Daniel Quintero Calle

Violencia en Medellín: Fico, es la desigualdad

Por: DANIEL QUINTERO CALLE

He sido feroz en mi crítica a la política de “seguridad” de la actual administración, y que pretende ser continuada por el Centro Democrático si gana la Alcaldía este año. Haber reducido el presupuesto de las Secretarías de Inclusión Social, Cultura, y Deporte para incrementar el presupuesto “seguridad” no sólo es un contrasentido histórico, sino que ha probado no dar resultados.

Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla. Eso pareciera estar pasando en Medellín, lo grave es que a la historia que podemos revivir no es aquella en la que éramos la capital industrial de Colombia, sino aquella en la que éramos un infierno.

Para mediados del siglo XX Medellín era una ciudad orgullosa de sí misma. Una ciudad casi idílica, planeada y con sentido social, con un gobierno eficiente y ordenado, líder en educación, industria y servicios públicos. Decía Daniel Samper Ortega en 1937, “Es la ciudad donde se vive con mayores comodidades y la que va a la cabeza del desarrollo industrial. Ella representa en Colombia, con relación a Bogotá, un papel semejante al de Nueva York con respecto a Washington. Las mejores fábricas del país son las de Medellín… Su Sociedad de Mejoras Públicas ha enseñado civismo a las restantes ciudades de la nación. Su escuela de minas ha preparado los mejores ingenieros. Y, por último, sus hombres manejan todos los grandes negocios y sus escritores han creado una fuerte y excelente literatura autócrata”.

El desarrollo de Medellín no fue sin embargo un algo milagroso, sino el resultado de una intervención educativa sin precedente impulsada por Pedro Justo Berrío hacia finales del siglo XIX y que implicó traer una delegación alemana para realizar una transformación curricular y un enfoque de cobertura que hizo énfasis en mujeres, niños y pobres.

Páginas