A 50 años de la fundación del MOIR como proyecto sindical: algunas precisiones históricas

Por: Jorge Alberto Morales Agudelo
Historiador, Miembro del Centro de Historia de Itagüí.

1. Introducción

El Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) surgió inicialmente como una organización sindical y no como un partido político de la izquierda dentro del amplio espectro maoísta colombiano. Su nacimiento se remonta al mes de septiembre de 1969, exactamente hace cincuenta años, y su vida como germen de una nueva federación sindical independiente de las ya existentes, apenas duró seis meses. Luego de fracasado el proyecto a nivel sindical, un matiz del movimiento, liderado por Francisco Mosquera (1941-1994) conserva el nombre que ya era conocido por la clase obrera colombiana, además de parecerse al del Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino (MOEC), grupo guerrillero del cual procedían Mosquera y sus seguidores. En el municipio de Cachipay, Cundinamarca, en octubre de 1970 se reúnen estos para darle forma al nuevo partido político.

Este artículo no pretende ser una síntesis de lo ya trabajado sobre el maoísmo y en particular de los orígenes del MOIR, sino un aporte descriptivo que intenta cubrir un periodo corto, poco conocido en detalle a juzgar por los aportes del historiador José Abelardo Díaz Jaramillo en un interesante artículo sacado de su tesis de maestría. El mencionado autor, dedica poco espacio a la fundación del MOIR, y por el contrario un buen espacio a la transición de Mosquera del liberalismo a la izquierda maoísta. Dice de la disolución de esa agrupación: “El MOIR sufrió tensiones internas que se tradujeron en la separación de algunas agrupaciones sindicales y personas que habían participado inicialmente del proceso de unidad”(1) . La separación sucedió después de un debate a fondo sobre la coyuntura electoral de 1970 y una determinación de los partidarios de Mosquera de realizar el Paro Nacional Patriótico en la semana siguiente al fraude en las elecciones presidenciales del mencionado año, a manera de protesta contra la oligarquía liberal-conservadora inspiradora del Frente Nacional y como muestra de solidaridad con las masas populares engañadas.

Por otro lado, Mauricio Archila(2), en otro artículo clásico sobre el maoísmo en Colombia, muestra, como lo afirma Esteban Morales(3) , su crítica personal, prejuiciosa y simplista al matiz maoísta representado por el MOIR, considerándolo anti intelectual, sin conocimiento profundo de la formación de los cuadros políticos que aceptaron la política moirista de los pies descalzos y que se destacaron en la cátedra universitaria, la ciencia, el periodismo, la literatura y la economía.

Por último y antes de entrar en los temas a tratar, cabe aclarar que quien escribe estas letras milita desde hace casi treinta años en matices políticos que se originaron en el MOIR y la mayoría de los entrevistados son amigos de mucho tiempo, por lo tanto, el relato que contaron para este trabajo era ya conocido por el autor de tiempo atrás y fue narrado por ellos en múltiples reuniones, con leves diferencias, razón por la cual es inútil pretender ocultar la natural carga subjetiva que es visible aquí.

2. Orígenes del Bloque Sindical Independiente de Antioquia.

Iniciando el Frente Nacional en 1958, las organizaciones obreras empiezan un proceso de organización después de sobrevivir una década de gobiernos ultra-conservadores y de la dictadura de Rojas Pinillas entre 1946 y 1957. La Central de Trabajadores de Colombia (CTC), orientada por el Partido Liberal y presidida por José Raquel Mercado, comienza su propio proceso de reconstrucción y depuración, consecuente con un gobierno liberal como el de Alberto Lleras Camargo (1958-1962), más cercano a la Alianza para el Progreso que al reconocimiento de fuerzas alternativas como aliados naturales del liberalismo. Mercado emplea la estrategia de organizar una confederación sindical más hegemónica y manejable, expulsando de su seno la influencia comunista(4) , persigue a los activistas y sindicatos orientados por el Partido Comunista de Colombia (PCC). El congreso de la confederación, citado para diciembre de 1960 en Cartagena fue el escenario elegido para expulsar a 227 delegados y 105 organizaciones sindicales como la Federación de Trabajadores de Antioquia (FEDETA)(5) .

La decisión de la CTC de “purificar” su central obrera, fue aplaudida por la derecha que veía con agrado el diseño de un sindicalismo más cercano a sus planteamientos, a juzgar por la cita tomada del periódico El Católico: “Por fuera de la CTC ha quedado todo vestigio de comunismo y de fidelismo y la poderosa central sindical ha recobrado plenamente la unidad de acción”(6) . Los sindicatos expulsados de la CTC y otras organizaciones solidarias, construyeron una nueva alternativa gremial llamada Comité de Unidad de Acción y Solidaridad Sindical (CUASS), orientada por el Partido Comunista de Colombia (PCC). Pronto, iniciando la década de 1960, las fuerzas influidas por el maoísmo como el MOEC y los castristas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) deciden romper con el recién formado comité y conformar el Bloque Sindical Independiente (BSI) del Valle del Cauca(7) y posteriormente el BSI en Antioquia y Santander.

Desde sus inicios el Sindicato de Empresas Públicas de Medellín (EPM) fundado en el año 1956, simpatizó con el sindicalismo independiente, siendo uno de los principales animadores del BSI de Antioquia; orientado por el MOEC pudo entender tempranamente la importancia de unos sindicatos que al parar sus actividades generarían graves dificultades para el Estado. Esos sindicatos estratégicos fueron los de servicios públicos, carreteras, petróleo, sectores industriales y agroindustriales (éste último importante fundamentalmente en el Valle del Cauca). El crecimiento del BSI de Antioquia es recordado por don Alfonso Upegui: “Fue el sindicato de EE.PP.(8) , en asocio con el Sindicato de Siderúrgica, los que aquí en Antioquia jalonamos, lo que dimos en llamar Bloque Sindical Independiente de Antioquia, al cual rápidamente se vinieron sindicatos importantes como los de Coltejer, Noel, Peldar, Rosellón, Coltabaco, Sintradepartamento, Doña María, entre otros, hasta llegar a un numero de más de treinta sindicatos que venían en su mayoría de la Unión de Trabajadores de Antioquia (UTRAN) y de FEDETA”(9) .

Marco Fidel Rúa, recuerda los contactos con dirigentes sindicales del Valle y de Antioquia y su propuesta de “Unidad sindical por la base”. Según Rúa, el BSI estaba siempre dispuesto a apoyar cualquier movimiento huelguístico que apareciera en el panorama nacional(10) . Para esa época era clara la influencia del MOEC en el desarrollo del movimiento obrero independiente en Cali; tiempo después y con una dinámica diferente, una célula de dicha organización, que luego fue expulsada en el tercer congreso del MOEC en 1966, se desplaza a Medellín iniciando un proceso similar al de Cali, se trataba de fortalecer la alianza obrero-campesina, vinculándose al movimiento obrero antioqueño: Mario Giraldo, José Bedoya y el principal ideólogo de la disidencia nacida de la mencionada expulsión Francisco Mosquera(11) quien en el año 1968 aparece como presidente del BSI de Antioquia.

3. Francisco Mosquera, líder del MOEC y del BSI de Antioquia y funcionario del sindicato de EPM.

En el medio sindical de la segunda mitad de la década de 1960 se decía que el sindicato de EPM era la principal organización sindical del MOEC en Antioquia, en ella se encontraban como funcionarios José Bedoya y Francisco Mosquera. Los dirigentes obreros inquietos de todo el departamento se dirigían a la sede del sindicato de Empresas Públicas de Medellín EPM para socializar experiencias, pedir solidaridad, orientaciones para conformar sindicatos o simplemente aprender de los funcionarios sindicales y de los directivos del sindicato y llevar sus orientaciones y enseñanzas a sus base; el prestigio del sindicato fue creciendo hasta acercar un puñado de sindicatos pequeños pero combativos que se afiliaron al BSI de Antioquia como fueron los de: Furesa, Bedout, Minas Liborita de Amalfi, Creaciones Itálica, Carrocerías Súper Bus, Vicuña, entre otros(12) .

Los jóvenes estudiantes de las universidades públicas y privadas de Medellín, interesados en conocer la propuesta política del MOEC o pedir militancia en la organización, se acercaban a la sede del sindicato de EPM. Uno de ellos, que por esa época buscaba acercarse al MOEC, fue el hoy escritor e historiador Gonzalo España, estudiante de economía de la Universidad de Antioquia. Recuerda Gonzalo a José Bedoya el funcionario sindical que lo atendió, lo investigó y le propuso que preparara un curso de economía para los trabajadores que asistían con frecuencia a la sede sindical. Gonzalo entendió que lo estaban probando y consecuente con la situación preparó un tema teniendo como base la obra clásica del socialismo Los bienes terrenales del hombre de Leo Huberman, la charla la dictó en varias oportunidades, durante seis meses, hasta que José quedó satisfecho y decidió que era el momento adecuado para que Gonzalo se entrevistara con el camarada Antonio, seudónimo de Mosquera. La entrevista se efectuó en la noche. De ese momento, España guarda en sus recuerdos el extremo “pesimismo” de Mosquera en una frase “todo estaba por hacer”. Gonzalo con la característica fiebre juvenil responde al diagnóstico con la frase “si todo está por hacer, hagamos”. A los pocos días Gonzalo España iniciaba un curso en calidad de pre-militante, bajo la dirección de Mosquera, donde éste explicaba su crítica a la estrategia del MOEC que le valió la expulsión de la organización. El texto se conoce como “Hagamos del MOEC un verdadero partido revolucionario(13)” .

España asimiló con rapidez la propuesta política de Mosquera al punto de aparecer como responsable de una serie de tareas claves para el BSI de Antioquia. Su nombramiento como funcionario del sindicato de Furesa, lo visibiliza ante la militancia de las demás fuerzas de izquierda y dirigentes sindicales. Era un cuadro clave en la estructura de la disidencia del MOEC a juzgar por el violento ataque que le propina otro respetable líder de la izquierda en la época, Juvenal Herrera, quien embiste con furia contra los dos santandereanos que dividen el sindicalismo independiente en Antioquia(14) , refiriéndose a Mosquera y a España. Las reuniones políticas y sindicales importantes se realizaban en la sede central del sindicato de EPM, de ahí viene la acusación que hizo carrera en la izquierda colombiana de la década del sesenta, de considerar al MOEC como una organización anarcosindicalista, en esa acusación tienen mucho que ver Herrera y Mauro Torres, este último expulsado también del MOEC en su tercer congreso.

4. Mosquera el cooperativista

Una faceta menos conocida de Francisco Mosquera fue su interés por el cooperativismo, entendía su importancia como organización de primer orden en la preparación de las huelgas, en la medida en que garantizaba el abastecimiento de alimentos y demás utensilios básicos para las familias de los obreros en conflicto, lográndose mayor permanencia en el tiempo y, por ende, mayor presión, ligada a la efectividad de la huelga. En esas condiciones representaba una preocupación para los empresarios que conocieron el papel activo de algunas cooperativas en el fortalecimiento de conflictos obreros e intentaron infiltrarlas con empleados de confianza, como fue el caso de la cooperativa de EPM con éxito parcial o en otros casos diseñaron una estrategia para que los mismos obreros asociados quebraran la cooperativa, rompiendo el punto de equilibrio con créditos innecesarios. Mosquera era el hombre apropiado para liderar una tarea aprobada por la junta directiva del sindicato de EPM en el sentido de estudiar la legislación que tocaba con el cooperativismo, la asesoría y promoción de su formación en las empresas donde existían sindicatos cercanos al BSI de Antioquia. En palabras del líder sindical Leonardo Gaviria, “en un corto periodo (1962-1963) se conformaron numerosas cooperativas en: Simesa, Peldar, EPM, entre otras”(15) .

5. La gota que rebosó el vaso

El gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) dictó una serie de medidas en contra de los trabajadores colombianos que representaban retrocesos en los avances logrados en décadas de lucha sindical en el país, recortes sistemáticos a derechos ya adquiridos como el de huelga que se reduce a 43 días con el decreto 939 de 1966 y se imponía un tribunal de arbitramento obligatorio. La ley 48 de 1968, otorgó facultades al presidente para ilegalizar y suspender huelgas en los renglones de la economía que él considere afectan a la nación. El derecho de organización se limitó por el decreto-ley 2351 de 1965, que institucionalizó el sistema de contratistas. Se vulneró el derecho de negociación con los contra pliegos patronales consagrados en la ley 48 de 1968. El derecho a la estabilidad es atropellado por la cláusula 8 del decreto ley 2351 de 1965 que autoriza los despidos con o sin justa causa. La reforma administrativa de 1968 clasificó a la mayor parte de los trabajadores estatales como empleados públicos aplicando indiscriminadamente el criterio de libre nombramiento y remoción, negando la estabilidad laboral y favoreciendo al clientelismo político.

El gobierno contaba a su favor con unas centrales obreras como la Unión de Trabajadores de Colombia UTC y la CTC gobiernistas, que no enfrentaban al Estado en defensa de sus asociados, y la indiferencia de la recién fundada Central Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC), temerosa de asumir un papel protagónico en defensa de la clase obrera colombiana. Pero la gota que rebosó el vaso se presentó con los frustrados paros nacionales de febrero de 1965 y enero de 1969, ambos constituyen traiciones del sindicalismo liberal-conservador de CTC y UTC, con la complicidad de la central comunista CSTC. En particular el paro de 1969 representó una clara farsa descubierta y denunciada por el sindicalismo independiente. La indignación nacional con las alzas en los precios del transporte urbano y servicios públicos, la lucha popular y obrera fue de tal magnitud que para evitar su generalización las centrales obreras decidieron fraccionar el paro y limitarlo a Antioquia y Valle del Cauca, no sin antes condenar la “subversión” y las luchas del pueblo en las calles. Se cuidaron de dejar participar en la dirección del paro al sindicalismo independiente, para negociar a sus anchas a favor del gobierno y de los empresarios. El sindicalismo independiente, representado en grandes sindicatos como FENALTRACAR, FEDEPETROL el BSI de Antioquia y de Santander y otras federaciones, continuó su lucha sin someterse a las pretensiones de las grandes centrales y éstas aprovecharon su presencia en los círculos de poder de la gran prensa para calificarlos de traidores a la clase obrera. Las Centrales Obreras como se había previsto levantaron el paro anunciado, después de recibir una carta del presidente Lleras donde explicaba con suficiencia las razones de carácter legal que impedían el cumplimiento del gobierno con los puntos del paro(16) . El pliego de peticiones presentado por los trabajadores al gobierno, era reivindicativo y democrático. Se pedía: derogar las alzas en los precios del transporte, suprimir la carrera administrativa que limitaba el derecho a la libre asociación y el Fondo Nacional del Ahorro que pretendía administrar a su amaño las cesantías de los trabajadores, además defendían el derecho a la huelga, pedían fortalecer el Instituto Colombiano de los Seguros Sociales (ICSS) y las cajas de compensación familiar, mejoras en salario, rebaja de matrículas y textos escolares y, por último, la siempre postergada reforma agraria. Nada que justificara la negativa del gobierno a una negociación.

6. Campaña nacional de Mosquera para crear el MOIR

Gonzalo España le reconoce a Mosquera cierta capacidad para adelantarse a los hechos, intuye la entrega del paro por parte de las centrales obreras, planteando la posición de desconocer a la dirección entreguista del paro y la necesidad de continuar la lucha para trascender el sindicalismo independiente hasta formar una central sindical nacional y revolucionaria. España recuerda que Mosquera se va de Medellín, donde tenía su residencia, por lo menos seis meses, visitando distintas ciudades del país haciendo proselitismo a favor de la nueva central, poniendo al servicio de ese propósito la personería del sindicato de EPM y la del BSI de Antioquia. Mosquera aprovecha la crisis generada en las centrales obreras entreguistas y la desafiliación de grandes sindicatos como la Unión Sindical Obrera (USO), asesorado en esa época por el abogado y dirigente nacional de la izquierda, Diego Montaña Cuellar, la Federación Nacional de Trabajadores de Carreteras (FENALTRACAR), dirigida por Rafael Torres y Efraín Marín, quien había sido un destacado dirigente sindical del Partido Comunista, a todos ellos los convence de participar en la fundación del MOIR(17) .

Con una política clara de unidad obrera, Mosquera recorre el país desde comienzos del año 1969 concertando entrevistas y participando en la organización de eventos obreros en: Ibagué, Villavicencio, Cali, Barbosa (Santander), va acercando organizaciones sindicales nacionales a las ya organizadas en el BSI de Antioquia, entre los que se cuentan la USO, Fenaltracar, BSI de Santander, Fedepetrol, entre otros. Todas estas organizaciones sindicales representaban un ramillete de posturas políticas e ideológicas diversas, pero se unifican en el deseo de conformar una nueva confederación sindical independiente, diferente a la CTC, UTC y CSTC, con mayor conceptualización política. Del encuentro de estas organizaciones nace como propuesta el nombre de MOIR y la aprobación de un programa mínimo. En el acuerdo inicial participaron: liberales, trotskistas, dirigentes del ELN, artistas y personalidades democráticas, además de la disidencia del MOEC dirigida por Mosquera.

7. Congreso nacional de fundación del MOIR en septiembre de 1969

Los días 12, 13 y 14 de septiembre de 1969, en el auditorio de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín, se realizó el Encuentro Nacional del Sindicalismo Independiente, concluyendo con la fundación del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR). Las fuerzas políticas que participaron en su fundación fueron las ya mencionadas, siendo el MOEC minoritario en la composición política del nuevo movimiento, y a pesar de esta condición jugó un papel clave en la orientación de la organización.

La mesa directiva del congreso estuvo conformada: Luis Carlos Ramírez presidente de Sintraemcali y directivo del Frente Sindical Autónomo del Valle, Efraín Marín de Fenaltracar, el abogado y asesor jurídico de la USO Diego Montaña Cuéllar, Virgilio Piedrahita y Fabio Cadavid del sindicato de Coltejer, presididos por Rafael Torres cabeza nacional de Fenaltracar(18) .

En los tres días de actividad política y gremial desfilaron por el evento jóvenes intelectuales algunos todavía estudiantes universitarios que se vincularon como ponentes en diversos temas de interés para los trabajadores, como lo recuerda el abogado Gustavo García Moreno(19) , por la época estudiante de derecho en la Universidad Pontificia Bolivariana, a quien le tocó exponer un tema en el congreso constitutivo del MOIR. Otro asistente al evento fundacional, el militante del naciente Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) Jairo Trujillo(20) rememora la presencia en el evento del intelectual de izquierda y profesor universitario Jorge Villegas presentando su libro clásico Petróleo colombiano, ganancia gringa. También recuerda Trujillo el largo discurso final del encuentro leído por Francisco Mosquera y terminado a media noche.

En su declaración política el MOIR se definió como un movimiento integrado por organizaciones gremiales que tenían su razón de ser en la lucha reivindicativa y política del proletariado colombiano(21) . Las confederaciones sindicales existentes en el país en la década del sesenta y setenta eran UTC, CTC y CSTC, que se quedaron en la lucha reivindicativa de sus asociados, evitando la participación activa en las demandas generales del pueblo colombiano del que también hacían parte los trabajadores afiliados a sus sindicatos. El discurso político contra el Estado y contra la injerencia imperialista en Colombia prácticamente no existía o era tímido, como en el caso de la central influida por el Partido Comunista de Colombia, la CSTC. El MOIR intencionalmente renuncia a llamarse federación o confederación, era un simple movimiento que aglutinaba federaciones, sindicatos nacionales, sindicatos de base y frentes obreros regionales, en una palabra obreros y estos últimos se caracterizaban por seguir una dirección sindical que pensaba en consecuencia con los cambios políticos nacionales e internacionales, movidos por la oposición al Frente Nacional y por el impacto positivo provocado por la revolución cubana de 1959 en nuestro medio. La nueva fuerza obrera prometía dirigir la lucha del proletariado colombiano por sus reivindicaciones democráticas sin las entregas, como la acaecida en el mes de enero de 1969, con el frustrado Paro Nacional Obrero.

8. Encuentro Nacional Obrero de 1970.

En la ciudad de Bogotá se reunieron las organizaciones sindicales pertenecientes al MOIR, con invitación amplia a trabajadores socios de sindicatos de empresas públicas y privadas de todo el país, sin importar si sus sindicatos pertenecían a las cuestionadas centrales obreras. El evento se realizó los días 17 y 18 de enero de 1970. Asistieron 102 organizaciones sindicales(22) . Se acordó frenar el retroceso en la pérdida de conquistas logradas por la clase obrera colombiana en décadas de lucha, por medio de un Paro Nacional Patriótico; se decidió desenmascarar a los presidentes de las centrales obreras entreguistas, negociadores del frustrado paro de enero del año 1969, a saber, Tulio Cuevas, José Raquel Mercado y además Antonio Díaz, quien sería ese mismo año ministro de Comunicaciones de Lleras Restrepo y ejercía como presidente de la UTRAN Antioquia; se promovió la abstención en las elecciones presidenciales, sin embargo, se acepta la intención de varios dirigentes sindicales de votar por la oposición al Frente Nacional(23).

El encuentro obrero se manifestó en defensa de la contratación colectiva, la estabilidad laboral, el derecho a huelga y negociación, en oposición a la división entre empleados públicos y privados, al sistema de contratistas, a la reforma administrativa, al Fondo Nacional del Ahorro y su pretensión de administrar las cesantías de los trabajadores colombianos, por mejoras en la seguridad social, la educación pública y además denunciaron el paralelismo sindical que afectó y debilitó a sindicatos y federaciones obreras tan importantes como Fenaltracar (24), por orden del gobierno nacional y la política de terror, despidos y militarización de las empresas, como fue el caso de Fabricato cuyos trabajadores decidieron pertenecer al sindicalismo independiente.

Además el encuentro obrero se comprometió a liderar la lucha popular y urbana contra los nuevos impuestos, las alzas en los servicios públicos y transporte, el encarecimiento de víveres de primera necesidad, en solidaridad con el movimiento campesino que luchaba por una auténtica reforma agraria, también, en apoyo a los estudiantes que enfrentaban al imperialismo norteamericano y su pretensión de imponer una cultura y una educación útil a sus intereses y contraria al interés nacional(25) .

Todas las reivindicaciones anteriores formaban parte del pliego de peticiones que pretendía enarbolar en el Paro Nacional Patriótico. La consigna principal del encuentro fue “Unidad de los oprimidos contra los opresores” y el comunicado principal fue firmado por los 102 sindicatos asistentes al encuentro.

9. El paro Nacional Patriótico y desintegración del MOIR como central obrera.

La propuesta de convocar un verdadero Paro Nacional dirigido por unos negociadores de confianza para los trabajadores fue ganando espacio en el mencionado encuentro obrero, al tiempo que una decisión trascendental tenía que ser tomada respecto de la fecha del el paro, antes o después del 19 de abril de 1970, día en el que se realizarían las elecciones presidenciales; estaba en juego, para la oligarquía criolla, la continuidad del acuerdo bipartidista que dio origen al Frente Nacional o se frustraba el excluyente pacto. Los trabajadores después de discutir las dos opciones decidieron que era conveniente realizarlo después de la contienda electoral, en ese punto se logró un acuerdo. Días después, Francisco Mosquera intuyó que se cocinaba un fraude electoral y diseñó una ruta a seguir ante la nueva situación, dijo: “No hay duda que el gobierno tiene, por la quiebra rotunda de su política, dificultades serias para imponer a Pastrana, y no se requiere ser adivino para predecir que recurrirá al fraude, a la represión y otros medios para defender su cabeza. La nación entera rechazará el chantaje, la maniobra y la violencia oficial, y el proletariado colombiano, gravemente amenazado se debe preparar para enfrentar con éxito las pruebas más duras de su historia”(26) . Mosquera, procedente del MOEC, abstencionista por principios, propone el diálogo con la Alianza Nacional Popular (ANAPO) para alertarla de los hechos que se aproximaban y la necesidad de discutir anticipadamente la reacción de los copartidarios del General Rojas Pinilla ante el evidente fraude en su contra.

La débil unidad del MOIR empieza a resquebrajarse tempranamente debido a la interpretación de la coyuntura política pre-electoral de 1970, las fuerzas radicalmente abstencionistas no apoyaron los acercamientos con la ANAPO, la fuerza encabezada por Mosquera y algunos intelectuales de la talla de Diego Montaña Cuéllar apoyaron un análisis menos ortodoxo de la coyuntura política. El diálogo con la ANAPO y la orientación del Paro para el día 24 de abril, cinco días después de confirmado el fraude electoral orquestado por Carlos Lleras Restrepo (1966-1970). El MOIR como movimiento de unidad del sindicalismo independiente colombiano se fractura, los sindicatos cercanos al MOEC sobre todo en la región antioqueña se apuntan al paro con la pretensión de arrastrar la inconformidad generada en los sectores obreros y populares del país, seguidores del candidato de la ANAPO, Gustavo Rojas Pinilla. La realidad demostró que la coyuntura electoral no fue entendida por los adherentes al candidato asaltado, quienes no salieron a la calle a defender el triunfo, o los altos mandos de la campaña anapista, procedentes de los partidos liberal y conservador cuadraron cargas con la oligarquía frentenacionalista y vendieron la confianza popular de la mayoría de los colombianos que decidieron romper el excluyente acuerdo que dio origen al Frente Nacional.

El abogado Diego Montaña Cuéllar(27) en editorial del periódico Frente de Liberación, que dirigía, dijo: “El haber estado con las masas populares, no en busca de votos, ni alimentando sus ilusiones electorales, sino previniéndolas sobre el inevitable escamoteo de su voluntad expresada en las urnas, y el haber dado al Paro Nacional Patriótico que se preparaba en defensa de las organizaciones sindicales, el objetivo adicional de protesta contra el fraude y la represión militar, confiere al Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario MOIR un título más para participar en la lucha política del proletariado” . Después del débil paro, Francisco Mosquera fija su residencia en Bogotá para, desde allí, organizar las golpeadas organizaciones sindicales sobrevivientes del paro y darle forma a un nuevo partido político que orientara las luchas de obreros, campesinos y estudiantes, utilizando para tal fin el cascarón abandonado por la mayoría de fuerzas que fundaron el MOIR y las fuerzas de izquierda empezaron a identificar a éste como la organización política de Mosquera. Esta mutación producto de la misma lucha política no fue aclarada en su momento , y terminó siendo el nombre inicial de un nuevo partido político de izquierda en Colombia.

BIBLIOGRAFIA
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Archila, Mauricio. “El maoísmo en Colombia: La enfermedad juvenil del marxismo-leninismo”, en revista Controversia, N°190, Bogotá, junio 2008.

Díaz, José Abelardo. “Del liberalismo al maoísmo: encuentros y desencuentros políticos en Francisco Mosquera Sánchez 1958-1969” en revista Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Vol. 38, N° 1/2011.

Herrera Torres, Juvenal. La Situación actual del Movimiento Obrero Colombiano. Medellín. Editorial la Gaitana, 1976.

Morales, Esteban. “El MOIR y la política de los pies descalzos como materialización de la ideología maoísta en Colombia, 1969-1990”. Monografía de Grado para optar el título de historiador, U de A., Medellín, 2014.

Osorio, Iván Darío. Historia del sindicalismo antioqueño, 1900-1986. Instituto Popular de Capacitación, Medellín, 1987.

Urrego, Miguel Ángel. Historia del maoísmo en Colombia. Del MOEC al MOIR-PTC(M). Bogotá, Red para el estudio de las izquierdas en América Latina (REIAL) Capitulo Colombia, 2016.

Torres. M. Democracia burguesa o Democracia revolucionaria. Medellín, Ed. 8 de junio.

PRENSA E INÉDITOS

Salgado, Jorge. Historia del Movimiento Obrero en Colombia. Documento inédito.
Marín Efraim, Tribuna Roja, N° 82, 8 de marzo de 2001.
Frente de liberación, N° 4, abril 3 de 1970.

ENTREVISTAS
Entrevista personal con Carlos Macías, militante del MOEC. Medellín, 1 de mayo de 2019.
Entrevista telefónica con Gonzalo España. 14 de enero de 2019.
Entrevista personal con Gustavo García Moreno. Envigado, 19 de enero de 2019.
Entrevista personal con Jairo Trujillo. Itagüí, 10 de enero de 2019.

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1) Díaz, José Abelardo. “Del liberalismo al maoísmo: encuentros y desencuentros políticos en Francisco Mosquera Sánchez 1958-1969”, en revista Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Vol. 38, N° 1/2011, p. 173.

2) Archila, Mauricio. “El maoísmo en Colombia: La enfermedad juvenil del marxismo-leninismo” en revista Controversia N°190, Bogotá, junio 2008, p. 147-195.

3) Morales, Esteban. El MOIR y su política de los pies descalzos como materialización de la ideología maoísta en Colombia, 1969-1990. Tesis de Grado para optar el título de historiador, Universidad de Antioquia, Medellín, 2014, p. 46.

4) Urrego, Miguel Ángel. Historia del maoísmo en Colombia. Del MOEC al MOIR-PTC(M). Bogotá, Red para el estudio de las izquierdas en América Latina (REIAL) Capítulo Colombia, 2016. p. 53.

5) Londoño Botero, Rocío. “Crisis y recomposición del sindicalismo colombiano”, citado por Arango Jaramillo y otros en Vivencia del modelo cooperativo en Colombia. Medellín, Coofinep, 2014, p. 127.
Ibídem, p. 127.

6) Ibídem, p. 127.

7) Arango Jaramillo, Mario y otros. Vivencia del Modelo Cooperativo en Colombia. Medellín, Coofinep, 2014, p. 127.

8) Reconocido por el Ministerio del Trabajo mediante resolución #152 de 1956, en el año 1959 inició la circulación de su emblemático boletín, El eco sindical. También llegó a tener por poco tiempo el programa radial “Radio revista sindical”.
Echeverri Cano, María Inés. “Origen y evolución institucional de la Cooperativa de Empresas Públicas de Medellín”, citado por Arango Jaramillo y otros en Vivencia del Modelo Cooperativo en Colombia. Medellín,

9) Coofinep, 2014, p. 130.

10) Ibid, p 132.

11) Los dos últimos se ligan al sindicato de EPM de Medellín en calidad de funcionarios sindicales. Mosquera,

12) Entrevista personal con Carlos Macías, militante del MOEC. Medellín, 1 de mayo de 2019.

13) Entrevista telefónica a Gonzalo España. 14 de enero de 2019.

14) Herrera Torres, Juvenal. La Situación actual del Movimiento Obrero Colombiano. Medellín. Editorial la Gaitana, 1976, p. 62.

15) Arango Jaramillo, Mario. Obra citada, p. 139.

16) Salgado, Jorge. Historia del Movimiento Obrero en Colombia, Documento inédito.

17) “Dice Efraim Marín: «Lo clave, la lucha decidida contra el imperialismo»”. Tribuna Roja, N° 82, pp. 8-9, 8 de marzo de 2001.

18) Ibid. Tribuna Roja.

19) Entrevista personal con el abogado Gustavo García Moreno. Envigado, 19 de enero de 2019.

20) Entrevista personal con Jairo Trujillo. Itagüí, 10 de enero de 2019.

21) Torres. M. Democracia burguesa o Democracia revolucionaria. Medellín, Ed. 8 de junio, p. 78.

22) Frente de liberación, N° 4, abril 3 de 1970.

23) Ibid. N° 4.

24) Ibid. N° 4.

25) Ibid. N° 4.

26) Marín, Efraim, Tribuna Roja. Obra citada.

27) Montaña se retira del MOIR a mediados de 1970, continuando con sus búsquedas políticas que lo llevaron del liberalismo a diferentes matices de la izquierda colombiana.

28) Frente de Liberación. N° 5, mayo 1970.

29) Urrego, obra citada, p. 72.