Artículo 12. “Nadie será sometido a desaparición forzada, a torturas ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”(1)

Por: Andrea Guzmán

Parafraseando la Constitución Política Nacional de 1991, pareciese que esta fuese la frase de un Estado donde aprendió a mirarse con los ojos del perdón, que abatió la guerra y construyó líneas de democracia, soberanía y paz. Sin embargo, tristemente desde que tengo uso de razón la muerte ha sido ese baluarte de dolor nacional, el olvido se ha convertido en atenuante de repetición, y el silencio, como el combustible de una permisividad voraz.

El conflicto de diferentes poderes económicos ha fraguado la reciente historia de una constitución que alcanzó a nacer justo con un modelo de interacción comercial de Colombia con el mundo, y se instauraba como uno de los proyectos con mayor posibilidad de acercamiento e integración transfronteriza. Sin embargo, muchas de las secuelas que actualmente acontecen fueron desencadenadas en ese período circunstancial; de ser así, cambios en las perspectivas políticas y económicas abonaron terreno para las innumerables crisis en el sector salud, educación, agrícola, industrial y, por ende, laboral que hoy tenemos.

Cuando salí del colegio, vi una camioneta que pasaba y en la parte de atrás cargaba consigo unos 6 militares con sus pesadas armas. Tantas veces lo había visto por la tele, que hasta natural me pareció la escena. Sin embargo, no dejé de sentir miedo; unos minutos más tarde, me encontré con mi abuela, quien me esperaba para llevarme con ella hasta la casa materna. Caminamos y le pregunté si sabía qué pasaba, a lo que respondió con claridad –ay mijita, yo solo pienso en la familia de ese muchacho. Que hombres tan malos los que le hicieron eso-

Giramos hacia la izquierda y justo en la casa de mi abuela, mi mamá había enarbolado la bandera nacional con una cinta negra. Lo que incrementó más mi asombro y corrí a abrazarla para que me explicará lo que realmente nadie me había dicho, -mataron a Jaime Garzón-. A partir de entonces, sentir la impotencia de un conflicto, la fuerza de una metralla y la fragilidad de la vida misma, se iban catapultando como esas sinrazones de una guerra, y de muchas muertes que hemos llorado como nación.

La reforma agraria, es quizá uno de los puntos más neurálgicos en nuestra historia como nación. Es precisamente la apropiación de la tierra como herencia colonial y feudalita la que aún cargamos como país; en otras palabras, la concentración de tierras en pocas manos nos desliga lo que nos es tan desafortunadamente propio, la desigualdad.

    “Colombia se dedicó en los últimos cuarenta años a implementar un modelo de desarrollo rural sin acceso a la propiedad rural, y con pocas fortalezas para garantizar los derechos de propiedad. Se realizó así un desarrollo rural instrumental con enfoque productivista, sin una estrategia de transformación de las estructuras políticas y sociales en el campo, y menos con una propuesta de articulación ordenada, equitativa y sostenible entre el campo y la ciudad”(2)

En tal sentido, la ausencia de una reforma agraria nos ha significado desacuerdos, conflictos y una profunda distancia entre el desarrollo de la urbe capitalista y el mundo rural. Lo que también se ha reflejado en la presencia institucional de manera inequitativa en ambos escenarios, tanto que podríamos hablar de realidades completamente diferentes, compartiendo el mismo territorio llamado Colombia.

Pasadas las 4:00 pm, en casa de la abuela, observábamos los noticieros que repetían infinidad de veces la misma imagen de la camioneta blanca, cubierta por una sábana, los periodistas buscando tomar el mejor ángulo para el reportaje, los policías con cascos de bordado negro y uniforme azul oscuro, intentado alejar a los curiosos, y las decenas de personas que se concentraban en distintos lugares de Bogotá para clamar eso que la sinrazón era capaz de explicar. Donde el silencio era ahogado por el asombro en un profundo interrogante, a tan vil crueldad.

Yo rogaba al cielo que fuese una equivocación y esperaba que los noticieros retractarán su información, diciendo que él se estaba recuperando en algún hospital de la ciudad. Al cabo de unos minutos, vi a mi mamá y a mi abuela alistarse para salir hacia la plaza de Bolívar y darle el último adiós -al personaje de Quack, el programa que tenía una duración de 30 minutos en el canal 7-. Ellas salieron, y me quedé ahí frente a la pantalla esperando la noche y la imagen de ellas junto al que entonces, dejaba de existir.

Desigualdad económica y descontento social del que, por cierto, Jaime Garzón se refirió en diversas oportunidades mientras tuvo los micrófonos como periodista, locutor, humorista y conferencista. Es evidente, que muchos de sus relatos aún perduran en la idiosincrasia de un país que desafortunadamente se acostumbró al olvido como medio de reparación, y a la resignación como estrategia de cambio.

Qué nos espera, nadie lo sabe. Mientras tengamos la cobardía y la irresponsabilidad de seguir eligiendo en cargos públicos a esos mismos, que han liderado la democracia del miedo, del garrote y la bala, pues tristemente seguiremos llorándonos en la perplejidad del dolor y la sinrazón de los sucesos, la muerte. Por todo lo demás, vale siempre recordar:

Pedazo 10-2 “Nadie podrá llevar encima de su corazón a nadie, aunque piense y diga diferente”

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1) Constitución Política de Colombia de 1991., Disponible en: http://www.corteconstitucional.gov.co/inicio/Constitucion%20politica%20… consultado 15/08/2017
Artículo de la Constitución, que fue parte de un proceso de socialización entre la comunidad indígena Wayuu y el Gobierno Nacional acerca de la carta legislativa nacional. Entre tanto, el proceso de interpretación legislativa contó con la traducción de uno de los integrantes de la comunidad indígena, quien trasmitía el mensaje de cada una de las partes. En ese sentido y respecto al artículo en cuestión, la apropiación por parte de la comunidad fue discernida como pedazo 10-2. Experiencia compartida por Garzón J., 1997. “Conferencia mes del periodista”. Corporación Universitaria Autónoma de Occidente. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=RBjm0dTL7EE consultado: 10/08/2017.

2) Machado A., 1999. Reforma Agraria: Una ilusión que resultó un fracaso. Credencial Historia. Banco de la República, Actividad Cultural. Disponible en: http://www.banrepcultural.org/node/32856 consultado: 16/08/2017.

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