Esteban Morales Estrada

Entre la barbarie y la democratización es imperativo tomar partido por la segunda opción

Por: Esteban Morales E
Historiador

Estamos en un momento histórico, no hay ninguna duda. Por primera ocasión en nuestra atormentada historia político-social post Frente Nacional, un candidato con ideas de izquierda (democrática) tiene grandes posibilidades de obtener la victoria en las justas electorales del domingo próximo. Por lo anterior, el voto en blanco es totalmente injustificable para los sectores democráticos, de izquierda, nacionalistas y hasta de centro (es mejor un gobierno plural que permita la oposición y reivindique lo democrático, a uno autocrático y reaccionario evidentemente…). En resumidas cuentas, Petro no es igual a Duque, por lo que la opción de no elegir es vacua. Si la segunda vuelta fuera entre Vargas Lleras y Duque (autómata dirigido por el mesías del Centro Democrático, que no es ni centro, ni democrático), el voto en blanco cobraría sentido, porque en dicha coyuntura hipotética, entre dos candidatos similares, la neutralidad sería opción, ya que por A o por B las cosas desembocarían en el mismo desastre político de los últimos gobiernos, y existiría una posibilidad viable de no comprometerse con dos candidatos igualmente perversos para toda iniciativa democrática-reivindicativa, y que representan claramente el continuismo oligárquico y el clientelismo en su mayor nitidez. Lo que algunos no han comprendido es que Petro está en las antípodas de Duque, y que un triunfo del segundo puede ser un desastre de tamaño colosal para los que no pensamos igual al ventrílocuo, defensor de la constitución decimonónica creada por la dupla de Miguel A. Caro y Rafael Núñez (1885).

Jorge Eliecer Gaitán reactivado y reactualizado, 1948-2018.

Por: Esteban Morales
Historiador

El pasado 9 de abril de 2018 se conmemoraron 70 años del lamentable y aun irresuelto magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán (1898-1948), uno de los más importantes líderes políticos de nuestra historia y uno de los oradores más electrizantes que ha tenido Colombia, cuando los políticos sabían pronunciar discursos, además de robar y dormir en las plenarias como algunos ineptos lo hacen hoy. Gaitán hace parte, junto a Rafael Uribe (1859-1914), de un binomio o una trayectoria, que constituye una tendencia histórica que debe ser reactivada y estudiada por una razón fundamental: estructuralmente nuestro país sigue teniendo graves problemas socioeconómicos que no se han resuelto y cuyas consecuencias lo continúan atormentando hoy como ayer, siendo imprescindible cortar ese lastre desastroso y perjudicial, que es como una pesadilla circular y reiterativa. Y es que en “la democracia más estable de América Latina” la transformación social entre otras cosas, es inviable, imposible e inconcebible. La “gente bien” tiene las prerrogativas de la democracia y las “mayorías” deben mirar al piso porque su protesta es subversiva, ilegitima y levantisca. Y si se expresa la voluntad de cambiar ese estado irracional de cosas, se nos acusa de “odio de clases”, cuando está demostrado por tres décadas de una bochornosa y apresurada Apertura Económica, y de gobiernos que buscan “la inversión extranjera” y el establecimiento de reformas fiscales no progresivas, que lo que se necesitan son cambios estructurales, no paños tibios y medias tintas, que alborotan el polvo si mover nada. Y no hablamos de una revolución comunista, algo anacrónico a todas luces, hablamos de unos cambios democráticos, de aplicar la constitución del 91, de construir un país menos desigual y consolidar el postconflicto.

Pero la reactivación de Gaitán, no se trata solamente de agasajos y conmemoraciones vacuas. Es ante todo desde su parábola vital, desde sus propias contradicciones y desde sus escritos que debemos partir si queremos navegar en su legado y conectarlo con el presente, 70 años después de su vil asesinato y el de muchos compatriotas en medio de la violencia política liberal-conservadora que desde los años 30 se venía presentando, pero que tuvo en la fatídica fecha del 9 de abril un acelerador innegable y unas consecuencias desastrosas para el país.

Petro es sinónimo de cambio social y esperanza política…

Por: Esteban Morales
Historiador

Gustavo Petro, con todas sus particularidades (negativas y positivas), representa algo central en la coyuntura política actual: el cambio, y aunque puede ser traumático o impredecible, es cambio, al fin y al cabo, palabra poco conocida en la historia política colombiana, pero que tiene una importancia central en sí misma. Es precisamente eso lo significativo de Petro, que en el fondo representa la única propuesta que busca un cambio real o estructural, por llamarlo de otra forma. Ese cuento de que la oposición debe estar haciendo control a los de siempre, mientras abusan y desfalcan, roban y desinforman, no es cuerdo ni verídico; la oposición también puede alternar en el poder, cambiar y hacer las cosas mejor. Gustavo Petro representa esa oposición, oposición a las mismas prácticas de siempre, a esos que hacen doctorados rimbombantes (cuando los hacen en realidad) y luego vuelven al país a ocupar un puesto digno de sus antepasados, a esos que nunca han tenido contacto con lo popular y cuando lo hacen manifiestan un desprecio y una simulación imposible de disimular, a esos que administran el país por herencia y por apellido, a esos que llaman indio, negro, provinciano o plebeyo al compatriota, a esos que quieren gobernar al país como lo hacían sus antepasados hace medio siglo.

A eso se opone Petro y eso encarna su discurso, su trayectoria política, su forma de ver los procesos y sus reivindicaciones, razones valiosas en sí mismas. ¿Odio de clases? No señor Duque, es justicia de clases, equidad y oportunidades en un país que debe renovar las bases de la democracia real y visible. Ese cuento de hadas de que todos progresamos juntos sin cambios de verdad, es un atropello a la realidad. Toca chutar la pelota, posponer las transformaciones y variaciones, dejarlas para luego, el pobre debe esperar siempre, acusado de su misma miseria. Lo malo de esa espera, es que la clase política lo hace desde un crucero o desde una hacienda, mientras el hombre de a pie lo hace con añoranzas, necesidades y padecimientos. Son las gentes comunes las que deben dejar el miedo y propiciar el cambio, porque no son rebaños, son sujetos activos, son ciudadanos con capacidad de dirigir.

Río Escondido: ¿realismo social o idealismo?

Por: Esteban Morales Estrada
Historiador

La película mexicana Río Escondido dirigida por Emilio Fernández Romo fue filmada en 1947 (lanzada en 1948 en México) y causó sensación. Fue alabada y criticada por igual, además, se volvió una especie de referente cinematográfico. Fue un éxito en la Unión Soviética y ganó el Premio Ariel a la mejor película mexicana en 1949. En su trama se hace evidente la influencia de la tendencia realista, definida (de forma ambigua e imprecisa según Jakobson) como “una corriente artística que se dio por fin reproducir la realidad lo más fielmente posible y que aspira al máximo de verosimilitud” (1). Sin embargo hay múltiples definiciones de dicho concepto, como la que trae Louis Aragon, extraída de los Estatutos de la Unión de Escritores Soviéticos que define al realismo socialista específicamente (teniendo en cuenta que algunos ven en la película una influencia directa de esta manera de concebir el arte y su influencia en México) como “un método […] que exige del artista una representación verídica, históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario […] que debe combinarse con el deber de transformación ideológica y de educación de las masas dentro del espíritu del socialismo”(2) .

En términos generales, lo que era un debate en la época de Lenin y Lunacharski, respecto al papel del arte en la consolidación de la revolución, se volvió un dogma irrebatible en la de Stalin y Zhdánov con el realismo socialista como política oficial.

Reforma tributaria y paz: una antinomia.

Por: Esteban Morales Estrada.
Historiador

En el libro Las crisis de las dictaduras Nicos Poulantzas (1936-1979) deja claro algo fundamental para el caso que pretendemos analizar. El marxista greco-francés advierte que antes de señalar los factores externos como culpables de todos los males de un país, conviene matizar las acusaciones y analizar detenidamente los procesos particulares de cada lugar. En definitiva, Poulantzas plantea la preponderancia de los factores internos en articulación constante con los externos, criticando la teoría mecánica y simplista del complot internacional fantasmagórico, cuya ventaja principal es “desviar el examen de los propios errores y, sobre todo, de cerrar los ojos a las coyunturas internas que, precisamente, han permitido a las intervenciones exteriores y al dedo del extranjero ser eficaces”(1) . Conviene entonces analizar la reforma tributaria y entender el porqué de su contradicción con un proceso de paz duradero, mirando los factores internos en conexión con los externos para obtener una fotografía de la situación antinómica que trataremos de ilustrar.

De las narco-novelas y otros demonios…

Por: Esteban Morales Estrada.
Historiador.

Se ha vuelto terriblemente común y recurrente que los dos principales canales de la televisión colombiana, insistan incansablemente en la producción y difusión de lo que podemos denominar narco-novelas, definidas de una manera sintética y simple como producciones centradas en el tema del narcotráfico y la violencia mafiosa colombiana. Esa especie de obsesión por este tipo de productos televisivos refleja varios “demonios”, o más bien, deja ver ciertas fisuras que pretendemos ilustrar a vuelo de pájaro en los siguientes párrafos, unas más implícitas que otras, pero al fin de cuentas presentes en todo ese océano de narco-novelas que inundan nuestro medio, como una sombra y que afectan en últimas el desarrollo histórico de nuestro país.

La primera fisura de las narco-novelas es que estas no buscan la reflexión sobre los problemas del pasado nacional, en ámbitos como el narcotráfico y la ilegalidad, sino que hacen una apología al crimen, a la heroicidad del bandido y anteponen la sensiblería poco analítica, al cuestionamiento y entendimiento critico de épocas y procesos.

La esquiva modernidad: A propósito de un ensayo de Rubén Jaramillo Vélez.

Por: Esteban Morales Estrada(1)

Rubén Jaramillo Vélez es el filósofo colombiano más influido por las ideas de la Teoría Crítica, especialmente por Herbert Marcuse, ya que tuvo la oportunidad de estudiar en Alemania y conocer de primera mano importantes debates y textos; en definitiva, puede considerársele como “el introductor de la Teoría crítica en Colombia”(2) , a través de sus traducciones en la revista Argumentos y de sus conferencias y labor docente. En su ensayo “La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia”, establece un esquema viable a nivel histórico y trata de mostrar aspectos concretos en las fuentes, sin quedarse en las nubes divagando en conceptos abstractos, sin conexión con la historia colombiana, citando a muchos clásicos de la historiografía nacional (Jaime Jaramillo Uribe o Álvaro Tirado Mejía).

¿Valen más tus muertos o los míos?

Foto por:Julian Bello  Instagram: juliandavid01

Por: Esteban Morales Estrada.
Historiador.

“En la historia no se puede afirmar ninguna certeza”
Dominick LaCapra

Hace unos días leí un interesante artículo de Philipp Blom en la revista El Malpensante, llamado: El Policía Empapado.(i) El artículo trata sobre la relación conflictiva entre las fuentes históricas y las interpretaciones del pasado, resaltando la intencionalidad de los relatos históricos, con base en el caso de un policía francés, que malhumorado, se negó a hablar con unos turistas curiosos sobre las razones por las cuales la batalla de Waterloo no aparece en el Arco del Triunfo (en Paris) y prefirió mojarse en un torrencial aguacero, para huir de los cuestionamientos.

Foto por:Julian Bello Instagram: juliandavid01

Francisco Posada Díaz, el intelectual del marxismo en Colombia

El Tiempo

Por: Esteban Morales Estrada.

En el 2014 se cumplieron 80 años del natalicio de uno de los más importantes intelectuales de nuestro país, Francisco Posada Díaz, que, al igual que muchos otros autores marxistas, permanece en el más profundo olvido por parte de la mayoría de colombianos.

Varias reseñas y artículos aparecieron sobre su vida y obra en los periódicos, resaltando sus virtudes como profesor e intelectual. Además, se hicieron eventos y se editó un libro compilatorio de sus escritos.

Michel Warschawski ¿Una solución alternativa al conflicto Palestino–Israelí?

Por: Esteban Morales Estrada
Historiador

    Europa, y la comunidad internacional, fueron quienes crearon este conflicto. Los europeos decidieron resolver el problema de los supervivientes de la Segunda Guerra Mundial y del genocidio de los judíos de Europa diciendo: “Os damos un Estado, coged las llaves, veinte francos. Tendréis apoyo político, militar, etc.” decidiendo así hacer pagar a los árabes de Palestina por un crimen que les era extraño. Para Europa, fue una forma abyecta de desentenderse, a costa de los demás, de su responsabilidad en el genocidio.(1)
    Michel Warschawski

I

El conflicto Palestino-Israelí y en general las problemáticas del Medio Oriente, siempre están a la orden del día en los titulares del mundo.

La historia como herramienta vital para la construcción de la paz.

Por: Esteban Morales Estrada.
Historiador

I

En medio de un proceso de paz, las esperanzas de muchos colombianos se ven reanimadas imaginando un futuro mejor para sí mismos y para los suyos. Otros por el contrario hacen una incansable oposición a dicho proceso, basándose en las pantomimas y la demagogia presentes en procesos de paz llevados a cabo por gobiernos anteriores, como el de Andrés Pastrana (1998-2002) y el de Belisario Betancur (1982-1986).

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