Edwin Palma

¿Por qué el diálogo social no funciona en Colombia?

Por: Edwin Palma Egea

Generalizar siempre es equivocarse, por eso empiezo hablando de una excepción. Esta semana, en el marco de un evento internacional sobre dialogo social en la agroindustria y la minería, organizado por la Confederación Holandesa de Sindicatos FNV, escuché con atención a un empresario colombiano del sector palmicultor, un renglón de la economía colombiana en donde las relaciones laborales han sido tradicionalmente violentas, hostiles y poco ejemplares. El representante de Palmas del Cesar, una empresa con casi 60 años en el sector, hablaba de las bondades que el diálogo social con su sindicato, Sintrainagro, le ha traído a la empresa en productividad, reducción de conflictos y estabilidad.

Un ejemplo que valdría la pena copiara el sector, pues un solo caso no es suficiente para lavarle la cara a Fedepalma. El camino para extender una cultura de diálogo social en el sector palmero es el de la negociación colectiva sectorial, camino que ayudaría a superar los prejuicios de muchos en el empresariado que ven el diálogo social como coadministración y debilidad empresarial y a los trabajadores como enemigos.

Ahora sí, generalicemos. El diálogo social en Colombia no funciona básicamente por tres causas, por falta de iniciativa del gobierno para generar las condiciones que lo hagan efectivo y productivo. Segundo, porque a los empleadores del país no les interesa el dialogo social, le han comprado a algunos abogados y asesores la teoría del “derecho laboral del enemigo” y no les interesa para nada conversar, dialogar con los trabajadores y los sindicatos. Para algunos, la democracia y la vigencia de los derechos humanos en los sitios de trabajo no son admisibles[1]. Y tercero porque la capacidad de negociación de los sindicatos, por regla general, es débil, desde el más bajo al más alto nivel[2]. Una alarmante cifra que demuestra el fracaso del diálogo social en Colombia es precisamente el alto número de tribunales de arbitramento que se constituyen al año para resolver conflictos colectivos del trabajo[3].

Hace cuatro años, la Escuela Nacional Sindical con el apoyo técnico de Invamer – Gallup, realizó la tercera Encuesta de Opinión Sindical. Se realizaron entrevistas en profundidad a 104 dirigentes de sindicatos con más de 350 afiliados, que arrojaron resultados importantes. Por ejemplo, el 94% de los entrevistados creen que los trabajadores tienen voluntad de llegar acuerdos, mientras el 80% considera que son los empresarios los que obstaculizan el diálogo social. Los entrevistados, concluyeron que el sindicalismo colombiano tiene una gran responsabilidad en los temas laborales y sociales, pero desconfían de su capacidad. Por ejemplo, el 60% de los dirigentes entrevistados consideraban que el sindicalismo no es determinante en la negociación del salario mínimo para los trabajadores colombianos. El 44 % señaló que el sindicalismo no era incidente en las políticas laborales del país.

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