Andrea Romero Guzmán

LOS GERENTES DE GERENTES (1)

Por Andrea Guzmán.
Desde Estrasburgo

¡Ave María!, sin duda alguna, tenemos una amplia gama de gerentes dotados de las más excelentísimas experiencias del sector privado, ese que vislumbra rentabilidad, y utilidad financiera que con el apoyo y liderazgo de mi estimado Alcalde y con la bendición de Vargas Lleras, desarrollará en cada una de las secretarias del distrito, inversiones, sí señor, pues seremos esa metrópolis llenita de negocios, comercio y plata.

Este tema me ensancha el corazón, y me agolpa el orgullo cachaco. Desde la apertura económica en 1990 con Andrés Pastrana de Alcalde, no se escuchaba gabinete de tan alta alcurnia. Para ustedes y para mí, llegaron los salvadores de Bogotá luego de tanto rojo comunista, y gritón.

Los gerentes que desde siempre y para siempre nos acompañarán son:

El Gerente Gold: Miguel Uribe Turbay, guiado por el espíritu de la privatización, ha tenido los pantalones para denunciar que eso del cambio climático es un invento amañado del tal Petris. Nuestro Gerente Gold, ha firmado cuanto papelito le pasan, como el concepto administrativo que juzgó a Rosa Elvira Celi(2) ; claro, él si entiende de lo que habla mi presidente cuando se refiere a la Ley antitrámites.

Artículo 12. “Nadie será sometido a desaparición forzada, a torturas ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”(1)

Por: Andrea Guzmán

Parafraseando la Constitución Política Nacional de 1991, pareciese que esta fuese la frase de un Estado donde aprendió a mirarse con los ojos del perdón, que abatió la guerra y construyó líneas de democracia, soberanía y paz. Sin embargo, tristemente desde que tengo uso de razón la muerte ha sido ese baluarte de dolor nacional, el olvido se ha convertido en atenuante de repetición, y el silencio, como el combustible de una permisividad voraz.

El conflicto de diferentes poderes económicos ha fraguado la reciente historia de una constitución que alcanzó a nacer justo con un modelo de interacción comercial de Colombia con el mundo, y se instauraba como uno de los proyectos con mayor posibilidad de acercamiento e integración transfronteriza. Sin embargo, muchas de las secuelas que actualmente acontecen fueron desencadenadas en ese período circunstancial; de ser así, cambios en las perspectivas políticas y económicas abonaron terreno para las innumerables crisis en el sector salud, educación, agrícola, industrial y, por ende, laboral que hoy tenemos.

Cuando salí del colegio, vi una camioneta que pasaba y en la parte de atrás cargaba consigo unos 6 militares con sus pesadas armas. Tantas veces lo había visto por la tele, que hasta natural me pareció la escena. Sin embargo, no dejé de sentir miedo; unos minutos más tarde, me encontré con mi abuela, quien me esperaba para llevarme con ella hasta la casa materna. Caminamos y le pregunté si sabía qué pasaba, a lo que respondió con claridad –ay mijita, yo solo pienso en la familia de ese muchacho. Que hombres tan malos los que le hicieron eso-

¿Y entonces?

Por: Andrea Romero
Desde Estrasburgo

Diferentes medios nacionales e internacionales han narrado la desgarradora historia reciente de Mocoa. Describen la furia de la naturaleza que arrasó con centenares de vidas humanas, animales, pérdidas ambientales, materiales y –pareciera paradójico– de infraestructura, en ese país centralista que se ha dedicado a cimentar las vías que únicamente conducen a la capital del país.

Sí, el tenebroso sucedo tuvo lugar en ese de tantos pueblos de Colombia tan único por su riqueza hídrica, de fauna y flora, la misma que ha sido saqueada y sigue siendo desbastada por la extracción de recursos naturales con defensa de un discurso desarrollista promovido desde algún tiempo atrás.

Es el 5 de Julio de 1991, César Gaviria entonces presidente de Colombia se pronuncia ante congresistas, senadores, secretarios, gabinete presidencial y por último, quizás por términos de importancia, se refiere también a sus electores. Sus palabras son de aliento ante la adopción de un modelo de crecimiento económico y desarrollista: el neoliberalismo (1),

¡De los neo y otras cosas!

Homenaje en tono menor al Alcalde Mayor

Por: Andrea Romero Guzmán.

Esta es la "neolumbrera-neoliberal" que Bogotá necesitaba. Sí señor, donde predominará siempre, para nosotros “la gente de bien”, mientras que la política social será resultado de inoperantes, incompetentes y malísimos gerentes.

Recuerdo las palabras de mi adorable abuelo, cuando decía–desde siempre y para siempre: ¡Chulavitas al poder! Así es, con su esfuerzo y con el mío, lograremos la seguridad que esta ciudad necesita; además tendremos la fortuna de cimentar eso que llaman ideales sociales (basura) en una disyuntiva completamente natural, entre Cemex o Argos.

De la ruana y otras vainas.

Por: Andrea Romero Guzmán.

La ruana es el símbolo con mayor singularidad en el territorio nacional. Existen de lana de chivo, lana de ovejo y hasta de hilo. El material no solo recoge el resonar de un telar, sino las costumbres de sus gentes, sus gustos y hasta sus esperanzas. Es el icono por excelencia de la región cundiboyacense, y de allí también proviene la papita, tubérculo de la canasta familiar obligatorio en todo plato para almorzar.

De la ruana se ha dicho mucho. Ha sido rechazada, amada y hasta ultrajada por unos que pasaron y dijeron es necesario utilizar uniforme para quienes trabajen en el tranvía, y desde entonces se decía que quienes llegaban a Bogotá, eran provincianos, campesinos o sencillamente –los de ruana-.

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