Cuarentena sí, pero sin hambre

Por: Fabio Arias Giraldo

El gobierno nacional acaba de ampliar la cuarentena hasta el 27 de abril. Esta es la decisión más inteligente, derivada de las razonadas propuestas del mundo científico, la población, muchos gobiernos territoriales, que así vencieron las presiones empresariales de levantarla el próximo 13 de este mes.

Este gobierno se ha caracterizado por ser errático en el tratamiento de la pandemia del coronavirus. Cerró tardíamente los aeropuertos, no tiene suficientes pruebas de laboratorio, decretó la cuarentena solo después de que muchos gobiernos territoriales la habían decretado, entre otros.

Hasta ahora lo más eficaz que tenemos a nuestro alcance para mitigar la infección del coronavirus es la cuarentena, la cual puede ser más drástica en la medida en que se pueda propagar a mayor velocidad con sus presiones sobre el débil sistema salud.

Pero para que ella sea eficaz, se necesita que esté acompañada de ingresos suficientes para que salvaguardando la salud se tenga a disposición de ingresos para atender las necesidades básicas de alimentación, pago de arriendo, créditos y servicios públicos. Sin ello, la cuarentena puede convertirse en el riesgo de morirse no del coronavirus sino de hambre.

Al decretarse la cuarentena significa confinar 3 millones de desempleados, y los casi 15 millones de informales y cuentapropistas, es decir, la inmensa mayoría pierden la oportunidad de tener ingresos. A ellos se suman los actuales trabajadores formales que pierden sus ingresos por cualquiera de las modalidades a las que recurren los empresarios (despidos, licencias, suspensión de contratos).

Para no pasar hambre se ha reclamado para todos ellos al menos el equivalente a un salario mínimo por mes. De otra manera más temprano que tarde se verán en la imperiosa necesidad de salir a buscar, por método legales o ilegales, esas necesidades de subsistencia.

Lo que hoy reclama la población es que se apropien los recurso públicos suficientes y necesarios para atender la salud y la subsistencia.

En este aspecto vemos al gobierno apropiando $70 billones para la liquidez del sistema financiero y de la gran empresa sin corresponsabilidad con mantener empleos e ingresos. No se ven los recursos que la MIPYME, pequeña y mediana empresa requieren para pasar las dificultades inherentes a este confinamiento. Los recursos para la salud son pocos y no se concentran en su infraestructura operativa. Y no se aprueba los necesarios para atender la subsistencia.

Otros países como España, Italia, Dinamarca, Alemania e incluso EE.UU han dispuesto de recursos que van desde el 10 % al 20 % del PIB y entregando grandes recursos a su población para poder atender sus necesidades de subsistencia, que van desde el 75 % al 90% de sus salarios.

En Colombia además de los recursos y esfuerzos territoriales que se han hecho, se debe hacer un esfuerzo al ya señalado en otros países. No hacerlo es someter a la población al hambre. Y ello puede terminar en un estallido social.

Y recursos hay. Moratoria de la deuda externa, préstamos del Banco de la República al estado, uso de las reservas internacionales (56 millones de dólares), eliminación de las exenciones y reducciones de los tributos al gran empresariado, entre muchas.

Es un tema de que el gobierno atienda a la población y no solo a los grandes empresarios.

Twitter: fabioariascut

Compartir