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  1. LA PRODUCTIVIDAD Y EL SALARIO MÍNIMO

    Por: Diego Otero Prada

    Cada fin de año se discute en Colombia el porcentaje de incremento del salario mínimo que según la ley debe ser igual a la suma del índice de inflación IPC más el valor de la productividad del trabajo.

    La medición de la productividad según el gobierno

    La discusión se centra en la medición de la productividad de trabajo. Para el gobierno este cálculo lo realiza el Departamento Nacional de Planeación DNP bajo la metodología de la Productividad Total de los Factores PTF, metodología que parte de una función de producción tipo Cobb Douglas y una serie de supuestos irrealistas. Esta metodología está desechada por argumentos teóricos y empíricos, por lo que sorprende que todavía se utilice en Colombia.

    En primer lugar, la controversia sobre el capital de los años sesenta y setenta demostró que no existe una función de producción. A pesar de esto, todavía muchos economistas neoclásicos siguen utilizando funciones de producción para sus análisis. En segundo lugar, los estudios críticos han mostrado el sesgo que se produce hacia abajo o arriba, pero más hacia abajo cuando se utiliza una función de producción tipo Cobb-Douglas para calcular la productividad.

  2. De los PanamáPapers a los ParaísosPapers: Las caras del fraude fiscal corporativo en la región

    Por: Jorge Coronado

    ALAI AMLATINA, 14/12/2017.- Cuando en abril del 2016 fue publicada la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) sobre el bufete panameño Mossack Fonseca, quedó en evidencia algo que estuvo casi cuatro décadas: cómo operan los servicios offshore para las grandes empresas transnacionales y grandes fortunas, cómo gestionan, hacen registros, conducen y operan una entidad en un país extranjero a fin de obtener beneficios financieros, legales y fiscales.

    Con los Panama Papers se reveló el entramado del opaco mundo offshore usado para evadir el pago de impuestos, esconder fortunas, entre otros actos ilícitos más, al cual el bufete panameño había contribuido con la apertura de 214.000 sociedades offshore para empresas transnacionales y personas físicas provenientes de países de todos los continentes. Casi todas las multinacionales que están en el ranking Fortune 500 y los 40 principales bancos del mundo, son parte fundamental de la cartera de clientes del bufete.

    ¿Y cómo se sustenta este entramado? Usando la figura de sociedades offshore que, bajo el amparo del secreto bancario, logran esconder quién o quiénes son los verdaderos dueños. Estas sociedades se crean en jurisdicciones opacas, mejor conocidas como Paraísos o Guaridas Fiscales, donde no se pagan impuestos o se pagan en muy poco porcentaje.

    Se mueven a nivel global, en ese mundo oculto, entre 500 y 600 mil millones de dólares por actividades vinculadas al comercio internacional y cerca de 200 mil millones de dólares en activos financieros que provienen de la riqueza privada personal. Los Panama Papers empezaron a evidenciar que el proceso consiste en crear, supuestamente, en forma legal miles y miles de sociedades offshore, en jurisdicciones o países que no son los países de origen de los dueños de dichas sociedades.

  3. Elecciones, encuestas, candidatos y el mínimo

    Diciembre 12 de 2017

    Por: JAIME VARGAS RAMÍREZ

    Una vez conocidos los candidatos de Coalición Colombia y del Centro Democrático, miremos entonces que puede venir en materia de elecciones. Lo de Iván Duque estaba cantado, por todos los lados se sabía que es el hombre de Uribe, y el que mejor marcaba en la encuestas. Lo de Sergio Fajardo si es sorpresivo, pues la forma de elegir el representante de esa alianza era uno de los escollos que impedía tomar decisiones y que produjo la crisis de la semana pasada con las declaraciones de Claudia López, pues no había consenso sobre encuesta o consulta. Primó la sensatez, creo, pues Robledo y Claudia tenían poca posibilidad, aun en una consulta, de derrotar a Fajardo.

    Nunca antes se había presentado tal explosión de candidatos, de tantos matices y colores, lo que lleva a pensar, en principio, que es algo bueno para los colombianos, tener tanto de donde escoger. Pero también, por otro lado, se evidencia la decadencia y desprestigio que acusan los partidos. Lánguida, por decir lo menos, fue la votación que sumó el partido liberal en su consulta. Algunos opinan que fue un error dejarse contar y, de contera, quedó dividido. Cambio Radical, el partido de Vargas Lleras, huele tan mal, que su fundador y candidato lo hizo a un lado para tratar de parar su descenso en las encuestas. El candidato del Polo no registró más de un 3% en las encuestas y su partido acusa debilidad después de varias purgas en tan pocos años de vida. Los de la U no tienen candidato y, peor aún, no saben cómo parar la desbandada hacia otras banderías de sus afiliados. El CD aparentemente figura como el más cohesionado, pero su jefe Uribe tuvo que abrir la lista al senado por que no logró poner de acuerdo a los candidatos. Y en la recta final para escoger candidato presidencial han aparecido grietas y distintas corrientes. Y del conservatismo, ni se diga, un partido adicto a la mermelada desde que soltaron el poder con Pastrana. Están deshojando margaritas para ver con quien se casan a la presidencia.

  4. Dios mercado

    Por: Teresa Consuelo Cardona (*)

    El mercado, como los dioses, necesita seguidores obedientes, sumisos y mansos; personas que se encuentran, comparten y departen para justificar y legitimar sus consumos. Necesita que la gente crea en que está haciendo lo correcto y que si no lo hacen, su vida estará vacía.

    Esto de que la comunidad haya aceptado tener dioses que resuelvan por ellos, que tomen sus decisiones y a los cuales se les obedezca ciegamente, ha sido aprovechado de múltiples maneras a lo largo de toda la historia de la Humanidad. Pero nunca, como ahora.

    Saber que la gente es proclive a aceptar los designios de fuentes intangibles e invisibles, ha ayudado a que se consoliden fuerzas invencibles, alojadas en el subconsciente colectivo. La mayor fuerza inmaterial de nuestros días, pese a los siglos de dedicación de sus seguidores, no es Dios. Es el mercado. De él se habla como si se tratara de un poder irrefutable. Como si existiera porque el cosmos le hubiera dado un lugar preponderante. Como si fuera un espíritu divino. Una esencia inmortal. Un ser supremo omnipotente.

    El mercado, como las religiones, tiene intermediarios ante el todopoderoso, que son quienes se enriquecen. Hay un concepto clásico de mercado en el que se nos enseñó que debe haber libre competencia entre quienes nos ofrecen un producto, una salvación ante nuestra pequeñez, un lavado de activos pecaminosos.