Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas

CHERNOBYL: TECNOCIENCIA DOMINANTE IRRESPONSABLE

Por: Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Magister en Educación Superior, Pontificia Universidad Javeriana
Profesor Asociado con Tenencia del Cargo, Universidad Nacional de Colombia

Apenas había concluido, el pasado 19 de mayo, la última temporada de Game of Thrones, una serie televisiva de drama y fantasía medieval que cuenta con numerosos seguidores, cuando quedó opacada por la miniserie de drama histórico titulada Chernobyl, una coproducción realizada entre los canales HBO, de Estados Unidos, y Sky, del Reino Unido. Tal miniserie consta de solo cinco capítulos. En general, se trata de una miniserie bien lograda que dramatiza la historia del inolvidable desastre de ingeniería de la planta nuclear de Chernobyl, el cual tuvo lugar en abril de 1986 en la entonces República Socialista Soviética de Ucrania. Entre sus protagonistas, vemos tanto científicos e ingenieros como políticos y personal administrativo, amén de modestos ciudadanos de a pie, cuyas historias brindan detalles a granel en lo tocante a la dimensión bioética concomitante, en la que está imbricada la responsabilidad social de científicos, ingenieros y tecnócratas. Así mismo, dicha miniserie brinda historias menos conocidas, tales como los esfuerzos heroicos de los bomberos, los voluntarios y los mineros que estuvieron a cargo de cavar un túnel crítico justo debajo del reactor de marras.

Precisamente, Chernobyl constituye un ejemplo notable de lo que el cine y la televisión de calidad han venido haciendo desde hace un buen tiempo para desocultar historias en materia de desastres de ingeniería que, en su momento, los dueños del poder trataron de acallar. Es más, llama la atención que los mentideros académicos y universitarios, en comparación, no han estado a la altura de las circunstancias para abordar semejante problemática, pertinente en extremo habida cuenta de los intentos frenéticos de los negacionistas para mantener un bajo perfil al respecto, un hábito que no es del todo nuevo, como saltó a la vista décadas atrás en el caso de la empresa multinacional estadounidense DuPont con motivo de su infausta participación en el Proyecto Manhattan de armas atómicas. Ahora bien, en el caso de Chernobyl, conviene aclarar de una buena vez que, a primera vista, puede crear la ilusión sobre la culpabilidad exclusiva de un Estado soviético corrupto e ineficiente, lo cual solo es cierto en parte habida cuenta de que la Rusia actual ha heredado ese nefasto legado, una situación que ha quedado también en evidencia en otra realización televisiva, a saber: Terror en Beslán, un documental basado en la masacre de la Escuela de Beslán, ocurrida el 3 de septiembre de 2004 en Osetia del Norte, Rusia, perpetrada por terroristas musulmanes. Justamente, a causa del tiroteo entre los secuestradores y las fuerzas de seguridad rusas, quedó un saldo de 334 muertos, incluidos 186 niños, y más de 700 heridos. Fue un episodio que puso en entredicho al gobierno de Vladimir Putin.

EL DESPERTAR DEL LEÓN DURMIENTE: ¿PACÍFICO, BONDADOSO Y CIVILIZADO?

Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Magister en Educación Superior, Pontificia Universidad Javeriana
Profesor Asociado con Tenencia del Cargo, Universidad Nacional de Colombia

Geopolíticamente hablando, tratar de hacer pronósticos plantea una inevitable incertidumbre habida cuenta de que las sociedades humanas son sistemas complejos como los que más. Además, como precisaba Herbert George Wells, uno de los padres conspicuos de la ciencia ficción, las sociedades humanas no son sistemas estables inmersos en medios estables. Todo lo contrario, cuestión que pone en jaque a las utopías. De ahí que, por ejemplo, los nazis estuviesen errados de cabo a rabo cuando pretendieron que su Reich durase mil años. De hecho, si reparamos en ello, la mayoría de los imperios que han existido han terminado por desaparecer al incurrir en un error craso señalado por el historiador británico Henry A. Kamen, a saber: sus clases dominantes acometieron la aventura rocambolesca de forjar un imperio sin contar con los recursos necesarios. Fue el caso del imperio romano, como también lo fue el del imperio español, intrínsecamente frágiles. Más aún, señala Kamen que casi todos los imperios han incurrido en tamaño error, a excepción de los Estados Unidos… hasta que cometió el error de Iraq.

En la actualidad, llama poderosamente la atención el auge de China como potencia emergente, al punto que es uno de los países BRICS (acrónimo por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), un auge que, como en el caso de las potencias de más vieja data, solo ha sido posible a expensas de la explotación inmisericorde del ser humano y la naturaleza, lo cual connota per se una dimensión bioética insoslayable habida cuenta de que la explotación de marras va de la mano con un manejo irresponsable del enorme poder otorgado por la tecnociencia a los seres humanos. Incluso, el filósofo alemán Hans Jonas, en su lúcido libro titulado El principio de responsabillidad (Jonas, 2004), ha dejado claro que tanto el modo de producción capitalista como el marxismo no se prestan para el fomento de la bioética, por lo que el camino correspondiente va por otro lado, el de las sociedades convivenciales, con su típica impronta biofílica. Sencillamente, las utopías son inviables. En esta perspectiva, cabe afirmar que la humanidad en general persiste en una fase de adolescencia tecnológica, de lo cual China no es la excepción, algo fácil de advertir si reparamos, por ejemplo, en la contaminación enorme que caracteriza a diversas urbes del gigante asiático, consecuencia inevitable, al menos en parte, de la menor eficiencia termodinámica de sus máquinas térmicas, insertas en un proceso de industrialización acelerada cual expresión imperfecta de la paradoja de Jevons, o efecto rebote.

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