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  1. Bienvenidos al hogar de la volatilidad y la crisis.

    Por: Alejandro Nadal

    El capitalismo ha sufrido una transformación esencial en los pasados cuatro decenios. La financiarización es el sello de esta mutación que va más allá de una modificación superficial. La forma de producir puede todavía estar marcada por máquinas y trabajo, pero la circulación ha comenzado a comerse la producción.

    A lo largo de su breve historia, el capitalismo ha experimentado cambios profundos en sus métodos de producción y en la aceleración de la rotación de las inversiones para apresurar la recuperación con ganancias. Pero a partir del colapso del sistema de Bretton Woods, en 1971, el capital sufrió una metamorfosis que hoy amenaza con destruirlo todo. Para empezar, el quehacer de la política macroeconómica se ha subordinado a las prioridades del sector financiero. Y las finanzas se han convertido en el corazón de la dinámica capitalista, invadiendo la esfera de las actividades de las empresas no financieras y el comportamiento de los hogares.

    Un estudio reciente de Atir Mian y Amir Sufi, investigadores de las universidades de Princeton y Chicago, respectivamente, explora la conexión entre el otorgamiento de crédito por la banca comercial y los episodios de inflación en el precio de bienes inmuebles. La investigación se llevó a un gran nivel de desagregación y examina la expansión del crédito y la evolución de los precios de casas a escala de códigos postales. El resultado no sorprende: la disponibilidad de crédito está fuertemente asociada con la adquisición agresiva de activos inmobiliarios, forzando los precios al alza y generando una burbuja. Cuando por presiones inflacionarias las tasas de interés comienzan a elevarse, el crédito, que antes era accesible, comienza a contraerse y su costo se convierte en el principal enemigo de los prestatarios. Las burbujas inmobiliarias no se limitan a las construcciones residenciales: los desarrollos inmobiliarios con fines comerciales y la edificación de espectaculares edificios de oficinas también entran en el juego.

  2. LA CONSULTA ANTICORRUPCIÓN: BALANCE DEL PRESENTE Y PROYECCIÓN A FUTURO.

    Por: MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINA

    El pasado domingo 26 de agosto, Colombia vivió, sin lugar a dudas, su más importante jornada democrática desde el plebiscito del 57, convocado por el entonces General Rojas Pinilla, y que trajo avances como el voto femenino entre otros asuntos de no menos relevancia nacional. Quizás el evento más cercano en el tiempo y más contemporáneo por lo menos a los ahora jóvenes de mi generación, sea el fenómeno electoral de séptima papeleta que convocó a todas las fuerzas democráticas de la nación a la consolidación de una nueva carta constitucional, cuyo mayor logro ha sido convertir el país en un Estado Social de Derecho, aunque aún falten muchos esfuerzos desde la institucionalidad para que esta condición sine qua non se cumpla ad eternam en nuestra nación.

    Esa misma carta magna, contempla en sus apartados y capítulos los mecanismos de participación ciudadana, cuyas mecánicas hacen participes a los ciudadanos, de las decisiones más relevantes en la organización y liderazgo del país, y que además reconoce el ejercicio pleno de la ciudadanía ya no esta como condición de nacimiento, sino como ejercicio político y ciudadano. Lo que legítima el concepto del Estado Social de Derecho, como la máxima expresión de poder del constituyente primario de toda nación que se dice a si misma democrática.

    En este orden de ideas, entra como un mecanismo atenuante y de suprema relevancia la consulta popular, como herramienta de gestión de las políticas comunitarias y sociales, que partiendo de diagnósticos ciertos, son llamadas a generar las propuestas de cambio o de concertación de las decisiones que el ejecutivo o legislativo toman.

  3. La NO-VIOLENCIA debe orientar la izquierda y el marxismo en Colombia.

    Por: Mauricio Vargas González.

    A nombre del Marxismo y de la Izquierda se han cometido las peores aberraciones en el país.
    Hablo de la lucha armada, del terrorismo, el secuestro y de los discursos del odio. Decía Francisco Mosquera que el foquismo, la guerrilla, la combinación de las formas de lucha y todas esa “teorías” y prácticas que legitimaban y fundamentaban la violencia obedecían más a una “táctica terrorista” que a una política popular, usada entre otras cosas por las élites liberales y conservadoras desde la Independencia hasta mediados del siglo XIX y por el Uribismo ya en el siglo XXI.

    El maoísmo planteó que el sentido de la política es “servir al pueblo”, ese es el verdadero sentido de una revolución democrática que requiere Colombia. Esa concepción pequeño-burguesa “infantil y rígida” propia de “políticos astutos y clérigos piadosos” ha traído tremendos sufrimientos al pueblo explotado y ha estimulado que la mafia, los terratenientes y la extrema-derecha impulsaran la creación de las autodefensas, las convivir y todo tipo de organizaciones sicariales para exterminar los líderes sociales.

    Quien ve al indigente, al indígena desterrado, al niño violado, a la adolescente prostituida y en general a todos los humillados de este país -que es uno de los más desiguales el mundo- y piensa en violencia, es porque le hace falta “descalzarse” y ponerse al servicio de los que sufren, pues quien se sacrifica y lucha de verdad, no le queda tiempo para esas elucubraciones fantasiosas que tanto daño le han causado a los campesinos y masas urbanas empobrecidas de las ciudades.