicando soluciones pedagógicas a problemas sociales.

Referencias:

Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning. (2020, 01 01). Recuperado el 07 de Mayo de 2020, de CASEL: https://casel.org/
Stephens, P. (2013). Social Pedagogy: Heart and Head. Bremen: Social Comparison.

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1) Nota del editor: El “homeschooling” hace referencia a la creciente tendencia a que los niños no asistan a una escuela sino que reciban la educación en la casa bajo la supervisión de los padres. Es una educación desescolarizada.

2) Nota del editor: El autor emplea la palabra bullying para hacer referencia a esta conducta que en español se ha traducido como matone

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