La esquiva modernidad: A propósito de un ensayo de Rubén Jaramillo Vélez.

Por: Esteban Morales Estrada(1)

Rubén Jaramillo Vélez es el filósofo colombiano más influido por las ideas de la Teoría Crítica, especialmente por Herbert Marcuse, ya que tuvo la oportunidad de estudiar en Alemania y conocer de primera mano importantes debates y textos; en definitiva, puede considerársele como “el introductor de la Teoría crítica en Colombia”(2) , a través de sus traducciones en la revista Argumentos y de sus conferencias y labor docente. En su ensayo “La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia”, establece un esquema viable a nivel histórico y trata de mostrar aspectos concretos en las fuentes, sin quedarse en las nubes divagando en conceptos abstractos, sin conexión con la historia colombiana, citando a muchos clásicos de la historiografía nacional (Jaime Jaramillo Uribe o Álvaro Tirado Mejía).

A lo largo del escrito, Jaramillo Vélez señala la “ingenuidad” de las clases dirigentes “minoritarias” de nuestro país, en lo que tiene que ver con la aplicación de modelos externos abstractos o usados fuera de contexto.

      “El entusiasmo de las élites criollas por los ideales de la Asamblea constituyente y legislativa o por el texto de Filadelfia respondía desde luego al "espíritu de los tiempos”, aunque distaba mucho de estar respaldado por hechos concretos: por procesos efectivos y desarrollos socio-económicos, culturales e idiosincráticos que se correspondiesen con este espíritu”(3).

Sin embargo, los aspectos finales del ensayo son los más interesantes. Jaramillo Vélez muestra que a partir de la Regeneración (1885) nuestro desarrollo social estuvo marcado por un “sincretismo colombiano” (¿solo colombiano? ¿toda Colombia es igual?), una “modernidad en contra de la modernidad”, una anacrónica aplicación de algunos elementos del ultramontanismo a finales del siglo XIX y principios del XX, caracterizado como “un conjunto de medidas teóricas y prácticas cimentadas en la condenación de la modernidad en su conjunto (sociedad, política, economía, cultura) teniendo el Medioevo como paradigma”(4) , que va a desarrollarse, de forma contradictoria, en medio de un importante avance en lo que tiene que ver con la infraestructura del país y la capacidad de consumo, así como un aumento de población apreciable, aspectos que van a coincidir con la aparición de novedades como la radio, el avión, el cine, etcétera, en medio de la indemnización por la pérdida de Panamá y el acelerado crecimiento de la exportación cafetera que aumentó 300 por ciento de 1913 a 1929, sumado al surgimiento de fuertes focos de resistencia obrera y campesina, en el marco de una “República Burguesa” para usar el término de James Henderson(5) . Pero al mismo tiempo, según Rubén Jaramillo, todos estos cambios materiales no hicieron “variar substancialmente la concepción tradicionalista o la “visión del mundo” y la ideología, que desde la firma del Concordato de 1887 estuvo sometida al control, por el de la educación pública, de la iglesia católica romana”(6) .

Pese a un cierto esquematismo en la afirmación anterior (no es igual un colono de una zona rural a un empleado público de la capital, por ejemplo), puede decirse que tiene validez como marco analítico, en el sentido que propone una antinomia fundamental: cambios materiales fundamentados en la prosperidad económica, que se presentaron (y se presentan) simultáneamente con mentalidades pre-modernas y regímenes políticos oligárquicos. En palabras más precisas, el proceso histórico-social colombiano se caracterizó por una “secularización a medias” y una consecuente “postergación de la experiencia de la modernidad”(7) , o dicho de otro modo, por una “modernidad y una secularización semi-degradada, o completamente pervertida, hecha a retazos y casi sin esperanza colectiva”(8) .

Sin embargo, el argumento de Jaramillo choca en este punto con algunos planteamientos del historiador James Henderson, quien afirmaba que “A medida que se acercaba la década del veinte, los colombianos habían visto la modernidad y se habían decidido en su favor”(9) . En este punto, podemos decir que ambos tienen razón parcialmente desde sus perspectivas particulares, teniendo en cuenta la posibilidad de que Henderson confunda (o la traducción tal vez), modernización con modernidad (Modernization - Modernity).

Traído a tiempo presente, el esquema trazado por Rubén Jaramillo es válido para entender el país contradictorio y ambiguo que pervive hasta nuestros días, en medio de un marco general explicativo que antepone modernización material capitalista, frente a posturas pre-modernas en las actitudes, tradiciones y referentes de la mayoría de colombianos, con una fuerte responsabilidad de la Iglesia y las elites del país, en lo que respecta a su manejo directo o indirecto de muchos aspectos de la vida colombiana. Ante el debilitamiento de la iglesia, el individuo quedó desnudo y desprotegido frente a los cada vez mas acelerados cambios contemporáneos, sin poseer referentes sólidos y secularizados para tal experiencia.
Desde la otra orilla, el monumental trabajo de fuentes hecho por Henderson y su argumentación a favor de una aparente concatenación modernización-modernidad que llevó a un desgaste de la “autoridad tradicional” hace que sea necesario matizar en alguna medida la hipótesis del texto que venimos analizando. Por un lado, hay que particularizar las afirmaciones según casos específicos, teniendo en cuenta que la idea de modernidad, así como la de ilustración están cada vez más desgastadas y degradadas(10) , además de ser cuestionables en muchos aspectos de sus desarrollos, pese a su supuesta universalidad. Además, es innegable que en nuestro país se dieron cambios de mentalidades importantes en el siglo XX, limitados a círculos urbanos e intelectuales y permeados por las tradiciones del país, pero igualmente visibles y valiosos(11) , así como se deben matizar las responsabilidades de la Iglesia en relación a ámbitos diversos. Sin embargo, continuar en este debate (Henderson vs. Jaramillo) es un callejón sin salida, ya que ambos argumentos pueden ser defendidos eficientemente. Solo cabe anotar que Damián Pachón Soto, refiriéndose a las múltiples falencias de la llamada modernidad occidental considera que: “en realidad hoy no tenemos por qué completar, ni hacerle arreglos a la modernidad, sobre todo si tenemos presente los resultados que ella produjo en el mal llamado Primer Mundo”(12).

A manera de conclusión, podemos decir que el estado de “somnolencia tradicional” en la que fueron mantenidas las masas populares, los vicios tradicionales y unos referentes ambiguos hacen que la experiencia capitalista haya sido traumática en muchos sentidos en Colombia, produciendo consecuencias negativas en terrenos como la política, la convivencia o la construcción de la nación. Ante la ausencia de una secularización completa, muchos procesos quedaron a medias y al tener raíces coloniales tan profundas, parece complicado superarlos. Asuntos como la Revolución Burguesa(13) por ejemplo, fracasaron en nuestro país ante el embate de las siempre fuertes fuerzas reaccionarias, que se transforman como es obvio, pero que en el fondo representan uno de los lados de la contradicción entre modernidad y mundo pre-moderno, que sin duda llega hasta nuestros días con mucho vigor y dinamismo. En últimas:

      “El sonambulismo que caracteriza en buena medida las actitudes, la persistencia de vicios tradicionales que impiden una auténtica solidaridad y cohesión social -particularismos, fulanismos, clientelismos, dependencia y falta de autonomía en los procesos de decisión política- prueban ese peculiar sincretismo de lo moderno y lo premodemo, tan característico de la vida pública en nuestro país”(14) .

Notas:

1) Historiador (Universidad de Antioquia). Estudiante de Maestría en Historia (Universidad Nacional, Sede Medellín).

2) Damián Pachón Soto, “El puesto de Rubén Jaramillo Vélez en la filosofía en Colombia”, Saga. Revista de estudiantes de filosofía Nº17 (2008): 122.

3) Rubén Jaramillo Vélez, “La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia” en Colombia: la modernidad postergada (Bogotá: Gerardo Rivas Moreno, 1998), 28.

4) Fernando Freitas Neves y Allan Azevedo Andrade, “Da diocese ao parlamento se faz o ultramontanismo: D. José, um bispo político na Amazônia oitocentista (1844-1857)” Historia y Sociedad Nº 31 (2016): 275.

5) Algunos estudios más minuciosos muestran dicho proceso. Ver por ejemplo los capítulos 4, 5 y 6 de James Henderson, La modernización en Colombia. Los años de Laureano Gómez 1889-1965, traducción de Magdalena Holguín (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2006) o Daniel Pecaut, “El preludio de 1930: crisis del sistema oligárquico y apogeo del sindicalismo heroico” en Política y sindicalismo en Colombia (Bogotá: La Carreta, 1973) 69-108. Ver también: Alberto Abello, “La Republica Conservadora”, Credencial Historia Nº 182 (2005): 3-13 y Germán Colmenares, “Ospina y Abadía: la política en el decenio de los veinte”, Nueva Historia de Colombia, Tomo I (Bogotá: Planeta, 1989), 243-268.

6) Rubén Jaramillo Vélez, “La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia”…52.

7) Rubén Jaramillo Vélez, “La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia”…54.

8) Juan Guillermo Gómez y Selnich Vivas Hurtado, Historias, desaciertos e investigación en Colombia (Medellín: Ediciones Unaula, 2015), 69.

9) James Henderson, La modernización en Colombia. Los años de Laureano Gómez 1889-1965…138.

10) Max Horkheimer y Theodor Adorno, “Concepto de Ilustración” en Dialéctica de la Ilustración (Madrid: Editorial Trotta, 1994), ver las págs. 85-95.

11) Ver los capítulos XI y XIV de Álvaro Tirado Mejía, Los años sesenta: una revolución en la cultura (Bogotá: Penguin Random House, 2014). Y ver capítulos III y IV de Miguel Ángel Urrego, Intelectuales, Estado y nación: de la guerra de los mil días a la constitución de 1991 (Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2002). Para una síntesis del periodo 1958- [1991-1994] ver los capítulos 5 y 6 de Marco Palacios, Entre la legitimidad y la violencia. Colombia 1875-1994 (Bogotá: Editorial Norma, 1995) y el capítulo 4 de Ricardo Arias Trujillo, Historia de Colombia contemporánea (1920-2010). (Bogotá: Universidad de los Andes, 2010).

12) Damián Pachón Soto, “El puesto de Rubén Jaramillo Vélez en la filosofía en Colombia”…125.

13) Ver: Francisco Posada Díaz, “La tentativa de revolución burguesa en Colombia y sus resultados” en Ideas y Valores Nº 27-29 (1967): 125-170. Y adicionalmente para efectos ilustrativos y conceptuales: Isaac Deutscher, “La revolución inconclusa” en ECO: revista de la cultura de occidente Tomo XV/6 (1967): 589-612.

14) Rubén Jaramillo Vélez, “La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia”…56.