Akemi Sofía Rave

Una victoria importante contra la segregación social.

Por: Akemi Sofía Rave.

En un estado social de derecho, todos los ciudadanos gozan de los mismos derechos y libertades, pero esto está cambiando gracias a los nuevos movimientos políticos evangélicos. Y es que estos personajes han permeado las instituciones públicas como los concejos municipales, asambleas departamentales y el Congreso Nacional, con un discurso que dice defender la familia “natural” y constitucional. Más allá de eso lo que buscan con este discurso es excluir a quienes piensan diferente, a las diversidades sexuales e incluso a los que profesan una fe diferente o no profesan ninguna, llevándonos a un nuevo Estado Confesional.

El artículo 42 de la Constitución Política, que es en el que más énfasis hacen los supuestos defensores de la familia, dice “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.” Ahora, si la familia es el núcleo de la sociedad colombiana, excluir a personas de conformar una familia es una forma de excluirlas de la sociedad, ya que al no estar en la base social, ¿cómo podrían integrarse a una sociedad que les excluye?

Pero si vemos más allá no sólo dice que la familia es la conformada por un hombre y una mujer, sino que se constituye por “vínculos naturales o jurídicos”, además de “la voluntad responsable de conformarla.” Con esto se ve claramente que la familia no es únicamente la conformada por una pareja heterosexual, la familia adopta una multiplicidad de formas mediante los diferentes vínculos que existen entre dos o más personas.

Mujeres, una ciudadanía

Por: Akemi Sofía Rave.
Activista LGBTI, candidata el Concejo de Medellín 2015.

Las mujeres, históricamente, hemos tenido que unirnos para construirnos y hacer respetar nuestra ciudadanía, nuestros derechos y nuestras libertades. Hoy es tiempo para que, como mujeres, nos unamos como ciudadanas para defender nuestro derecho a tener una familia, a ser madres solteras, a ser madres de los hijos e hijas de otras madres, a poder decidir si casarnos o no, y muchas veces también la posibilidad de trabajar y/o estudiar, e incluso para decidir sobre nuestros propios cuerpos. Pareciera que estuviera hablando de la lucha de los derechos de las mujeres de inicios de siglo XX, pero no, estoy hablando de los derechos de las mujeres diversas en pleno siglo XXI.

Hoy, no pareciera haber mucha diferencia sobre lo acontecido en esa época, hombres decidiendo por nosotras, cerrando nuestros espacios de participación, decidiendo por lo que otros piensan son nuestras necesidades, pero sin consultarnos y con una participación mínima de mujeres.

El proceso de participación de las poblaciones LGBTI en el diseño, formulación y ejecución de las políticas públicas no está dado desde la equidad, sino todo lo contrario, representa un poder de hombres que defienden sus propios intereses, que visibilizan lo que les conviene y ocultan lo que no debería mostrarse, visibilizan el cuerpo de las mujeres pero ocultan sus ideas, todo para lograr una mayor atención a sus luchas personales.

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